Ucrania

«Las sanciones económicas a Rusia son, a la vez, un castigo y una guerra»

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Yvonne Redín
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09
Mar
2022
Rusia

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Yvonne Redín

«Rusia siempre se ha considerado un imperio humillado», defiende a través de la pantalla del ordenador Mira Milosevich-Juaristi (Belgrado, 1966), una de las principales investigadoras del Real Instituto Elcano y autora de libros como ‘Breve historia de la Revolución rusa’ (Galaxia Gutenberg). Hablamos con ella para analizar el conflicto en el este de Europa y explicar tanto las causas como los posibles escenarios futuros. Ninguno de ellos promete restablecer el orden global previo a la guerra que Putin ha iniciado contra Ucrania.


A pesar de los constantes avisos de la inteligencia norteamericana, hasta el comienzo de la invasión aún había un palpable escepticismo sobre la posibilidad de una nueva guerra en suelo europeo. ¿Ha fallado el orden liberal posterior a la Guerra Fría?

El orden posterior a la Guerra Fría ya empezó a tambalearse en 2008, cuando Rusia intervino en Georgia y reconoció la independencia de Abjasia y Osetia del Sur. Fue entonces cuando Occidente introdujo unas sanciones que pararía después de seis meses. Ese año vimos que Europa no defendió un país europeo candidato a entrar en la alianza atlántica. Esta caída del orden liberal internacional se confirmó posteriormente con la anexión de Crimea en 2014 y la guerra en el Donbás. Aunque en realidad prefiero no utilizar el término «caída», porque no es un accidente, sino una agresión directa de Rusia al orden mundial, conformado por la Unión Europea, los Estados Unidos y la alianza atlántica. Los países que no formaban parte de alguna de estas dos últimas instituciones multilaterales no fueron tratados como actores del orden liberal internacional. Hoy hay una guerra en suelo europeo que está tambaleando la arquitectura europea de seguridad y defensa. Ningún país había anexionado el territorio de otro ni había hecho una invasión militar en toda regla desde 1938. Todo esto es la culminación de un proceso cuyo origen podríamos situar en 2007, cuando Vladímir Putin en la Conferencia de Seguridad de Munich habla públicamente sobre la OTAN y los Estados Unidos como la mayor amenaza a la seguridad nacional de Rusia. Es a partir de entonces cuando dice que no va a tolerar una mayor ampliación de la OTAN: en 2008, la organización promete a Ucrania y Georgia que van a ser miembros de la OTAN, y en ese mismo año Rusia ataca Georgia.

Normalmente se caracteriza a Vladímir Putin como un brillante ajedrecista. Con el potencial estancamiento bélico y económico al que se enfrenta ahora, ¿se ha podido equivocar a la hora de calibrar las posibles consecuencias de su invasión?

En cuanto a su fama de buen estratega siempre se obvia algo esencial: que solo actúa cuando ve una buena oportunidad. Es decir, es un oportunista. Hasta ahora ha calculado perfectamente los riesgos y los posibles beneficios, como vimos con su intervención en Siria y en Crimea. En el caso de la guerra actual, creo que estamos en una situación en la que puede ganar una guerra y perder todo lo demás. No entiendo esta lógica y no creo que sea buena porque está perdiendo la economía, su apoyo interno, la imagen diplomática y política de Rusia… Creo que hay un elemento fuertemente emocional e irracional, pero es cierto que en el concepto del pensamiento estratégico de seguridad y defensa de Rusia, Ucrania es la clave. Esta no es una invención de Putin. Históricamente, Ucrania es esencial porque Rusia carece de fronteras naturales y porque fue a través de Ucrania donde se dieron las invasiones de Napoleón y de Hitler. Evidentemente, esto no justifica la guerra: solo explico la posible razón de una intervención ahora mismo. Los rusos, como ellos mismos suelen decir, han subordinado siempre todo –desde la prosperidad hasta la libertad de la ciudadanía– a la seguridad. En este momento, por muy irracional que pueda parecer, según el Kremlin, tener en la frontera un Estado miembro de la OTAN compromete la supervivencia del país.

