Cultura

«Destruir el arte de un país es un intento de erradicar su historia»

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28
Abr
2022
Francesca Thyssen-Bornemisza

Cuando estalla una guerra, el arte siempre corre serio peligro. Siglos de trabajo y obras únicas pueden acabar reducidas a polvo en milésimas de segundo. En el caso más reciente, el de la invasión rusa a Ucrania, no pasaron siquiera diez días cuando las tropas ya habían prendido fuego al Museo Histórico y Cultural de Ivankib, ubicado a unos 70 kilómetros al noroeste de Kiev, además de amenazar con bombardear edificios como la catedral de Santa Sofía, uno de los siete lugares del país declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Para Francesca Thyssen-Bornemisza (Suiza, 1958), esta decisión no fue más que otro cruel intento del Gobierno ruso para pulverizar la identidad colectiva de los ucranianos. Por ello lanzó la iniciativa ‘Museums for Ukraine’, una coalición de museos nacionales y agentes culturales que busca conseguir el mayor número posible de préstamos temporales de patrimonio ucraniano para salvaguardarlo en los museos más importantes de toda Europa. Lleva décadas entendiendo así el arte desde su fundación TBA21, como una herramienta de identidad capaz de generar conciencia y construir espacios que hagan de lo invisible algo visible para enseñarle al mundo los futuros que podría conseguir.


Respecto al reciente conflicto en Ucrania, ¿cómo cree que el arte puede representar hoy, con un panorama artístico contemporáneo tan distinto, la crudeza y el dolor de la guerra?

Al igual que la mayoría del mundo, cuando me desperté el 24 de febrero con la noticia de la invasión inminente de Ucrania, recé para que no se hiciera realidad. Pero cuando lo hizo, me sentí impotente. En momentos así, a menudo es fácil rehuir o sentir que no hay forma de ayudar, así que estuve pensando durante algún tiempo en cómo yo y TBA21 podíamos proporcionar algún tipo de ayuda significativa que estuviera en consonancia con nuestros valores y experiencia. Cuando me enteré de que los civiles se estaban trasladando a los museos regionales para refugiarse y crear un escudo humano de las colecciones que contenían, me conmovió tanto que me inspiró a convocar una iniciativa colectiva para recaudar los fondos tan necesarios para contribuir a preservar y conmemorar el rico patrimonio cultural de Ucrania. Junto con Björn Geldhof, Maria Isserlis, Carolyn Cristov-Bakargiev y Peter Weibel, hemos fundado Museums for Ukraine, una coalición de museos nacionales y agentes culturales con el objetivo de conseguir el mayor número posible de préstamos temporales de patrimonio cultural ucraniano significativo para que salga de Ucrania, tanto para su salvaguarda como para su exposición en importantes museos de toda Europa, con el fin de poner en valor la singularidad de la cultura y la expresión artística ucranianas. La pérdida de cultura y la destrucción de obras de arte de un país o, lo que es más importante, de su pueblo, es un intento de eliminar y erradicar su historia. Estas piezas no son meros objetos, sino que conforman la identidad colectiva de una comunidad. También es una de las cosas de las que no se habla en los conflictos, ya que los efectos no parecen tan inmediatos, sin embargo, la protección y la exhibición de estas obras tiene un valor incalculable para aumentar la empatía y el entendimiento con un país y su gente. Queremos resaltar el valor del patrimonio artístico ucraniano y de la expresión contemporánea, dándolo a conocer a todos nuestros públicos, mediante la colaboración y la asociación entre nuestros países. Se convertirá en una parte esencial de un esfuerzo mayor para detener la agresión rusa en el continente europeo en su conjunto. Esto envía un claro mensaje de apoyo y de práctica crítica inclusiva. Incluso en las horas más oscuras, el arte y la cultura iluminan y nos recuerdan lo que es ser humano.

En alguna ocasión se ha referido a su padre, el barón Hans-Heinrich Thyssen Bornemisza, como alguien que fomentaba la «diplomacia cultural». Hoy, cuando se cuestionan las bases de la democracia liberal y determinados productos culturales, ¿cómo diría que se relaciona la cultura con el poder?

