Cultura

«Decir que se ahogan inmigrantes, y no personas, los deshumaniza»

Fotografía

Luis Meyer
¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 5 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
10
Jul
2018
chojin

De padre ecuatoguineano y madre extremeña, el rapero madrileño El Chojin utiliza el poder del verso como arma por la justicia social. Tras la sencillez que arrastran sus letras, se esconden contundentes mensajes que moldea a través de su gran pasión: el arte de la música. El compositor nos recibe con la naturalidad que aporta un bar para hablar de los temas que agitan sus canciones, y el mundo.

Walt Whitman dijo: «Nunca dejes de creer que las palabras y la poesía pueden transformar el mundo». Tú saltas todas las barreras imaginables: eres artista, poeta, comunicador… ¿Diferentes formas para el mismo fin?

Efectivamente, son distintas formas de hacer lo mismo. La comunicación y el periodismo son un ejemplo clarísimo, no tienen que limitarse a un formato. Empecé haciendo rap siendo muy joven, porque era algo que me llamaba la atención y estaba de moda en mi barrio, pero poco a poco te vas dando cuenta de que puedes hacer lo mismo de manera distinta y llegar así a más gente. No quería limitarme a aquellos que querían escuchar mi música, y fui encontrando nuevas fórmulas. Empecé haciendo recitales de poesía por Madrid y descubrí que había muchas posibilidades, que a día de hoy aún no he descubierto hasta dónde llegan. Transformar el mundo es muy ambicioso, y si quieres ser honesto en realidad es prácticamente imposible. Pero sí creo que todos tenemos la responsabilidad de ser agentes activos de la sociedad, dejando de echar la culpa de todo lo malo a la gente, como un ente abstracto. Nosotros somos la gente, y si no cambiamos nosotros las cosas, nadie las va a cambiar. Debemos ser protagonistas de lo que ocurre a nuestro alrededor e intentar influir en las cosas que pasan. Pequeñas cosas, para hacer de nuestro alrededor un lugar un poquito mejor.

Desde la aprobación de la llamada «ley mordaza» en 2015, varios artistas han sido procesados, e incluso medios como The New York Times advierten sobre el peligro de la libertad de expresión en España. Recientemente, a raíz del caso de Valtonyc, escribiste un tema sobre ello. ¿Estamos retrocediendo?

Sí. Aunque depende para quién, para los que ponen esas leyes estamos avanzando. Somos animales gregarios, necesitamos líderes y lo malo de eso es que muchas veces ellos toman decisiones que van en contra del bienestar de los demás. Por ahí arriba se ha considerado que ya está bien de tanto molestar. Y funciona, porque cuando asustas a alguien evitas que esa persona siga molestando. Se parece mucho al control que vemos en libros distópicos como 1984. Prohíbe a la gente hablar, ya que si la gente no habla, no habrá comunicación. Sin comunicación, nadie puede estar de acuerdo y no pueden crearse redes que combatan aquello que no nos gusta. Está funcionando. Mi responsabilidad, no solo como civil, sino como artista, es no aceptarlo en ningún caso.

«Mi responsabilidad, no solo como civil, sino como artista, es no aceptar la ‘ley mordaza’ en ningún caso»

Amnistía Internacional escogió tu tema Ponte en mi piel para concienciar sobre el drama de aquellos que deben dejar sus hogares atrás para buscar un futuro. ¿Qué supuso para ti dar voz a quienes se encuentran tras esta realidad?

Fue un momento muy importante, ya que empezó a darle sentido a lo que estaba haciendo. Cuando comencé a hacer rap, era tan joven que no era consciente de su trasfondo. Ese tipo de cosas me fueron convenciendo de que lo que yo hacía era más que simplemente rimar en mi barrio para mis colegas y que podía haber una utilidad real detrás. Además, el tema de las migraciones siempre me ha tocado muy de cerca por cuestiones familiares, y creo que criminalizar la inmigración es un grave problema que debemos atajar como sociedad. Tenemos que eliminar los prejuicios negativos que hay alrededor de los movimientos de las personas, que hacen que a menudo dejemos de verlas como seres humanos y las convirtamos solamente en inmigrantes. Debe entenderse que es una cuestión de circunstancias.

CHOJIN

¿Qué papel tienen los medios?

