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«Corea del Norte es un accidente histórico, pura retórica»

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27
Ene
2022

«Las únicas armas ideológicas son aquellas que puedan mantener a su familia en el poder», explica Anna Fifield (Nueva Zelanda, 1976) acerca de la dinastía norcoreana. Su carrera, realizada a través de ‘The Washington Post’ y ‘The Financial Times’, se puede rastrear a través de todo el globo terráqueo: desde corresponsal política en Estados Unidos a reportera en Beirut, Teherán, Damasco y Seúl. Sin embargo, está unida estrechamente a Corea del Norte, en concreto a su capital, Pyongyang. Hasta 13 veces ha viajado Fifield al que se considera el país más hermético del planeta. Sus entrevistas a refugiados políticos norcoreanos, a la tía del actual líder del país, Kim Jong-Un y a otras figuras cercanas al mismo han dado vida a ‘El gran sucesor’ (Capitán Swing), un libro que pretende desmenuzar el extraño misterio que se cierne sobre el Estado asiático: el de un totalitarismo marxista hereditario capaz de mantener un ‘bromance’ con el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump.


En tu libro interpretas el poder norcoreano casi como si se tratase de un reino medieval hereditario, patrimonio de la familia Kim. A ello se suma la mitología en torno a la línea de sucesión y un linaje denominado «linaje Paektu». ¿Es acaso Corea la última monarquía absolutista?

Corea del Norte desafía cualquier definición: es comunista y, a la vez, es un Estado dinástico. Pero, sí, el gobernante es como un rey. Tienen su propio sistema totalitario único. Ni siquiera si miramos a Cuba, otro Estado socialista y hereditario, podríamos hablar de un sistema similar al norcoreano.

Relatas además cómo sigue vigente aún el sistema medieval de la dinastía Joseon que reinó durante cinco siglos. ¿Qué influencia tiene esto en el país?

Una enorme. Corea del Norte es un país muy jerárquico y estructurado: en el sistema, tu clase depende del nacimiento. Por ejemplo, depende de si tus abuelos apoyaron a la familia Kim, si fueron cristianos o si ayudaron a los japoneses durante la ocupación. Dentro de este sistema, evidentemente, es muy fácil «caer», pero es muy difícil escalar entre las distintas clases. Y la clase, aquí, define todo: si eres leal al régimen puedes conseguir trabajos públicos, puedes vivir en Pyongyang [capital de Corea del Norte] y tus hijos pueden ir a las mejores universidades. Si eres hostil al Gobierno, sin embargo, lo vas a tener muy difícil; no vas a tener prácticamente ninguna oportunidad. El país está diseñado para mantener felices a quienes lo apoyan, y castigar a los que no.

Normalmente, en los países autoritarios, el contrato social suele ser claro: el poder sigue en manos de los gobernantes mientras el nivel de vida de la población asciende o se mantiene. ¿Cuál es el de Corea del Norte y por qué no ha habido ninguna gran protesta tras su fundación en la década de 1950?

Al principio, Corea del Norte afirmaba –y era cierto– que el país era más rico que Corea del Sur. Pero cuando la parte sur de la península se hizo más rica que la parte norte del país, entonces la superioridad pasó a ser moral frente a los «lacayos norteamericanos». Eso es lo más parecido a un contrato social que haya podido existir en Corea del Norte; y ni siquiera lo es, tan solo es propaganda. La forma en que el régimen ha sobrevivido ha sido a través del miedo: no hay protestas ni quejas porque la gente tiene un profundo terror a descender de clase social. Hasta hoy, en el país, perdura un sistema de culpa por asociación.

«Si criticas a Kim Jong-Un, no solo eres tú quien termina castigado: son tus padres, tus hijos y el resto de tu familia; ¿quién estaría dispuesto a hacerlo?»

Si tú criticas a Kim Jong-Un, no solo eres tú quien termina siendo castigado: son tus padres, tus hijos… y el castigo es muy severo. Por un crimen político, lo más probable es que todos ellos acaben en un gulag haciendo trabajo forzado en medio de las montañas, sin apenas comida ni calefacción. Puede que tú estés dispuesto a pagar el precio, ¿pero estarías dispuesto a poner a toda tu familia en esa posición? Básicamente, creo que esa es la forma en que ha sobrevivido el régimen; el precio a pagar es demasiado alto. Cuando he preguntado a los norcoreanos que han logrado escapar del país sobre por qué el país aún no ha colapsado, su respuesta siempre es la misma: si no estás de acuerdo con los preceptos del país tratas de escapar, no de cambiarlo.