«Si Rusia no sale derrotada en esta guerra, Europa vería el final del mundo occidental que hemos conocido desde la Guerra Fría»

¿Puede que por primera vez en más de dos décadas Vladímir Putin se encuentre sobre suelo resbaladizo?

Creo que sí, el problema es que estamos ante una situación muy compleja. Ucrania difícilmente puede defenderse de Rusia, ya que tiene una inferioridad militar enorme, pero si la guerra se prolonga, Rusia podría perderla. Es decir, una cosa es invadir un país y otra muy distinta, ocuparlo. La invasión, para una potencia como Rusia, que tiene enormes recursos militares, es la parte más fácil. Una ocupación es mucho más compleja. El problema es que Occidente ya ha dicho que no iba a intervenir en esta guerra porque esto podría ser el comienzo de una III Guerra Mundial que podría incluir armamento nuclear. La otra cara de la moneda es que si Rusia no sale derrotada en esta guerra, Europa y el orden liberal internacional verían el final del mundo occidental que hemos conocido desde la Guerra Fría.

El presidente ruso ha esgrimido la necesidad de la seguridad del país para llevar a cabo la invasión. ¿Es esta la razón real?

La seguridad forma parte del pensamiento estratégico de Rusia desde hace mucho tiempo. Según explicaba George Friedman, para poder derrotar a Putin hay que entender lo que significa para él Ucrania. Es decir, ¿qué está dispuesto hacer? Lo que estamos viendo hoy es que está dispuesto a prácticamente de todo. Aquí hay una cuestión ideológica de seguridad y, desde luego, un proceso de re-imperialización de Rusia. Se trata de  un proceso que comienza con la llegada de Vladímir Putin y que se ha intensificado desde 2008. El Kremlin ha demostrado desde entonces que es capaz de desplegar un abanico de instrumentos de influencia política y militar que va desde las campañas de desinformación hasta el uso de la Iglesia ortodoxa en países post-soviéticos o el chantaje económico y energético. Por supuesto, también está el uso de fuerza militar convencional. Sin embargo, cabe recordar que Rusia no invadió a Georgia o a Moldavia completamente, pero sí lo está haciendo con Ucrania. El régimen ruso está convencido de que su supervivencia depende de ello. Es paranoico, pero eso es lo que creen.

¿Se considera Rusia un imperio humillado?

Rusia siempre se ha considerado un imperio humillado, pero es importante fijarse en las analogías que ofrece la historia cuando una potencia derrotada se incluye inmediatamente en el orden internacional que surge después de una guerra. Francia, después de su derrota en las guerras napoleónicas, fue incluida inmediatamente en el Concierto de Viena, lo que garantizó décadas de paz en Europa. A Alemania no se la incluyó en el Tratado de Versalles posterior a la I Guerra Mundial y en cuanto se recuperó tuvimos la II Guerra Mundial. Después de esta, incluimos tanto a Alemania y a Japón en el orden internacional, y hoy en día están democratizados. Rusia no se incluyó en el orden liberal internacional después de la Guerra Fría. Es el proceso de revanchismo y un sentimiento de humillación lo que mueve la venganza. Es el hecho de no formar parte. Rusia está ahora más aislada que nunca por las condenas y las sanciones, pero los rusos consideran desde el siglo XIX que una gran potencia ni tiene amigos ni los puede esperar. Es lo que dijo Alejandro III: «Rusia solo tiene dos aliados, su ejército y su armada». Este ha sido el lema ruso en su papel de gran potencia.

Putin ha defendido durante los últimos meses que Ucrania era un producto histórico ficticio creado por la Unión Soviética y, a la vez, el punto de origen de la propia nación rusa. ¿Hasta qué punto coincide esta visión con la de la sociedad rusa?

