Derechos Humanos

«En Siria, el terror poco puede distinguir entre hombres y mujeres»

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27
Ene
2020
SIRIA SUSANA OVIEDO

Las mujeres son una de la partes más invisibilizada de los conflictos. Sin embargo, Susana Oviedo (Córdoba, Argentina), impulsora de la Plataforma Global contra las Guerras, ha querido otorgarles la relevancia que se merecen en su cinta ‘Por amor a Siria’. Autoproducido y grabado sobre el terreno durante mayo y junio de 2018, este documental nos muestra el papel desempeñado por la mujer en una guerra que dura ya casi nueve años. La historia se construye a través del testimonio de 22 mujeres y 9 hombres, en una Siria devastada, que se intenta recuperar después de que las tropas gubernamentales reconquistaran la ciudad de Alepo. Este reportaje audiovisual nos acerca a una situación real y cruda con una visión global que la directora ejecuta magistralmente.


Desde 2011 hemos visto diferentes documentales sobre el conflicto sirio. ¿De dónde surge la idea de contarlo desde una mirada femenina?

Me tengo que remontar a la Plataforma Global contra las Guerras –ahora de actuación internacional– que surgió en el 2011. Empezamos con la invasión a Libia y, una vez superada esa crisis, seguimos llevando a cabo conferencias informativas sobre conflictos. Tras la toma de Libia, que tuvo consecuencias espantosas, en Siria se debatía la gran lucha contra el imperialismo. Hicimos muchas llamadas al país árabe, incluido a su embajador en España, quien nos tomó gran aprecio. Él mismo decía que todo el mundo le negaba cualquier tipo de tribuna para hablar, así que nosotros hicimos un par de actos y le llevamos invitado.

¿Por qué contar la historia de mano de mujeres?

Soy actriz y directora de escena, por lo que desde el principio quise contar la historia de forma diferente a lo que se había hecho. Una vez recuperada Alepo, cuando el ejército y el pueblo sirio tenían casi todo el control del país, pensé qué se podía contar y de qué forma hacerlo para abrir los ojos de la gente en Occidente, que ha vivido engañada todo el tiempo. Llegué a la conclusión de que lo correcto era hacer un documental con protagonistas femeninos porque eso le daría más cabida en diversos espacios, festivales o semanas culturales. Me sorprende mucho que esta última ola del feminismo carezca de la mirada internacionalista, como si en Siria no hubieran muerto cantidad de mujeres. Igual que allí, también hay miles de mujeres que mueren a consecuencia de la guerra en todo el mundo, por lo que no comprendo esta rama del feminismo que no invoca a sus hermanas a nivel internacional.

¿Tuviste algún problema a la hora de conseguir las entrevistas con los hombres en Siria?

«El machismo en Siria no es ni más ni muy diferente al que existe en el resto del mundo»

No, en absoluto. El embajador nos avaló y cuando hablamos con el Ministerio de Comunicación sirio –que lleva a los periodistas– ya le habíamos dicho la intención del documental y a qué personas queríamos entrevistar, ya que me interesaba hablar con alguna palestina o sudanesa. Al final, ellos no nos facilitaron mucho en cuanto a contactos, pero cuando vieron en qué lugar nos situábamos ideológicamente, sí que nos permitieron movernos más o menos por nuestra cuenta. Cierto es que un soldado nos acompañó a lugares como Guta o Duma. Además, nos facilitaron un intérprete que hablaba castellano.

¿Y a la hora de entrevistar a las mujeres?

El ritmo de trabajo era tan frenético que no me percaté de ningún inconveniente a la hora de hablar con ellas. De hecho, a una de las entrevistadas, que es viuda de uno de los mártires que murió luchando contra ISIS, la encontramos por casualidad cuando fuimos a hablar con un chico yemení refugiado. El hombre que conducía el coche en el que nos trasladábamos nos habló de esta mujer y fuimos a conocerla. Hay algunas conversaciones que me las facilitaron desde el ministerio, pero la mayoría fueron producto del azar y de andar en la calle.