Mi padre fue un pionero de la diplomacia cultural y su gran sueño era conseguir la paz en el mundo utilizando el poder del arte y la cultura. Fui testigo de ello hace muchos años, a principios de los 80, cuando le acompañé a la entonces Unión Soviética en plena Guerra Fría para inaugurar una serie de exposiciones de su colección que intercambió, de forma inédita, con varias colecciones de museos soviéticos que se expusieron en su museo privado, Villa Favorita. Estos intercambios atrajeron a grandes multitudes a ambos lados del telón de acero, y fue sorprendente ver el poder que tenía la cultura para trascender los conflictos y fomentar espacios de apreciación mutua. A fin de cuentas, el arte y la cultura nos hacen humanos y las grandes obras son capaces de trascender el mayor de los desacuerdos. Si lo pensamos, es bastante revelador el hecho de que, siempre que los Gobiernos dan un giro totalitario, la cultura se sitúa en el centro de las intenciones de contrarrestarlo. El poder político reconoce la capacidad intrínseca de la cultura para facilitar la transformación y el cambio porque el arte es una noción de resistencia que opera a menudo desde los márgenes y dentro de imaginarios que desafían a las autoridades, a los aspectos prácticos y a veces a las realidades. Aunque no creo que la paz sea la ausencia de conflicto: la paz es un compromiso activo que contrarresta el conflicto y establece raíces firmes para la libertad de muchas cosas, como la libertad personal, la libertad de expresión y el respeto de los derechos humanos. La paz con los demás y la paz con la naturaleza es lo que más valoro.

«La alianza público-privada es fundamental para crear conexiones y nuevas formas de conocimiento»

El poeta latino Horacio defendía que una pintura se parecía a un poema. ¿Así concibe usted el arte?

El arte tiene que ver con el presente y los futuros posibles. Una colección de arte nunca es, simplemente, una acumulación de objetos, sino un espacio activo en el que surgen conversaciones y posibilidades. Crear estas posibilidades performativas y discursivas no es una elección, sino una necesidad. Los artistas tienen una capacidad única para moverse libremente entre disciplinas y áreas de investigación, y para combinarlas en sus obras. Si lo hacen bien, pueden ofrecer una experiencia que inspire la acción. A fin de cuentas, los artistas actúan como antenas que tantean lo que hay por delante, reuniéndolo en obras que pueden amplificar mensajes e historias que de otro modo podrían haberse quedado sin contar. Yo tuve mucha suerte de estar rodeada de arte mientras crecía: mi padre invirtió mucho tiempo en enseñarme cuando era adolescente; más tarde comprendí mi propio camino dentro del coleccionismo y cómo quería continuar la tradición familiar. Ha sido todo un proceso pasar a una situación en la que tengo el gran honor y el placer de trabajar con los artistas y apoyarlos directamente. Quiero participar estrechamente con ellos para hacer realidad sus visiones, algo que no solo ha dado lugar a proyectos y experiencias increíbles en los últimos 20 años, sino también a algunas de mis amistades más preciadas. Ha sido un privilegio continuar con esta forma de trabajar en España en los últimos años gracias a la relación que mantenemos con el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid. A través de presentaciones de obras de artistas como Claudia Comte y Joan Jonas hemos ofrecido nuevas perspectivas y conocimiento sobre el Océano, generando conciencia y atrayendo atención. Ambos proyectos se produjeron a partir de las residencias de ambas artistas con TBA21–Academy. Realmente sentimos que España se está convirtiendo en un lugar central para presentar gran parte de nuestras actividades.

En la actualidad, otra de sus grandes preocupaciones principales reside en la necesidad de concienciar el medio ambiente, particularmente los océanos. ¿Qué papel juega el arte como agente concienciador?