Lo primero que hay que recalcar es que la nación y el Estado ucranianos existen y son independientes. Putin está convencido de que Ucrania solo puede decidir su soberanía junto con Rusia, lo que es absurdo. Es cierto que la parte oriental actual del país, desde el río Dniéper hasta la frontera rusa, ha formado históricamente parte del Imperio zarista ruso, pero la parte que va desde el río Dniéper hasta la frontera de Polonia formó parte del Principado lituano-polaco, del Imperio austrohúngaro e incluso en un momento de Rumanía. También es cierto que Ucrania, como Estado independiente, existe por primera vez desde 1991, pero todo esto no quiere decir que no exista una nación y un Estado ucraniano independientes. Hasta hace poco había unos fuertes vínculos culturales e históricos entre Rusia y Ucrania, y creo que antes de esta agresión podía haber una sincera opinión de la cercanía y la hermandad entre dos pueblos eslavos. Ahora bien, que hoy en día los rusos están convencidos de que han perdido Ucrania para siempre. Putin puede invadir y ocupar el país, pero no puede ganarlo. Los ucranianos nunca van a perdonar a los rusos.

«En el concepto del Kremlin sobre el pensamiento estratégico de seguridad y defensa de Rusia, Ucrania es la clave»

Paradójicamente, ¿puede esta invasión reforzar la identidad nacional ucraniana?

Absolutamente. De hecho, es Vladímir Putin quien la está creando y reforzando desde 2014, el año de anexión de la península de Crimea.

A pesar de la inferioridad militar del país, Ucrania ha comenzado a armar a sus ciudadanos. ¿Qué otras opciones tiene más allá de la pura resistencia?

No tiene muchas más. Parte del armamento que los países occidentales ha enviado a Ucrania puede ser usado inmediatamente, pero gran parte del armamento que podría servir para luchar contra Rusia podrían ser demasiado complejos para parte del ejército ucraniano en este momento. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los misiles tierra-aire, que serían útiles para combatir la absoluta superioridad aérea rusa, pero para usarlos se necesita un periodo de entrenamiento; no son máquinas tan sencillas. El problema es que a largo plazo Ucrania y Occidente pueden ganar, pero a corto plazo Putin está ganando esta guerra.

Se ha mencionado la posibilidad de que Ucrania se convierta en una suerte de Afganistán para Rusia a causa de la resistencia armada. ¿Hay alguna posibilidad de que ocurra en un país eminentemente llano y que está siendo demolido por las bombas?

La comparación, más que con Afganistán, debe hacerse con Chechenia. Rusia, a causa de la desintegración de la Unión Soviética, se ha enfrentado a numerosos desafíos a su integridad territorial, lo que la ha llevado a especializarse –y esto es lo que dice su doctrina militar– no en una potencial III Guerra Mundial, sino en conflictos locales. De hecho, Putin define la guerra en Ucrania como una «operación especial», ni siquiera la reconoce como un país extranjero. Es exactamente lo que hizo en Chechenia, como si fuera parte de la integridad territorial de Rusia. En este caso, los ucranianos tienen la ventaja de que están defendiendo su hogar y sus familias frente a soldados rusos que en algunos casos no saben qué están haciendo allí, pero a su vez, Rusia no ha hecho otra cosa que especializarse en las guerras de guerrillas y de resistencia local desde la década de 1990. Lo ha demostrado en las dos guerras chechenas, pero también en la guerra de Siria.  Me gusta el discurso de ánimo hacia Ucrania y admiro y respeto profundamente su heroísmo, pero lo cierto es que actualmente Rusia está enormemente preparada para esta guerra. Tres días después del comienzo de la invasión ya se comenzó a decir que Putin estaba perdiendo la guerra, pero yo creo que el uso de la fuerza aérea a partir del séptimo día no es casual, sino una estrategia de invasión gradual.

Pero se ha llegado a hablar de una guerra relámpago fallida por parte del Kremlin. ¿Se ha encontrado Rusia una resistencia mayor de lo esperado?