¿Qué diferencias hay entre ambos testimonios?

Por regla general, las mujeres tuvieron menos problemas a la hora de contar las cosas: están más abiertas a las entrevistas. Cuando grabamos a algunos hombres tuvimos que repetir algunas tomas una cantidad enorme de veces. En cambio, con ellas parecía que lo tuvieran preparado o escrito en algún sitio. En el documental también aparece una mujer que pertenece a la rama más cerrada del islam y que perdió a su cuñado luchando contra los terroristas. Sin embargo, a pesar de ir totalmente cubierta, habla sin ningún tipo de problema e incluso nos mostró su cabello en privado. Me hizo replantearme mucho el tema del velo: no creo que sea algo que aleje en sí. El problema radica en la concepción ideológica que encierra desde una mirada externa, pero ese es otro debate.

¿Qué consecuencias de la guerra recaen principalmente en ellas?

Un conflicto es un cambio de vida total, pero en este caso no diferenciaría entre hombres y mujeres. El papel de la mujer, sobre todo en el mundo rural, ha sido esencial para seguir sosteniendo la economía. Con el documental quería mostrar que hay una idea equivocada respecto al machismo y al patriarcado existente en Siria: no es más, ni diferente, que el que encontramos en otros lugares del mundo. La mujer siria tiene una responsabilidad enorme en la sociedad, y lo sabe. Tenemos la idea preconcebida de que la religión impide que la mujer trabaje o salga de su casa, pero eso no es lo que me encontré.

«Tenemos la idea preconcebida de que la religión impide que la mujer trabaje o salga de su casa, pero eso no es lo que me encontré»

¿Qué temores (no compartidos) existen?

Esa reflexión no la he hecho. Creo que quien ha vivido bajo el terrorismo –o, en mi caso, bajo la dictadura argentina–, sabe que lo que da miedo es que te saquen de tu casa y te maten o te hagan desaparecer… El terror poco puede distinguir entre hombres y mujeres. Acaba igualando a las personas. El terror hay que sembrarlo en todas las parcelas de la población para que surta efecto, y en Siria, como en otros lugares, lo consiguieron. A mí me gustaría que del documental se extrajera la idea que los sirios tienen sobre su propio país: ese espíritu y confianza del pueblo sobre su historia. Damasco es la ciudad habitada más antigua de la Humanidad, y saben que tienen 3.000 años de existencia en su espalda. Incluso las personas analfabetas lo saben. Fíjate en las respuestas que me dan en la cinta: «Nos invadieron porque nos tienen envidia, porque nosotros nos queríamos y las diferentes religiones convivíamos en paz y comunidad». Ese hermanamiento viene de la idea que tienen de recuperar su casa y su patria, sean de la religión que sean, un sentimiento compartido entre hombres y mujeres.

¿Qué importancia han tenido las mujeres en esa retaguardia mientras la mayoría de los hombres estaban en el frente?

El papel de la mujer es imprescindible en la contienda. Lo deja muy claro la ministra cuando se refiere no solo a la actuación de las mujeres en torno al soporte afectivo, sino también en el ámbito económico. Por ejemplo, muchos ministerios los llevan mujeres, algo que ayudó a crear cooperativas y grupos de apoyo económico gubernamentales para garantizar la producción y la explotación de ciertos productos, sobre todo rurales.

Volviendo al conflicto en sí, ¿qué tipos de violencias sufrieron las mujeres una vez que se establecía el ISIS en un territorio?

Todo lo que podamos imaginar. No podemos obviar la concepción religiosa que tiene ISIS, es una consigna para los terroristas, aunque muchos de sus seguidores no profesaban ni el wahabismo del grupo, ni siquiera el islam. Aun así, luchaban a su favor porque les tenían a sueldo. Sea como fuere, para ellos la mujer es un ser inferior, un ideal que está integrado en la defensa que hacen de la sharía. Esta ley defiende que el Estado esté basado en las premisas del islam más radical y deje de ser laico o multicultural, como lo es actualmente. Bajo el reinado del ISIS, una mujer no podía hablar con alguien que no fuese su marido o hijos, pero también estaba prohibido ir a la escuela. Además, el grupo terrorista entiende que las mujeres son infieles por naturaleza, así que podían hacer lo que quisieran con ellas, como venderlas o maltratarlas. Es más, el consentimiento es un concepto inexistente. La trata de personas era un punto clave para ellos, e incluso había mujeres en jaulas. O abrazas sus principios o te torturan hasta límites insospechados. Con esto no quiero decir que sean las víctimas principales, porque ante el terror todas las víctimas son importantes, pero eran (y son) quienes sufrían una violencia continuada solo por la concepción que el grupo terrorista tiene de la mujer como algo impuro.

«El terror hay que sembrarlo en todas las parcelas de la población para que surta efecto, y en Siria lo consiguieron»

Al final del documental hablas de la reconstrucción de las ciudades. ¿Viste estrategias ciudadanas consistentes en la nueva edificación de las ciudades devastadas?

Observamos iniciativas de reconversión, por ejemplo, en lo relativo a la electricidad. Entramos en un negocio cuyo dueño lo había reconfigurarlo hacia la energía solar. En el Museo Arqueológico instalaron placas solares para luchar contra los cortes de las redes eléctricas utilizados como herramienta para infundir terror. La gente ha empezado a apostar por la autosuficiencia, una orientación que tienen muy clara tanto el Gobierno sirio como el pueblo: están reconvirtiendo su trabajo para adaptarlo a las nuevas necesidades del país. Además, el Gobierno ha admitido que los países que inviertan en la reconstrucción no pueden haber apoyado la destrucción de Siria.

Además de la destrucción de las ciudades también se han roto algunos esquemas y paradigmas que la mayoría de la sociedad sentía como propios. ¿Qué dinámicas se están siguiendo para aunar esas concepciones que, ahora, se han visto desestabilizadas?

Hasta el inicio de la guerra, en Siria estaban reconocidos casi treinta credos distintos, y no sé hasta qué punto continuará así. Mi temor personal es que esta rama fanática del islam, que siempre ha estado presente aunque de forma reducida, se haya fortalecido. Era una ínfima minoría la gente que seguía a un líder religioso extremista que pregonaba la inferioridad de la mujer y las bondades del matrimonio poligámico, solo para el hombre. El Gobierno laico de Siria, tradicionalmente, les permitió su existencia. Aunque, por otro lado, estos grupos radicales recibieron mucho dinero de Arabia Saudí, uno de los actores que alimentó la guerra. No sé qué habría que hacer para que no vuelva a ocurrir. Personalmente abogaría por limitar este tipo de credos que lo único que han hecho es fomentar el asesinato, el crimen y el terrorismo.

¿Crees que la guerra ha provocado un cambio de paradigma respecto a la situación de la mujer?

En todo caso ha habido una polarización en el sentido de que, mujeres de mentalidad más abierta hacia la convivencia, sea cual sea su religión, se han visto fortalecidas porque saben la importancia que tiene su papel gracias al voto de confianza que hicieron a un Gobierno con el que no tienen por qué comulgar, pero que les ha guiado hasta ahora. Lo que han hecho es cerrar filas para defender su patria. Estas mujeres son más fuertes y saben cuál es su lugar, por ejemplo, en la economía. De todas formas, aunque planteo esta teoría, lo hago desde un punto de vista casi intuitivo. Aunque sean las menos, también hay mujeres que se han convencido de su dependencia de esta rama más extremista de la religión que representa ISIS. Sin embargo, el papel de las mujeres en Siria ya estaba muy definido antes, no era necesario este dolor añadido que ha provocado el conflicto. Ellas tienen como referencia a la reina Zenobia, que se levantó frente al Imperio romano. Tienen un pasado y una historia muy fuerte. Hay mujeres muy poderosas en Siria, y ya las había antes de la guerra.

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