Siglo XXI

Lecciones de la era #MeToo

2019 se abre paso tras la revolución #MeToo. El terremoto provocado por este fenómeno vino a ratificar una realidad tan inmemorial como alarmante: la mayoría de las mujeres han sufrido a lo largo de su vida algún tipo de agresión machista. Pronto, aquello que comenzó como un mero ‘hashtag’ dejó de serlo para convertirse en un movimiento masivo, la mecha prendida de un profundo cambio cultural.

Ilustración

Carla Lucena
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03
Ene
2019
#MeToo

Los primeros seísmos se produjeron en epicentro de la industria cinematográfica. El poderoso productor de Hollywood Harvey Weinstein encabezaba el titular de un reportaje publicado en el New York Times el 5 de octubre de 2017: «Harvey Weinstein compró durante décadas el silencio de mujeres que le acusaban de acoso sexual». Tres días después, el cineasta fue despedido de su propia empresa. «De proposiciones agresivas a abuso sexual: las víctimas de Harvey Weinstein cuentan sus historias», titulaba otro artículo, esta vez publicado en el New Yorker el 10 de octubre. Primero, Ashley Judd. Luego, Asia Argento, Mira Sorvino y Rosanna Arquette. Más tarde, Gwyneth Paltrow y Angelina Jolie. Víctimas con nombres y apellidos.

A los pocos días, la actriz Alyssa Milano publicó en Twitter: «Si has sido acosada sexualmente o abusada, escribe yo también como respuesta a este tuit». Obtuvo más de 66.000 respuestas. Un fenómeno se estaba gestando mucho antes de que el caso Weinstein viera la luz. Pero aquel #MeToo le puso cara. Las acusaciones de abusos se sucedieron en cascada, y reconocidas figuras como la del comentarista de Fox News Bill O’Reily o el cómico Bill Cosby se vieron ensombrecidas. Se abría una grieta imposible de cerrar, que traspasó a ritmo de Twitter las fronteras de aquel territorio californiano.

«Fue abrumador cómo algo tan sencillo logró conectarnos a todas las mujeres, que nos sintiéramos identificadas. Gracias a ese altavoz privilegiado que son las redes sociales, se ha conseguido trasladar un mensaje de empoderamiento y de autoafirmación y se ha desvalijado por completo esa idea de que el feminismo es un movimiento de un determinado tipo de mujeres, de un determinado tipo de ideología y de un determinado tipo de protesta», sostiene Violeta Assiego, activista por los Derechos Humanos y abogada.

Laura Freixas: «El #MeToo es la manifestación de que muchas mujeres hemos dejado de callarnos»

No es casualidad que «feminismo» fuera declarada como palabra del año por el diccionario estadounidense Merriam-Webster, que revela que, en 2017, las búsquedas del término se incrementaron más de un 70% respecto al ejercicio anterior. «Lo vimos muy claramente con la huelga del 8 de marzo en España, y en el movimiento de las periodistas: allí estaban Ana Rosa Quintana y también becarias, desde situaciones y posiciones sociales muy diferentes, con realidades ajenas, denunciando lo mismo: por un lado, la impunidad de las agresiones de los hombres hacia las mujeres y, por otro, la desigualdad que existe en el trato hacia las mujeres en todos los contextos», añade Assiego.

La Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE determinó, a través del mayor estudio realizado hasta ahora, publicado en 2014, que una de cada tres mujeres ha experimentado agresiones físicas o sexuales, aunque solo el 34% denuncia los hechos más graves. Asimismo, un 12% ha sido víctima de agresiones sexuales en la infancia y un 43% ha sufrido violencia psicológica por parte de alguna pareja. Para la escritora Laura Freixas, «el #MeToo es la manifestación de que muchas mujeres hemos dejado de callarnos. Representa el momento en que perdimos el miedo». «El patriarcado –arguye– se basa en el silencio. La prostitución, el aborto, las violaciones, la desmitificación de la maternidad… eran temas de los que no se hablaba hasta que las feministas los sacaron. Temas tabúes. El acoso sexual, la prepotencia y el abuso de poder de muchos hombres respecto a las mujeres que les rodean es algo que todas hemos vivido en cierto grado».