Creo verdaderamente en el poder del arte para transmitir ideas y hacer que nos comprometamos con visiones transformadoras, lo que a su vez puede inspirar a las personas a provocar un cambio (individual o colectivamente). Una cosa que siempre recuerdo es lo que dijo Sylvia Earle cuando TBA21–Academy inauguró Ocean Space en Venecia en 2019: «No puedes preocuparte por algo si no lo conoces. La ignorancia ha causado demasiada destrucción en la tierra y en el mar». Esto dice mucho de lo que TBA21–Academy ha estado haciendo en los últimos 10 años: utilizando enfoques interdisciplinares han sido capaces de actuar para ayudar a la protección de los océanos. Para ello, ha sido fundamental trabajar con diversas organizaciones más allá del alcance de las instituciones artísticas para crear conexiones y nuevas formas de conocimiento. En España, hemos hecho un esfuerzo coordinado para colaborar con diversas organizaciones, maximizando el impacto y el alcance de nuestros proyectos. En este sentido, ha sido realmente productivo trabajar con una variedad que va desde organizaciones del tercer sector, instituciones académicas y de investigación, instituciones culturales y entidades institucionales, como el Ministerio para la Transición Ecológica o la Junta de Andalucía. De cada uno de ellos aprendemos mucho, y a través de ellos somos capaces de forjar grandes relaciones y dar a conocer nuestro trabajo a nuevos públicos (y viceversa). Y es que el arte también es crucial para construir espacios en los que las nuevas formas de pensar sean bienvenidas. El traslado de la sede de la Fundación al país es una muestra del compromiso de TBA21 con la sociedad española y de nuestro interés por formar parte del ecosistema del arte contemporáneo español y, ojalá, de contribuir a él de manera significativa.

«La concienciación es crucial, pero proporcionar a los profesionales las herramientas y el apoyo para crear propuestas significativas es un elemento que a menudo se pasa por alto»

Uno de los grandes mantras de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es la colaboración entre agentes públicos y privados, que se presenta como ingrediente base para el avance hacia sociedades más justas y sostenibles. ¿Cómo diría que repercutirá la colaboración con el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A) junto a la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Córdoba, en la consecución de los objetivos medioambientales?

La colaboración y las asociaciones también han estado en el centro de nuestras actividades, ya sea con artistas, instituciones, Gobiernos o comunidades. Creo firmemente que este es el futuro ya que, juntas, estas dos fuerzas no hacen sino complementarse de forma brillante. La oportunidad de asociarnos con la ciudad de Córdoba y la Junta de Andalucía es un gran privilegio, y la inauguración de Abundant Futures en abril marcó el inicio de una colaboración que se extenderá a lo largo de los próximos tres años con el objetivo de crear proyectos culturales en la ciudad y situarla en el mapa internacional del arte contemporáneo. Pretendemos establecer un diálogo en el que participen los artistas y las comunidades locales, además de atraer a nuevos públicos para que puedan disfrutar de nuestras propuestas, que incluirán actuaciones, investigaciones artísticas y simposios con agentes culturales locales, nacionales e internacionales. Queremos construir una relación duradera que tenga los ingredientes que necesita una buena asociación, como la confianza y la valentía. Es una oportunidad fantástica no sólo para mostrar la colección, sino también para comunicar y profundizar en la metodología y el pensamiento que hemos desarrollado en los últimos 20 años.

De hecho, la Fundación se estrenó en el museo C3A con Abundant Futures, esa exposición que mencionas y que invita a explorar relaciones de vida regenerativas para garantizar una convivencia más positiva (con nuestras sociedades y con el planeta). ¿Con qué posibilidades seguimos contando para avanzar hacia un mundo más sostenible en todos los sentidos (en el medioambiental, pero también el social)?

Las posibilidades son infinitas y siempre están ahí; el reto viene cuando se intentan llevar a la práctica y convencer a la gente y a los Gobiernos de su viabilidad. La sostenibilidad debe aplicarse tanto en ámbito medioambiental como en el social de manera conjunta. Deben funcionar a la vez, sin separarse. Esta es una de las razones fundamentales por las que la exposición de Córdoba y los programas públicos relacionados y la investigación en torno a ella son tan importantes. Tenemos la oportunidad de demostrar la validez y el potencial de estas formas de pensar. Hace tiempo que se sabe que ciertos recursos son finitos, pero la retórica se presenta normalmente de forma derrotista y negativa. Abundant Futures y nuestras actividades en Córdoba ofrecen una visión positiva y esperanzadora del futuro, basada en la colaboración y la regeneración. Trabajando juntos, no solo con el Gobierno local, sino también con la comunidad, esperamos sembrar semillas que florezcan y den frutos para muchas generaciones futuras. Pero lo cierto es que TBA21 tiene una larga trayectoria abordando cuestiones sociales y medioambientales por lo que, al presentar una selección de estas obras, esperamos sensibilizar sobre algunos de estos temas clave. En un plano más práctico, llevamos muchos años comprometidos con la reducción de nuestro impacto medioambiental y el seguimiento de la huella de carbono de nuestras actividades para reducirla siempre que podamos. Esto es algo que también esperamos transmitir a las instituciones con las que trabajamos.

