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De la granja a la mesa: hacia un sistema alimentario sostenible

Garantizar recursos suficientes para la población e ingresos justos para los productores son dos de los ejes de la estrategia europea por la sostenibilidad alimentaria, enmarcada dentro del Pacto Verde que busca la neutralidad climática de Europa en 2050. Desde las grandes multinacionales a los pequeños agricultores, pasando por los consumidores, todos los miembros de la cadena de valor están llamados a adoptar una nueva forma de producir y comprar más responsable con el entorno.

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Valeria Cafagna
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27
Ene
2021
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Valeria Cafagna

Personas saludables para sociedades saludables en un planeta saludable. El invisible hilo que conecta estas tres realidades es también el nexo que impulsa la estrategia europea De la granja
a la mesa, cuyas líneas maestras fueron expuestas, en forma de conclusiones, por el Consejo de la Unión Europea el pasado mes de octubre. Su objetivo es desarrollar un sistema alimentario europeo sostenible a lo largo de toda la cadena, desde la producción en origen hasta el consumidor. La estrategia es uno de los ejes vertebradores del Pacto Verde Europeo en su cruzada contra el cambio climático.

En sus conclusiones, el organismo europeo ha traslado a los países miembros un doble objetivo: por un lado, garantizar alimentos suficientes y asequibles para la población del continente, contribuyendo al mismo tiempo a la meta de la neutralidad climática de Europa para 2050; por otro, ingresos justos y un fuerte apoyo a los productores primarios. Se trata de unas metas ambiciosas que obligan a los estados a legislar bajo parámetros de sostenibilidad, ya que las recomendaciones europeas inciden en la necesidad de trabajar en áreas de seguridad alimentaria que ayuden a instaurar un modelo de economía circular, por ejemplo, en cuanto a los materiales en contacto con alimentos o el reciclado. También aboga por prácticas sostenibles en el procesado de alimentos y, en general, en toda la industria de alimentación.

Para Carlos Moyano, responsable de Comunicación Corporativa de Nestlé España, el europeo es uno de los sistemas alimentarios más seguros del mundo. «Las autoridades sanitarias, tanto españolas como europeas, velan para que los estándares de seguridad alimentaria sean cada vez más elevados, y el nivel de exigencia es creciente respecto a aspectos como los residuos de fitosanitarios y otros contaminantes», explica. También Lucía Martín, coordinadora de Alianza Rural, piensa que el consumidor tiene motivos para sentirse tranquilo. «Comer sano y sostenible en España es muy fácil porque contamos con una agricultura y ganadería extraordinarias en cuanto a calidad, producción y niveles de sostenibilidad ambiental. Sin duda, tenemos la mejor despensa de Europa», afirma.

Sin embargo, todavía hay margen de mejora. Reducir el impacto medioambiental de la cadena alimentaria europea en todas sus fases de producción, transporte, distribución, comercialización y consumo es uno de los primeros pasos a dar. Después, también habrá que asegurar que la cadena cumple parámetros de seguridad alimentaria, nutrición y hábitos saludables en armonía con el bienestar animal, y también se deberá preservar que la comida sea un producto accesible y apoyado en criterios sostenibles y de comercio justo, otro de los principales ejes de la estrategia europea.

Un desafío global

De acuerdo con las estimaciones de Naciones Unidas, en el año 2050 la población mundial podría alcanzar los 9.000 millones de personas. Alimentar a esa superpoblación es, en opinión de Carlos Moyano, un reto mayúsculo que exige implementar cambios en la industria alimentaria. «Deberemos seguir mejorando constantemente el consumo de recursos básicos como la energía y el agua, reduciendo nuestras emisiones y residuos y buscando la circularidad de los mismos», explica el experto, que añade que la sostenibilidad del sistema alimentario pasa también por «ofrecer cada vez una gama más amplia de alimentos que tenga como base la proteína vegetal frente a la animal».