Se habló de ello, pero lo cierto es que ningún analista ruso ni nadie del Kremlin habló de una guerra relámpago. Estoy segura de que los rusos esperaban menos resistencia, pero estamos hablando de un país con un gran tamaño y con una población de 44 millones de personas. El concepto de guerra relámpago solo puede ser relativo; se trata de una narrativa de los analistas occidentales. Hubiera sido una guerra relámpago si se hubiera producido un ataque terrestre, aéreo y marítimo de forma coordinada, pero no ha sido así. Ahora bien, sí que ha habido cierta sorpresa. Por ejemplo, está el reconocimiento ruso de víctimas mortales, que se ha hecho por primera vez de forma pública. Esto en Siria no ocurrió. Todos sabemos cómo empiezan las guerras, pero no sabemos cómo acaban, y la guerra es caos, descontrol y cambio continuo. 

«A largo plazo hará mucho daño a la economía rusa, pero sus efectos inmediatos no son suficientes para parar esta guerra»

Se habla mucho del impacto de las sanciones económicas, que es la principal arma de coerción occidental en estos momentos. ¿Cuán grande puede ser su efecto en una economía como la rusa, similar a la española en términos de PIB?

Las sanciones impuestas hasta ahora son inéditas y enormes. Son semejantes a las que se impusieron a Irán en su momento para intentar evitar que desarrollara una bomba nuclear. En este caso tuvieron cierto éxito, pero lo importante aquí son tres aspectos. En primer lugar, es cierto que las sanciones son durísimas, pero no han tocado el sector energético, que representa aproximadamente el 40% del PIB ruso. Rusia crea el presupuesto anual del país calculando el precio del barril de petróleo a 44 dólares. Todo lo que sobra de esa cifra –y en estos días supera los 100 dólares– lo meten en una hucha que llaman el tesoro de seguridad nacional. Ahí tienen acumulados, entre otras cosas, 630 mil millones de dólares. Esto en divisas, ya que Rusia es el país con mayor reserva de oro del mundo. Rusia convive con sanciones desde 2014 (aunque no tan duras). Lleva preparándose desde entonces. El hecho de que no se toque el sector energético porque Europa, estando en invierno, no se lo puede permitir, disminuye el potencial daño al país. Otro de los colchones es China: desde 2014 Rusia se ha ido desacoplando del SWIFT. El 80% de las operaciones financieras ya se efectuaban fuera de este sistema y dentro del equivalente chino, el sistema CIPS. El último aspecto importante es que las sanciones son duras y dañinas para la economía rusa, pero Occidente, desde la creación de la Unión Soviética, ha impuesto sanciones al país hasta en 82 ocasiones. En ninguna de ellas se logró cambiar la política exterior de Rusia. El daño de las sanciones, por tanto, es limitado en este momento. A largo plazo hará mucho daño a la economía rusa, pero sus efectos inmediatos no son suficientes para parar esta guerra. 

¿Son inefectivas?

Las sanciones son efectivas a la hora de cabrear a los rusos. El ministro de Exteriores de Francia dijo que estaban en una guerra con Rusia. Luego se auto-corrigió, pero lo cierto es que estamos en una guerra financiera con Rusia. Según Carl von Clausewitz, la guerra era la forma de hacer política por otros medios; en este caso, las sanciones son una forma de hacer la política y la guerra por otros medios.

¿Hay alternativas energéticas para evitar el gas ruso y endurecer las sanciones? 