«Las posibilidades para ser sostenibles son infinitas, pero el reto viene cuando se intentan llevar a la práctica»

Muchos de los proyectos han hecho arte con la contaminación, como es el caso de la artista Mandy Baker, que ha creado obras a partir de basura procedente del estómago de las aves, o la iniciativa Llévame de vuelta, a través de la cual decenas de artistas recogen basura del Everest para hacer arte, invitando a los visitantes que acudan con un kilo de basura recuperada de la montaña. Son proyectos que nos ponen frente a todo lo que hacemos mal, pero ¿es este enfoque –más punitivo– el que puede provocar una mayor concienciación o, en cambio, el efecto contrario?

La concienciación es crucial, pero proporcionar a los profesionales y artistas herramientas y apoyo para crear propuestas significativas y atractivas es un elemento que a menudo se pasa por alto. Entiendo esa preocupación ante la posibilidad de que nos  saturemos o nos afecte menos el mensaje si se repite constantemente, pero es precisamente por esta razón por la que nos centramos en apoyar obras y prácticas que se basan en la investigación artística. Es extraordinaria la profundidad con la que los artistas se ocupan de cuestiones que a menudo escapan a nuestra atención y las ponen en relación de una manera que nunca se nos habría ocurrido. Su trabajo aporta nuevas soluciones a los problemas de nuestro tiempo. Solo empezaremos a encontrar alternativas reales a través de la perspectiva de la práctica artística, porque los artistas no tienen miedo al enfoque transdisciplinario. Pueden hacer visible lo invisible. Nosotros incluimos regularmente obras impactantes en eventos mundiales en torno al océano o al cambio climático para inspirar a los responsables de la toma de decisiones con un enfoque más creativo. Para la COP25 en Madrid presentamos Western Flag de John Gerrard, que se convirtió en un punto de referencia para las conversaciones en torno a la cumbre. Más recientemente, presentamos un proyecto de investigación y una obra de arte de Territorial Agency en la cumbre One Ocean, organizada por el presidente francés Macron en Brest, proporcionando una representación visual de los temas que se estaban abordando y debatiendo en la cumbre. La ubicamos en el centro de la zona clave donde se reunía mucha gente, y fue muy bien recibida: muchos participantes ajenos al mundo del arte comenzaron a darse cuenta de su poder transformador. Solemos intentar convencer a los ya convencidos, el arte al mundo del arte, los científicos a las convenciones de científicos y los responsables políticos en los foros políticos. Lo que estamos viendo hoy es que estos tres mundos se están acercando cada vez más y formando alianzas muy valiosas como resultado.

¿Qué conquistas sociales ha conseguido el arte que, de otra forma, nunca se hubiesen alcanzado?

Son innumerables. El arte y los artistas han impulsado diferentes formas de pensar y considerar el mundo a lo largo de la historia. En los últimos años, han desempeñado un papel fundamental a la hora de abordar la crisis del sida, participando en debates artísticos sobre el género y la identidad y poniendo de manifiesto las injusticias políticas y las historias coloniales en todo el mundo, por nombrar sólo algunos ejemplos. El que recuerdo más visiblemente y que creo que realmente ayudó a concienciar sobre la emergencia que supone el deshielo de los casquetes polares fue el de Olafur Eliason, que trajo 10 enormes bloques de hielo de Groenlandia y los colocó en círculo en la Place du Pantheon durante la COP21. En tres días se habían derretido ante los ojos de todos. No hizo falta ningún texto. La experiencia por sí sola dejó una profunda huella en la conciencia de todos.

Su labor ha roto los moldes del mecenazgo en nuestro país: no se ha centrado tanto en subastas y galerías como en el trabajo más cercano a los artistas, un enfoque distinto en un sector que siempre se ha concebido para las élites, en lugar de incluir a toda la sociedad. Desde este escenario, ¿cómo cree que está transformando el arte? ¿Qué necesitaba cambiar?