Desde comentarios humillantes, acoso callejero o toqueteos en una fiesta, hasta chantajes sexuales, masturbaciones de desconocidos en el autobús o violaciones dentro y fuera del ámbito familiar. Los millones de testimonios que inundaron Twitter se escribían en todos los idiomas y relataban experiencias de toda índole y gravedad.

Miguel Lorente: «El movimiento ha ayudado a identificar el acoso, y a tomar conciencia de su dimensión y su transversalidad»

Los «crímenes pasionales», esas «cosas de pareja», han dejado paso al «Nos están matando» o al simple pero tajante «No es no», que ha removido las entrañas de la sociedad, pero también, y, sobre todo, de nuestra propia intimidad. «El #MeToo ha ayudado a identificar el acoso. Ha permitido tomar conciencia de esa realidad en cuanto a su existencia, su dimensión y su transversalidad más allá de los contextos», asegura Miguel Lorente, médico forense y ex delegado del Gobierno para la Violencia de Género. «Hay conductas, actitudes y estrategias que abordáis las mujeres que los hombres ni nos planteamos. Cuando hoy me he subido al metro, no he adoptado ninguna medida para evitar que alguien pase por mi lado y se roce. La amenaza no es ficticia, y tomar conciencia de ella no quiere decir que surja, pero sí permite adoptar un enfoque crítico para enfrentarse a ella», añade.  Uno de los grandes debates, en opinión de Lorente, es el consentimiento, «precisamente porque antes se consideraba innecesario». «Quizá ahora tengamos ciertas dificultades para establecer los límites, pero esta es la parte que nos toca resolver. Lo que es inaceptable es que el consentimiento sea lo que yo, hombre, considero que debe ser el límite. Tenemos que replantear la dinámica de las relaciones», concluye.

#metoo

Una encuesta de la cadena estadounidense MTV entre jóvenes de 18 a 25 años reflejó que a uno de cada tres hombres «le preocupaba que algo que hubiera hecho pudiera ser percibido como acoso sexual». Otra encuesta, esta vez del Centro Pew de Investigación estadounidense, concluyó que el fragor del #MeToo supone «nuevos retos para los hombres a la hora de relacionarse con sus compañeras de trabajo». De hecho, más de la mitad de los entrevistados consideró que los recientes acontecimientos hacen «más complicado» entablar estas relaciones, por miedo a malentendidos.

Fue muy sonado el manifiesto que un centenar de actrices e intelectuales francesas publicaron en el diario Le Monde tras la irrupción del #MeToo, denunciando «totalitarismo» en el movimiento: «La violación es un crimen. Pero la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista». Así comenzaba la misiva, que alertaba del peligro de convertir la «protesta legítima» por la violencia sexual en una «caza de brujas» o en una especie de «nuevo puritanismo», así como de poner al mismo nivel que violadores a «personas que no lo merecen», sin darles la oportunidad de defenderse.

Violeta Assiego: «El señalamiento no es el camino. No se trata de buscar justicia, sino de hacer justicia»

También la escritora Margaret Atwood, autora del aclamado Cuento de la criada, se expresaba sobre los riesgos de esa justicia «rápida y popular»: «La sentencia sin juicio es el comienzo de la respuesta a la falta de justicia. O el sistema está corrupto, como en la Francia prerrevolucionaria, o simplemente no existe, como en el Lejano Oeste, así que la gente se toma la justicia por su mano. El movimiento ha sido muy efectivo y se ha vivido como una llamada al despertar multitudinario. ¿Pero qué viene después?».

«Ese qué viene después es muy importante», responde Violeta Assiego. «Todo este tipo de conquistas de derechos, de visibilización y de justicia tiene que ser siempre impartida desde un enfoque de derechos, tener presente a las víctimas –que hasta ahora no se nos ha tenido–, pero siempre garantizando que las medidas sean proporcionadas y respeten los derechos de las personas a las que acusas. El señalamiento no es el camino. No se trata de buscar justicia, sino de hacer justicia», advierte. Un año después de su eclosión, el #MeToo se transforma en lo que siempre quiso ser: un preámbulo para la reflexión que marque el ca- mino hacia la igualdad real.

 

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