Sociedad

Pobreza y exclusión en España: ¿qué pueden hacer las empresas?

Los cambios acelerados por la transformación digital, sumados a la desigualdad y la exclusión en la que viven millones de personas en el mundo, amenazan un progreso social y medioambiental capaz de beneficiar a la población en su totalidad. La forma en que lo aborden las compañías podría resolver parte del problema.

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Antonio Martín Segovia
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15
Jun
2022
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Antonio Martín Segovia

Los desafíos sociales y medioambientales, sumados a la rápida evolución del mundo actual, deben de llamar a la reflexión para lograr un mundo más sostenible. Y es que uno de los grandes retos y responsabilidades a los que se enfrenta la sociedad del siglo XXI es precisamente ese: orientar el sistema económico hacia una sociedad más equitativa sin descuidar el planeta.

En España, las personas que se vieron afectadas por la crisis del 2008 también han sufrido las consecuencias económicas de la pandemia. Sin olvidar la reciente subida de los precios de la electricidad y la gasolina, entre otros factores. Así, en esta nueva realidad que vivimos, emerge la necesidad de tener una mirada más amplia de la pobreza.

Sin ir más lejos, ante de la crisis de 2008, la pobreza se asociaba a la falta de ingresos o de trabajo, pero después se evidenció que tener trabajo no garantizaba cubrir las necesidades económicas básicas. Con ello apareció la llamada pobreza laboral, personas que aun teniendo empleo no llegaban a fin de mes. Vemos así que el concepto de la pobreza es más complejo y multidimensional, pues una mirada actual incluye otros factores sociales y personales: pobreza laboral, pobreza infantil, pobreza energética… Al igual que el concepto vulnerabilidad o exclusión social, esta también tiene diferentes caras.

El concepto de la pobreza es multidimensional y su mirada actual incluye otros factores sociales y personales

Con el propósito de ofrecer soluciones, desde el Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo hemos desarrollado la Guía empresarial para el crecimiento inclusivo: Grupos de interés y valor compartido, una investigación que refleja, entre otros aspectos, cómo se están construyendo nuevos marcos regulatorios en este sentido. Casos como la Nueva agenda del consumidor, de la Unión Europea, ofrecen una descripción más actualizada de los consumidores indefensos o desprotegidos; se trata de personas mayores que, por falta de conocimientos digitales, no pueden acceder a productos y servicios que mejoren su calidad de vida. Al igual que las personas con diferentes discapacidades que tienen dificultad para acceder a la información.

Paralelamente al contexto de vulnerabilidad y desigualdad, en muchos países está emergiendo una forma distinta de hacer negocios y de entender la relación de las empresas con la sociedad. En palabras del profesor Colin Mayer: «El objetivo de una empresa no solo es ganar dinero, también debe contribuir al desarrollo de la sociedad. Los negocios deben dar soluciones a los problemas y necesidades de la gente».

Las personas mayores, por falta de conocimientos digitales, no pueden acceder a productos y servicios que mejoren su calidad de vida

Su estrecha vinculación con los criterios ASG nos hace ver que hay un factor que, a diferencia del resto, no ha recibido tanta atención: lo social. ¿Por qué? Desde mi punto de vista profesional, esto se debe a que las empresas canalizan su compromiso social a través de la filantropía y la acción social, y no tanto desde su propia actividad de negocio. En el campo de la innovación, las empresas hablan de aspectos clave como reducir la emisión de CO2, pero todavía no han puesto el foco en incrementar su impacto social positivo a través de productos, servicios y áreas de negocio. Quizá esto se deba a que resulta más complicado medir lo social por su naturaleza intangible.

Frente a ello, esta guía ofrece diferentes herramientas para que las empresas puedan generar valor compartido y trabajar por la inclusión de las personas desfavorecidas a través de su negocio. Promover la integración laboral de personas en riesgo de exclusión y facilitar formación a sus empleados; integrar en las políticas de compra criterios sociales y promover el desarrollo de pymes y de proveedores de menor tamaño o desarrollar productos y servicios para consumidores de menor renta son solo algunas estrategias con las que la empresa puede crear valor social en sus relaciones con sus grupos de interés.


Mónica Gil-Casares Mesoneros-Romanos es directora de proyectos e investigación en el Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo.

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