No estoy de acuerdo en que el arte haya sido concebido solo para la élite. Al contrario, si miramos al Renacimiento, el arte podía ser encargado por mecenas ricos, pero ampliaba el horizonte de la gente, les daba una perspectiva diferente y los iluminaba. Algo falló en los últimos 30 años cuando los ricos empezaron a crear un montón de eventos en torno al arte y este se ganó la reputación de ser exclusivo. Afortunadamente, la covid puso fin a eso, y todos nos estamos replanteando cómo tener una práctica más sostenible y ofrecer una programación real para la gente, en lugar de un exceso de cócteles para unos pocos afortunados. Las prioridades están cambiando. Sin embargo, no me atrevería a decir que estoy transformando el arte: eso lo están haciendo los artistas.

«Hay algo que sí me preocupa de las NFT: tienen el potencial de convertir el arte en una fuente de capital, y nada más allá»

Esta cuestión enlaza directamente con la digitalización de obras de arte. ¿La ve como una forma de democratización o, de lo contrario, solo consigue trivializarlo? ¿Qué es lo que uno puede perderse observando una obra de arte únicamente a través de una pantalla?

La intención es primordial a la hora de considerar el impacto o la eficacia de las obras cuando se aplican a un medio. Por supuesto que existe el riesgo de que la digitalización lo trivialice, pero es importante tener en cuenta el gran potencial que existe: poner las obras a disposición de un público más amplio y conectar a la gente es una fuerza poderosa y muy positiva. Me gusta la idea de llevar el arte a la gente, y no al revés. Nosotros, cuando llegó la pandemia, tuvimos que posponer repentinamente varios proyectos con artistas. En reacción a esto, lanzamos TBA21 on st_age, una plataforma digital que muestra el trabajo de los artistas y que nos permite seguir apoyándolos y que no solo ofrece a la gente la posibilidad de ver las obras, sino que contextualiza cada una de ellas a través de materiales como podcasts, conversaciones y documentos de investigación. Además, y de igual o mayor importancia, es la inclusión de llamadas a la acción en las que la gente puede apoyar diversas causas relacionadas con las obras. También hemos optado por estructurar la plataforma en torno a los ODS ya que, al tratarse de causas globales que están concebidas como un plan para lograr un futuro mejor y más sostenible para todos, nos pareció la forma ideal de aprovechar su alcance global. Esto tiene una relevancia significativa cuando se aplica a una plataforma que pretende ver más allá de las fronteras y celebrar las formas en que podemos construir un mundo mejor, y es una de las grandes ventajas de digitalizar las obras y pensar en la mejor manera de utilizarlas. Hemos construido un centro para conectar a la gente con causas y obras de arte a escala mundial.

El filósofo Walter Benjamin hablaba en sus textos del «aura de originalidad» inherente a cada obra de arte para ser considerada como tal. En este sentido, ¿qué opina del arte de origen digital, como los NFT? Es importante tener en cuenta que además, según las primeras estimaciones, su huella de carbono equivale a la huella mensual de un europeo.

Es importante tener en cuenta cómo se ha concebido una obra y para qué formato. La misma pregunta podría haber surgido con la fotografía a principios del siglo XX, pero como medio en manos de los artistas se convirtió en una poderosa forma de expresión. Una obra tiene un ‘aura de original’ en su creación; si fue concebida y producida con la intención de ser vista digitalmente, este aura permanecerá intacta. Hay una desconexión en este sentido, dado que seguimos considerando las obras como objetos,y a través de nuestra práctica como organización nos hemos alejado de esto, centrándonos en la práctica más que en los objetos. Pero hay algo que sí me preocupa de las NFT: tienen el potencial de convertirse en un modelo de mercantilización del arte. Por supuesto, hay un valor inherente en proporcionar a los artistas las herramientas para ser autosuficientes y controlar la venta de sus obras, pero mi temor es que actualmente se esté utilizando simplemente como una forma de generar capital. En relación con la huella de carbono, además, es importante tener en cuenta también la huella de carbono que supone el envío de obras y exposiciones a gran escala por todo el mundo. Así que sí, por supuesto que es importante prestar atención a la huella de carbono de las NFT pero, como con todas las cosas, depende de su explotación. Si se convierte en una mercancía y se explota como una herramienta para acumular capital e inversión, entonces, se volverá insostenible.

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