Ahora mismo estamos en invierno y la única alternativa que tenemos es el gas natural licuado. Se trata de un mercado que funciona de modo diferente al mercado clásico del gas. Para empezar, es más caro que el gas natural, y aunque Estados Unidos y Catar nos envíen su gas natural licuado no sería suficiente para sustituir por completo al gas ruso, que es aproximadamente el 41%. En estos momentos,  las reservas de gas de los depósitos austriacos y alemanes están en sus mínimos. Por tanto, no tenemos apenas reservas y ni la posibilidad de una sustitución energética. La ciudadanía sufriría con dureza el impacto del invierno. Lo que sí se está haciendo es buscar alternativas para el año que viene. El gas natural licuado tiene un problema, y es que necesitamos centros de regasificación. En España tenemos seis centros, pero incluso aunque nos convirtiéramos en un actor clave en este sentido, no tenemos la infraestructura necesaria para distribuirlo a otros países de Europa, como Alemania. Hay una situación surrealista en esta guerra que quiero subrayar: Ucrania sigue comprando a Rusia el precio por tránsito de gas a Europa y esta, a su vez, compra gas de Rusia. Los gráficos muestran cómo según avanza la guerra aumenta el dinero que gastamos en gas ruso. Hace pocos días, por ejemplo, la Unión Europea pagó hasta 660 millones por el gas ruso. El momento escogido para comenzar la guerra no es casual. 

«El futuro de la defensa europea debe estar en coordinación con la OTAN»

Josep Borrell ha llegado a defender durante estos días que estamos frente al nacimiento de «la Europa geopolítica». ¿Hasta qué punto es realmente factible esta capacidad de actuación sin una fuerza militar propia y con obstáculos burocráticos? 

El discurso de Borrell es extraordinario. «Nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado» es churchilliano, de un gran impacto. Dicho esto, Europa depende completamente en su defensa de la relación trasatlántica. Es decir, de la OTAN y los Estados Unidos. Europa lleva desde 1954 hablando de la autonomía estratégica. Hubo siempre problemas, con oposición por parte del Reino Unido, luego Francia… es un proceso largo. No obstante, hay algo de lo que se está hablando poco: Joe Biden ha reaccionado rápido con respecto a la OTAN porque apoya la relación trasatlántica, pero ¿qué pasará si vuelve a ganar Donald Trump las elecciones –o alguien como él– en 2024? Europa se está preparando para cualquier eventualidad respecto a Estados Unidos. El continente debe ser capaz de defenderse. Asumiendo un mando europeo, los ejércitos europeos constituyen la mayor fuerza militar del mundo. El problema es: ¿aceptaría un general español un mando de un general francés? La OTAN siempre ha tenido un papel importante en la contención de la Unión Soviética (y ahora, como seguramente veamos más adelante en la cumbre de Madrid, a Rusia), pero también tiene una segunda función: impedir las guerras entre los países europeos. Ahora que estamos en una misma alianza militar hemos dejado de matarnos los unos a los otros en el continente, y esto es extraordinario. ¿Conseguiría un ejército europeo fuera de la OTAN este mismo efecto? En principio, debería, pero está por ver. Aún así, el futuro de la defensa europea debe estar en coordinación con la OTAN y, por supuesto, Europa debería cumplir con un gasto del 2%, tal como se ha anunciado en Alemania. 

Hace relativamente poco el presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que la alianza estaba en «muerte cerebral».

Pero hoy la necesitamos más que nunca. Es lo único que tenemos, y la cumbre de Madrid lo confirmará. Es la alianza militar la que por ahora garantiza la defensa europea y el orden liberal internacional. Por eso Putin ataca Ucrania, porque contra la OTAN posiblemente perdería la guerra. 

En algunos lugares de Europa, como ocurre en España, parece seguirse una política de bloques heredada de la Guerra Fría: la OTAN contra Rusia. ¿Por qué continúa calando este mensaje? ¿Es producto de la desinformación?

Sin duda hay una fuerte desinformación, especialmente respecto a la ampliación de la OTAN. Nunca se prometió una ampliación hacia el este de la alianza atlántica. Aparte de esto, hay que sumar un elemento de anti-americanismo. Y esto se da en todos los países europeos, España no es una excepción. Hay también un elemento especial en esta ecuación, y es que cierta parte de la izquierda actual rechaza la idea del final de la Guerra Fría y la victoria de Occidente, que fue gracias a Estados Unidos. Ellos también apoyan esta idea de revertir el resultado de la Guerra Fría. Lo que quiere Rusia es cambiar el orden europeo de seguridad socavando el papel de Estados Unidos y la OTAN.

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