Por lo que se deduce del libro, ni siquiera las élites del país, como los militares, han llegado a combatir en algún momento a la familia Kim.

Es difícil decirlo con certeza, pero sabemos por el comportamiento de Kim Jong-Un que se ha sentido amenazado por al menos una parte de la élite. Y lo sabemos porque los ha hecho matar o los ha hecho desaparecer. Está completamente paranoico, como cualquier dictador. Está constantemente preocupado por el hecho de que le puedan derrocar. A cualquiera que le desafíe se le descabeza, ya sea su tío Jang, su hermano Kim Jong-Nam, el jefe de propaganda o su ministro de defensa. Con esto no solo se deshace de un rival, sino que a su vez manda un mensaje evidente al resto de las élites: no intentes cuestionarme porque nadie está seguro, ni siquiera mi familia. En el país, por tanto, gobierna a través del miedo y la amenaza perpetua, pero a la vez también ha permitido la formación de una pequeña y corrupta oligarquía que se ha hecho altamente rica en Corea del Norte. En este sentido, ellos tienen un alto interés en que el sistema sobreviva; no pertenecerían a ninguna clase de élite en un país nuevo o en una península unificada.

El nacionalismo norcoreano ha crecido en los últimos años. Sin embargo, a pesar de su fuerza, este parece también altamente primitivo, ya que se identifica estrechamente con la familia Kim, en este caso con su último líder, Kim Jong-Un. 

Dejando de lado la época previa a a la II Guerra Mundial, tras llegar al poder la familia Kim roba ideas de Stalin, Mao y otros líderes autocráticos prominentes. Toda la propaganda es prestada. Pero en términos de culto al líder, los norcoreanos han ido mucho más allá que cualquier cosa hecha por Rusia y China, y esto les ha hecho sobrevivir a la Unión Soviética. Pero, de nuevo, a pesar de que la mayoría de los norcoreanos son conscientes de la farsa, nadie puede hacer nada dentro del país; solo pueden expresar sus ideas una vez escapan del país.

En El gran sucesor uno puede leer sobre Kim Jong-Un desde sus primeros momentos, incluyendo su educación en Suiza. No obstante, en ningún momento es posible leer nada acerca de la doctrina marxista. ¿Es Corea del Norte un país comunista o socialista? ¿O, en cambio, es un accidente histórico?

Es un accidente histórico. Hablan de ellos mismos como si fuesen un sistema socialista o comunista, pero lo cierto es que es mentira: el Estado no provee de nada a la gente. El sistema sanitario es gratuito, sí, pero muchas veces ni siquiera hay electricidad en los edificios. Tampoco hay ningún reparto de alimentos y no actúan como una economía planificada desde hace mucho tiempo. Es pura retórica. Lo que han hecho, en realidad, es mezclar elementos de la cultura histórica coreana, de la cultura japonesa, del estalinismo o del maoísmo. Incluso del cristianismo: el padre de Kim Jong-Un, Kim Jong Il, nació supuestamente bajo el brillo de una estrella en mitad de la noche. Al juntar todos estos elementos, ellos crean su propia historia, su propia narrativa.

Fifield habla con los informativos desde una fábrica de munición en Pyonyang, Corea del Norte.

Como indica, Kim Jong-Un busca ser un líder moderno, en cierto modo casi genuinamente millennial, pero a la vez quiere acercarse a la imagen de su abuelo y fundador dinástico, Kim Il Sung. ¿Qué diferencias hay entre ambos?

Es fácil reírse de Kim Jong-Un porque parece un personaje de dibujos animados: su pelo, sus trajes extraños, sus gafas. Pero en realidad todo eso está diseñado para poder parecerse a la imagen de su abuelo. Incluso aún hoy Kim Il Sung es adorado y querido en Corea del Norte. Está asociado a los buenos tiempos: entonces no solo eran más ricos que Corea del Sur, sino que incluso tenían una suerte de misión como país. Lo que intenta Kim Jong-Un es crear un aura de legitimidad revistiéndose de esta forma, intentando reafirmar la idea de que es el descendiente directo de su abuelo. En parte, es una forma de inspirar la idea de que Corea del Norte va a volverse más fuerte y rica (y, durante los primeros ocho años, el país iba razonablemente bien). Kim Jong-Un había dejado crecer una especie de protocapitalismo y una pequeña economía mercantil con la que la gente podía progresar modestamente. La vida parecía mejorar ligeramente. Eso, además, coincidió con el desarrollo del programa nuclear, que es una fuente del nacionalismo norcoreano. La gente estaba –y está– muy orgullosa de que un país con tantas carencias como el suyo hubiera podido desarrollar armas nucleares: durante esos años, se pudo sentir una cierta sensación de progreso con un líder que pretendía dar una imagen relativamente moderna. Entonces llegó el coronavirus y lo cambió todo: las fronteras llevan cerradas herméticamente ya más de dos años, y esto va a causar mucho más estrés en la economía que cualquiera de las sanciones aplicadas durante los años anteriores.