Los medios lo están haciendo fatal, porque han eliminado el significado de la palabra inmigrante. Cuando se comunica que se ha encontrado una patera en aguas internacionales llena de inmigrantes, le estamos faltando directamente al castellano: si no has llegado, no eres inmigrante. O cuando denominamos subsaharianos a la gente que llega, porque «Subsaharia» no existe: son personas y no sabes de dónde vienen. Se utilizan también a menudo las palabras «invasión» o «personas ilegales». Hay una ética detrás de esto y simplemente hay que cumplirla y hablar de personas. Parece que vale menos decir que se ahogan inmigrantes que decir que se ahogan personas. Estamos hablando del valor de las palabras, de cómo son capaces de despersonalizar, de deshumanizarles. Hay que cumplir con lo que sabemos que hay que hacer: no tiene sentido estar denunciando algo a la vez que echamos leña al fuego.

Lo mismo ocurrió con el tema El final del cuento de hadas, que lucha contra la violencia de género. Echando la vista atrás años más tarde… ¿crees que estamos cerca de lograr la igualdad?

Debería decir que no para que no bajemos la guardia, pero en el fondo creo que sí, y tiene que ver con la concienciación. Recuerdo que en los 80 no existía la violencia machista. Como no existía el concepto, eran cosas que pasaban en casa y ya está. Creo que ya le hemos puesto un nombre que retrata más lo que ocurre. Al hacerlo, creamos conciencia, y al crear conciencia, la gente reflexiona. Sí hemos avanzado, pero no es suficiente. Y no hablo solo de los hombres que matan a las mujeres, porque eso son asesinos, hablo de la concepción de la sociedad respecto al papel de la mujer y del hombre. Vamos en la buena dirección, y es sorprendente porque como especie casi todo lo hacemos mal –nos cargamos hace unos meses al último rinoceronte blanco–, pero esto en concreto va por el buen camino.

¿El lenguaje determina el pensamiento?

Sí. Si no tienes una palabra que defina lo que piensas, te cuesta incluso pensarlo. Quien controla el lenguaje, controla el pensamiento, y en ese punto volvemos a la responsabilidad de los medios de comunicación. He estado en charlas con gente que lo que hacía era hacer propio el editorial que había leído el día anterior en un periódico. Las palabras se quedan grabadas y puedes terminar pensando que son tuyas sin mayor reflexión, cuando te han venido de fuera.

«En los años 80 no se hablaba de ‘violencia machista’. Por eso se consideraba un problema que pasaba en casa, y ya está»

Tu canción Soy y no soy pretende destruir todas esas etiquetas con las que categorizamos nuestro pensamiento sobre el mundo que nos rodea. ¿Es la reflexión la llave para librarnos de los prejuicios?

Sí, hago talleres con chavales en institutos, y cuando los profesores vienen y me dicen «es increíble, funciona», me da pena que sorprenda. Cuando estamos utilizando la lógica, lo normal es que la gran mayoría de nosotros la entienda y ya está. Si te presentas a un chaval y le preguntas si hay lógica en que un hombre pegue a su mujer, en el momento en el que reflexione, va a llegar a la conclusión de que no lo es, no hay que convencerle. El problema es que no solemos reflexionar, sino que hacemos propias ideas de otros. Queremos soluciones rápidas y es más fácil leer una frase en Facebook que te diga qué es lo que tienes que hacer en vez de experimentar lo que te toca.

Otro de los temas en los que estás involucrado es la lucha por el medio ambiente. Sabemos que el único futuro posible para nuestro planeta pasa por transformar radicalmente nuestra manera de consumir y adentrarnos en una economía circular que ya llega tarde. ¿Cómo acelerar esta transición?

Creo que hay dos vías, una es la educación, y la otra es que nos extingamos de una vez y dejemos al planeta tranquilo. Lo que está fallando tiene que ver con la comodidad. Podemos ser conscientes de que algo no está bien, pero aún así lo hacemos porque es más fácil. Pasa con todo: te informan sobre el problema con el coltán de los móviles, las minas y los niños, y preferirías que esos niños no lo pasaran mal, pero luego te compras un teléfono y si tiene coltán o no te da igual. Somos así. En Los Simpson lo retratan muy bien: hay un capítulo en el que Homer es uno de esos colonos ingleses que están conquistando América, y comienzan a matar a todos los bisontes que se encuentran. Llega un momento en el que ya todos están muertos y Lisa dice: «Papá, ¡se han extinguido todos los bisontes!». Él se pone de rodillas, y dice: «¡No! ¡¿Por qué?!». En ese momento, aparece un bisonte y lo mata también mientras se lamenta. Esa escena retrata cómo somos. Llegados a este punto, lo que puede funcionar más es el miedo, ya que la conciencia no está dando el fruto suficiente a la velocidad que debería. Basándonos en datos reales, sin engañar a nadie, estamos en un punto que no es sostenible. No podemos deforestar la selva a la velocidad a la que lo estamos haciendo, porque estamos matando nuestro pulmón.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME