Siglo XXI

Así podría ser el mundo en 2040 (si tú quieres)

Mares de plástico, especies desaparecidas, temperaturas extremas… A diario el futuro se nos presenta como desolador si no somos capaces de encontrar una solución. ¿Y si ya la tuviéramos? Un documental australiano nos anima a luchar para conseguir un planeta mejor en 2040.

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14
Jun
2019

¿Cómo te imaginas el año 2040? Tal vez creas que viviremos en un futuro apocalíptico, o en una de esas realidades distópicas en las que la humanidad está al borde del colapso. Muchos los cineastas y escritores se han imaginado cómo la actividad humana, el cambio climático o las guerras lo echarán todo a perder. Los más catastrofistas asumen esa visión, pero… ¿y si nos imagináramos un mundo diferente en el que hayamos dado un giro drástico a nuestra manera de hacer las cosas? El neurólogo austriaco Viktor Frankl escribió en su libro El hombre en busca de sentido que «si la esperanza y la fe en un futuro mejor desaparece, el espíritu humano se deteriora rápidamente». Esas mismas palabras, otrora utilizadas para dibujarnos el espíritu de los supervivientes del terror de Auschwitz, se podrían usar hoy en día para describir la manera en que tenemos que enfrentarnos al futuro de la humanidad en un momento tan crucial para nuestra especie.

La globalización y las redes sociales han conseguido que todos estemos más conectados que nunca, pero también que recibamos un bombardeo constante de información poco halagüeña con lo que nos deparan las próximas décadas. A diario, nuestros muros se llenan de imágenes e historias de un futuro lúgubre: mares de plástico, especies en peligro de extinción, temperaturas extremas en todo el mundo… Lo que está por venir se nos presenta como desolador si no somos capaces de encontrar una solución. La psicóloga ambiental Renee Lertzman explica en una entrevista que forma parte del proyecto What’s your 2040 que cuando recibimos información alarmista se activa el sistema límbico de nuestro cerebro y este anula al córtex prefrontal, una zona del cerebro asociada con el pensamiento creativo y la resolución de problemas. Al bombardear nuestro subconsciente con imágenes de este tipo, lo único que conseguimos es sentirnos paralizados a la hora de actuar o tomar decisiones para salvar el planeta.

Al bombardear nuestro subconsciente con imágenes alarmistas, nos sentimos paralizados a la hora de actuar

Para los expertos, esa sensación de impotencia es algo común en los tiempos que corren. Como consecuencia de esos sentimientos —o para contrarrestarlos—, el cineasta australiano Damon Gameau decidió imaginar cómo la Tierra podría ser un lugar mejor cuando su hija fuese una mujer adulta. Como si de una carta audiovisual para la pequeña se tratase, se embarcó en la ardua tarea de realizar un documental —titulado, precisamente, 2040— en el que se permitió soñar con ese futuro —ideal, pero posible: todo su imaginario se basa en datos actuales y en propuestas que ya existen— al que podemos aspirar. Su película ha acabado convirtiéndose en todo un movimiento, el ya mencionado proyecto What’s your 2040 (Cómo es tu 2040).

Redes eléctricas descentralizadas en zonas remotas que permiten a los vecinos comprar y vender energía renovable entre ellos, haciendo florecer la economía local. Prácticas de agricultura regenerativa y permacultura que absorban el carbono de la atmósfera y lo devuelvan al suelo, ayudando a cultivar alimentos ricos en nutrientes. El aprovechamiento de las algas, que pueden llegar a crecer hasta medio metro al día mientras restauran los hábitats marinos a la vez que nos proveen de comida, fibra, fertilizantes y biocombustible —en su documental, Gameau asegura que podríamos alimentar de manera sostenible a diez mil millones de personas con la proteína resultante de la permacultura marina—. «Todas estas son soluciones que ya están a nuestra disposición para que ese mundo del 2040 sea habitable, sano y se parezca en algo a ese planeta que está empezando a desvanecerse», asegura el cineasta en un artículo escrito para el diario británico The Guardian.

Sea por desconocimiento o de manera premeditada, desafortunadamente, muchos deciden ignorarlas. Todas ellas mejorarían la salud y la seguridad de las diferentes comunidades, además de reducir las desigualdades económicas y las emisiones dañinas, con lo que se regenerarían nuestros ecosistemas y la salud planetaria mejoraría. Además, Gameau reconoce que, tras varios años de investigaciones y entrevistas, se dio cuenta de que la solución más efectiva radica en educar y empoderar a mujeres y niñas, especialmente en zonas rurales y empobrecidas.

Gameau asegura que todo lo que necesitamos para que ese mundo del 2040 sea habitable y sano ya está aquí, a nuestro alrededor

En resumen: todo lo que necesitamos para crear un 2040 en el que podamos vivir, ya lo tenemos. Tan solo tenemos que poner en marcha todo el engranaje para hacerlo posible, pero no podremos alcanzarlo si no navegamos a través de las turbias aguas del clima extremo, los bloqueos al progreso, la falta de liderazgo político y empresarial y la adicción humana al crecimiento sin fin. «Si tenemos en cuenta todas estas variables, podemos crear ese mundo en el que nuestros hijos e hijas podrán envejecer», admite el cineasta. «En vez de que los gobiernos reaccionen a los desastres naturales, necesitamos que se adelanten a lo que puede ocurrir y los eviten», asegura en el documental. Conseguir que los políticos se involucren y tomen en serio el cambio climático es esencial para conseguir ese 2040 que nos dibuja la película de Gameau. «Mires donde mires, siempre encontrarás razones para tener esperanza», concluye.

Cada vez más gente quiere formar parte de ese cambio para poder seguir gozando del bienestar social que nos permita desarrollarnos como sociedad. El camino que nos queda por recorrer es arduo y, como reflexiona el cineasta, es imposible no ser un poco incongruente a la hora de realizar decisiones diarias: «Todo nuestro sistema de vida, de transporte, de producción, está ideado para que dependamos de los combustibles fósiles, y cambiar esta mentalidad es complejo». A pesar de todo, la determinación es la fuente de energía renovable más importante de la que disponemos los seres humanos. La gente, trabajando unida para alcanzar un objetivo común, hará posible que se implementen todas las soluciones que ya tenemos al alcance de nuestras manos… sin esperar a 2040.

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