«El riesgo más alto para la estabilidad de Corea del Norte ahora mismo es la salud del propio Kim Jong-Un»

Wonsan es retratado casi como un paraíso durante la juventud de Kim Jong-Un: allí tenía su residencia privada y cualquier objeto material que desease. Posteriormente, también sería el lugar desde donde lanzaría algunos cohetes durante las pruebas armamentísticas. ¿Cuál es la psicología del líder norcoreano?

Hay instalaciones militares alrededor de la zona y no sé cuánto puede haber de coincidencia en ello, pero es algo que, desde luego, es muy conveniente para él. Wonsan es un lugar especial en cuanto que es uno de los lugares más bonitos del país, y que creo que él asocia el lugar con sus recuerdos más felices de la infancia y las vacaciones estivales. En cuanto a su perfil psicológico, he hablado con múltiples psicólogos y si bien dejaron claro que no podían analizar con precisión a alguien a quien nunca han podido ver, lo cierto es que también fueron sinceros a la hora de señalar que su racionalidad parece evidente. Al fin y al cabo, a pesar de todos los obstáculos y de ir contra todas las apuestas, Kim Jong-Un lleva gobernando ya 10 años el país. Eso ha sido algo muy complicado de lograr. Por otro lado, también pregunté es si él era un psicópata, y lo cierto es que no. Las historias que he podido recolectar de sus amigos y compañeros de escuela en Suiza no muestran ningún relato de él torturando gatos ni nada parecido.

¿Pudo haberle influido su estancia en Suiza de alguna manera?

Creo que lo pasó realmente bien en Suiza. Mucha gente pensó que Kim Jong-Un podía ser un reformista, un gobernante más liberal a causa de su experiencia en el mundo exterior. No obstante, yo siempre entendí esto al revés: es precisamente por su experiencia por lo que no podía cambiar nada. Su experiencia fue estar en clase y seguir órdenes, hacer los deberes y no ser nadie especial creo que no le gustó. La lección última que se llevó a casa fue que debía dejar el sistema intacto; de cualquier otra manera, sería incapaz de mantener su lugar especial.

«El país está diseñado para mantener felices a quienes lo apoyan y castigar a los que no»

El gran sucesor deja claro el poder norteamericano en términos de soft power: Kim Jong-Un es un amante de las películas de Jean-Claude Van Damme y fan acérrimo de los Chicago Bulls. ¿Es una herramienta diplomática y una victoria, en cierto modo, para Occidente?

Para que fuera una herramienta diplomática, primero tendrían que usarla. Lo cierto es que nadie sabía entonces que amaba las películas de Van Damme y era un fan de Michael Jordan. El asunto es que Estados Unidos ha decidido activamente no hacer uso de este soft power. En el libro, cuando Kim Jong-Un se perfila como sucesor, se cuenta cómo varios –serios– economistas empiezan a plantear la idea de usar a un jugador de los Chicago Bulls para obtener información de Kim Jong-Un; cualquier información habría sido mejor que ninguna información, ¿no? Es fácil reírse ahora de esta idea, pero lo cierto es que hubiera sido una buena manera de tantear el terreno. Mucho mejor, desde luego, que hacerlo mediante una delegación diplomática. El problema, en realidad, es que el Gobierno norteamericano no fue capaz de pensar de forma innovadora, no pudo romper sus marcos tradicionales de actuación. Aún cuando sabían lo implicado que estaba en la cultura norteamericana decidieron hacer caso omiso.

¿Podremos asistir a una especie de glásnost (la reforma política de los últimos años en la Unión Soviética) o la concepción hereditaria del país lo hace imposible?