Carlos Moyano: «El consumidor tiene la capacidad de elegir y favorecer una producción más respetuosa con el entorno»

Teresa Partearroyo, profesora titular de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo, no concibe una dieta saludable que no sea sostenible. «Aumentar el consumo de proteínas de origen vegetal, como legumbres y frutos secos, y reducir el consumo elevado de proteína de origen animal, fundamentalmente procedentes de carnes y derivados cárnicos, son elecciones que aumentan la sostenibilidad y reducen considerablemente el impacto medioambiental de nuestra dieta», apunta.

Los expertos también recalcan la importancia de impulsar cambios en los hábitos de consumo. «Elegir alimentos de origen vegetal, de temporada y de proximidad –es decir, productos locales– frente a los alimentos de origen animal hace que la cesta de la compra sea más sostenible y solidaria», subraya Partearroyo. La concienciación sobre la necesidad de prevenir y reducir la cantidad de alimentos que se desperdician es otra prioridad que debe ser acometida de forma conjunta por toda la sociedad. «Pequeños actos como planificar nuestro menú semanal, hacer una lista de la compra o pedir que nos pongan en un tupper las sobras en el restaurante ayudan a operar este cambio de hábitos y a fomentar la sostenibilidad alimentaria», expone la profesora.

Un trabajo de todos

Construir una cadena que favorezca igualitariamente a productores, consumidores, clima y entorno es un objetivo en el que cada uno de los agentes implicados juega un papel importante. «Las empresas estamos cada vez más comprometidas con la cadena de suministro, y nos involucramos conjuntamente con agricultores y ganaderos en asegurar unas prácticas de producción de alimentos más respetuosas con el medio ambiente», asegura Carlos Moyano. No en vano, la sostenibilidad del sistema alimentario obliga a una actuación coordinada de los diferentes actores de la cadena de valor. «Desde el proveedor de materias primas hasta el fabricante, desde el transportista al retail, desde el consumidor al reciclador y recuperador de residuos, y, por supuesto, desde la Administración. Todos unidos por un mismo objetivo», concluye.

Uno de esos agentes son los productores. Desde Alianza Rural, entidad que aglutina a las agrupaciones más relevantes de la agricultura, la ganadería, la caza o la pesca en España, creen que el objetivo europeo de acercar la granja a la mesa es posible. «Hay que llevar el producto de proximidad al consumidor de forma directa para que ambas partes salgan beneficiadas. Además, debemos recuperar el consumo de las producciones de temporada», insiste Lucía Martín. Esta experta celebra que la trazabilidad de los alimentos sea cada vez más accesible y transparente, «especialmente en las carnes, de las que podemos conocer el origen y país de sacrificio». Y recuerda: «Está en la mano del consumidor elegir producto nacional y ayudar a nuestros productores».

Lucía Martín: «En España tenemos la mejor despensa de Europa»

Que los consumidores dispongan de una mejor y más completa información acerca de lo que llega a sus despensas y neveras es, de hecho, un aspecto clave para lograr avanzar en la sostenibilidad de la cadena. Al fin y al cabo, como comenta Carlos Moyano, «el consumidor tiene la capacidad de elegir y favorecer, con esa elección, a aquellos sistemas de producción que sean más respetuosos con el entorno». En ese sentido, aunque hay iniciativas que tratan de aportar luz a los procesos de decisión –como el etiquetado de origen, huella ambiental o tipo de producción ecológica–, «hay que asegurarse de que esa información sea comprensible y estandarizada, al menos, dentro de la Unión Europea», reclama.

De hecho, el etiquetado es una de las principales herramientas de las que dispone el consumidor para inclinar la balanza hacia una alimentación sostenible. «Nos permite comparar distintas opciones, reconocer las más saludables y elegir los productos de interés para incorporar a nuestra cesta de la compra», resume Teresa Partearroyo. Eso sí, la experta advierte de que, en muchas ocasiones, los consumidores se encuentran desconcertados a la hora de interpretar la información que viene reflejada en los envases.

Con todo, los alimentos europeos son considerados un estándar mundial de seguridad alimentaria, valor nutricional y alta calidad. Un liderazgo que la Unión Europea quiere aprovechar para promover un sistema alimentario sostenible a nivel mundial en el que, más allá de ser un producto básico, los alimentos puedan verse como un bien común. «Solo podremos producir alimentos saludables si tenemos un planeta saludable», concluye Moyano.

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