Economía

¿Salvarán los próximos unicornios al planeta?

Según señalan algunos de los grandes gestores económicos globales, las ‘start-up’ del futuro estarán cada vez más alejadas de las trivialidades que hayan podido definirlas hasta ahora. Se dedicarán, en cambio, a una de las tareas más importantes del momento: la descarbonización del mundo.

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21
Feb
2022
unicornios

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A pesar de lo que señala la ficción, en el universo económico un «unicornio» no es un corcel rematado por un cuerno peculiar: es una start-up de base tecnológica con una valoración superior a los 1.000 millones de dólares. Facebook fue en su día su principal paradigma, pero dentro de este concepto destacan compañías tan dispares como SpaceX (la compañía espacial de Elon Musk), Epic Games (artífice de videojuegos como Fortnite) o Bytedance (empresa matriz de TikTok).

Desde 2013, cuando la business angel –esto es, la figura que provee de capital a la recién creada compañía– Aileen Lee acuñó el término y lo incorporó al complejo glosario del emprendedor, todas las compañías de nuevo cuño aspiran a convertirse en uno de estos caballos mitológicos. La forma habitual de conseguirlo envuelve la creación de una app o un concepto de desarrollo tecnológico tan mainstream y disruptivo en su sector como para despertar la atención de las grandes cabezas del capital riesgo. No obstante, las piezas parecen comenzar a cambiar. Según Larry Fink, consejero delegado de Blackrock, el mayor gestor de activos en el mundo, los próximos 1.000 unicornios que surjan de los laboratorios de Silicon Valley y otros centros mundiales de innovación no servirán para compartir entrañables videos de gatos, pedir comida a domicilio o intercambiar bitcoins: servirán para salvar al mundo. Al fin y al cabo, tal como recuerda Fink, nunca ha habido tanto dinero disponible –ni tan accesible– para aquellas empresas dedicadas a la descarbonización del planeta.

Energía para salvar el planeta

Estados Unidos es uno de los centros neurálgicos de esta nueva clase de desarrollo tecnológico. Un ejemplo es d. light, una compañía energética que asegura haber cambiado la vida de 100 millones de personas en 70 países en vías de desarrollo durante los últimos 12 años. Según la empresa, este cambio se produjo al ofrecer a estas poblaciones en situación de vulnerabilidad energética acceso a soluciones asequibles y sostenibles relativas a la energía solar. Gracias a este trabajo de empoderamiento energético, este unicornio ha conseguido evitar ya la generación de 23 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera.

Según Larry Fink, los próximos 1.000 unicornios servirán para descarbonizar (y salvar) al mundo

Algo similar ocurre en Holanda. En el norte de Europa, la compañía neerlandesa Fastned cuenta ya con una extensa red de más de 130 estaciones –en Países Bajos, Bélgica, Suiza, Alemania y Reino Unido– para la recarga de vehículos. Sus planes futuros, no obstante, son desplegar una gran infraestructura de carga rápida en todo el continente. Esto, según sostienen, permitiría acelerar a nivel europeo el cambio de modelo hacia una movilidad sostenible y de energía limpia. De hecho, la compañía ha alcanzado recientemente un acuerdo con Tesla por medio del cual los navegadores de sus vehículos mostrarán los puntos de recarga Fastned a sus conductores europeos.

España también es capaz de aportar su ejemplar a esta incipiente manada de unicornios ambientales. A través de su presencia en 80 países, Wallbox pretende cambiar la forma en la que el mundo utiliza la energía: sus sistemas de carga inteligente de vehículos se instalan en el hogar de usuario, gestionándose desde una app y facilitando una comunicación permanente entre coche y cargador. Sus funcionalidades permiten realizar acciones tan dispares como controlar en remoto el estado del cargador, programar la carga haciéndola coincidir con los momentos en los que la electricidad es más barata, visualizar estadísticas o bloquear el dispositivo de carga para evitar usos indebidos. El año pasado, de hecho, Wallbox logró cerrar un acuerdo de fusión con la empresa Kensington Capital Acquisition para entrar a cotizar en la Bolsa de Nueva York.

Estos ejemplos son solo la punta del iceberg de una legión de start-ups que, según parece, van a continuar surgiendo. No falta, sin embargo, quien recela de los buenos propósitos de estas jóvenes empresas, recordando que el concepto de «unicornio» –en el que la prioridad son los crecimientos exponenciales y el alcance del mayor valor económico posible en la menor cantidad de tiempo– está en las antípodas de la sostenibilidad en sentido estricto. Solo el tiempo dirá si estás compañías son verdaderos unicornios verdes o si, en cambio, son tan solo caballos de carreras disfrazados con motivo de la ola ambiental.

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