Lo hace imposible. Si el país intentase llevar a cabo cualquier tipo de glásnost o perestroika se derrumbaría casi con certeza absoluta. Tienen muy poco margen de maniobra para ejercer reformas porque todo el sistema está basado en mentiras. ¿Qué pasará cuando la gente descubra que no son más ricos y más libres que los demás? Ni siquiera creo que pudieran seguir un sistema similar al chino. ¿Cómo explicaría y demostraría entonces que él es el mejor posicionado para liderar el régimen?

«Cada movimiento que ha hecho Kim Jon-Un, como las reuniones con Trump o Putín, es para mantenerse en el poder a toda costa»

El país ha pasado al menos por una gran hambruna y dos transiciones dinásticas de poder. Apenas parece haberse tambaleado. ¿Hay algo que pueda hacer caer el régimen norcoreano?

Hay varias posibilidades, sí. El riesgo más alto corresponde a la salud del propio Kim Jong-Un, que es demasiado obeso y ni siquiera respira de forma adecuada. El mayor peligro para su liderazgo es un ataque al corazón o un derrame, pero ya sea una catástrofe médica para él o un derrocamiento, lo más probable es que los generales terminasen tomando el poder, creando un sistema similar al de Myanmar. China, de hecho, estaría muy feliz con la situación ya que tendría la capacidad para influenciar a los militares y seguir interpretando a Corea del Norte como una zona colchón. Paradójicamente, Corea del Sur también estaría contenta con ese escenario. Si no, el país tendría que pagar las facturas, haciéndose cargo de un país de 25 millones de personas hambrientas y sin habilidades para la compleja economía digital del siglo XXI.

Hablas también de Pyonghattan como casi una parodia de Manhattan en Pyongyang.

Es una parodia, sin duda. Cuando las ves desde lejos, las torres de apartamentos parecen impresionantes. Pero cuanto más te acercas, más se rompe el engaño. Ni siquiera hay electricidad. Si uno viviera en la planta número 50, tendría que subir andando todos los pisos. Por supuesto, tampoco hay agua. Sería como vivir en el campo, pero en la planta más alta de una torre de hormigón.

Mientras el mundo y sus problemas se globalizan cada vez más, ¿qué posición puede mantener Corea del Norte como país nuclear en desarrollo? 

Cada movimiento que ha hecho está motivado por el simple deseo de mantenerse en el poder a toda costa. Las reuniones con Donald Trump, Vladimir Putin y los líderes chinos y surcoreanos fueron todas motivadas no porque quiera ejercer una cierta influencia, sino para mantenerse en el poder. Quería ser visto en las mismas fotografías con la gente más poderosa del mundo. Por supuesto, también quiere intentar extraer todo el dinero que puede desde el mundo exterior. Esto es lo que le permite mantenerse vivo. En parte, por eso ha intentado mostrar músculo humillando a líderes extranjeros. Incluso a Xi Jinping: Kim Jong-Un realizó pruebas con misiles el día que China acogía el G-20. No le importó. Quería demostrar que, si bien era el dictador de un país pequeño, aún tenía misiles que poder lanzar. Por supuesto, Corea del Norte no intenta convertir a nadie a su sistema; no intentan extender el socialismo de la familia Kim fuera de sus fronteras.

¿No hay ningún arma ideológica?

Las únicas armas ideológicas son aquellas que puedan mantener a su familia en el poder. No creen en ninguna ideología salvo en el hecho de la necesidad de que la familia Kim siga siendo rica y poderosa.

Mencionas el confucianismo en el libro, una filosofía que ha dado lugar a fuertes sistemas jerárquicos a lo largo de toda Asia, como ocurre en varios sistemas capitalistas autoritarios. ¿En qué modo el paternalismo político que permite gobernar a la familia Kim es hijo de esa filosofía?

El mayor componente es el sistema patriarcal que permite a los tres hombres ser los líderes de Corea del Norte. ¿Quién es hoy el siguiente Kim para liderar el país? Tiene tres hijos, pero son muy jóvenes. Hoy, la única figura de la familia que podría sustituirle es su hermana. Y es muy difícil hacerlo en un sistema confucianista como este. Era complicado imaginarse a generales de 80 años aceptar a un líder con poco más de 20 años y, aunque lo hicieron con Kim Jong-Un, me parece aún más complicado imaginarlo con su hermana. Dicho esto: si algo le pasase hoy, ella es la única que podría perpetuar la dinastía.

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