Raffaella Carrà
La italiana que cambió la televisión
Primero en Italia y luego en España, sus programas televisivos renovaron formatos y abrieron nuevas puertas a las profesionales del sector. Carrà cantaba a la libertad y al derecho a ser una misma, lo que la ha convertido en un icono feminista y LGTB.
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La carrera de Rafaella Carrà empezó cuando era muy joven, aunque implicó dar un par de pasos en falso antes de llegar al estrellato. Se había criado con su madre y su abuela materna en Bellaria, un pueblo costero italiano, después de que su padre abandonase a la familia cuando era muy pequeña. Su abuela fue quien la empujó a convertirse en artista, como recoge la docuserie Raffaella (Disney +).
Lo intentó en Roma primero como bailarina de ballet, pero no logró establecer una carrera. Saltó a la interpretación, aunque no lograba tampoco encajar en lo que en los años 50 se buscaba en Italia. Aun así, fue en el Centro Experimental de Cinematografía donde le cambiaron el nombre, pasando de ser Raffaella Pelloni a Raffaella Carrà, la identidad artística que ya no le abandonaría. En los 60 logró convertirse en «la chica italiana» que buscaba la Century Fox para una película con Frank Sinatra. La productora firmó un contrato por tres años con ella y se trasladó a Hollywood. Pronto, como cuenta el documental, se dio cuenta de que aquel «no era mi lugar» y regresó a Italia.
Fue en ese momento y tras dos experiencias frustradas en dos terrenos diferentes cuando Carrà encontró su sitio: en realidad, estaba llamada a convertirse en una de las estrellas transfronterizas de la televisión de la segunda mitad del siglo XX y en una fuerza de cambio en cómo se hacían los programas.
La primera aparición de Carrà en las pantallas televisivas italianas fue como una secundaria en un programa de la RAI. Estaba allí para apoyar a la estrella, un artista francés que en realidad no hablaba italiano. Sin embargo, ella se convirtió, por su propio peso, en un éxito. Al público le gustaban sus bailes y conectaba con su personalidad.
«Raffaella era una mujer libre en un mundo puritano y patriarcal», apuntan en un documental sobre la artista
En los años siguientes, Carrà se convirtió en una de las grandes estrellas de la RAI, cantando, bailando (sus canciones entraron en las listas de éxitos) y siendo la anfitriona de los programas de variedades del fin de semana. Su vestuario (fue la primera en salir en la tele con el ombligo al aire) la convirtió en el centro de muchas polémicas. «Raffaella era una mujer libre en un mundo puritano y patriarcal», apunta una de las personas cercanas a ella en el ya citado documental. Fue justo eso lo que la acabó convirtiendo en un icono tanto para la comunidad LGTBIQ+ como para el feminismo. El cantante Tiziano Ferro destaca en la serie su «extrema coherencia consigo misma». En sus canciones, reclamaba que la mujer ya no era un objeto y también la libertad de ser una misma, así como de elegir. Y, en sus diferentes actividades a lo largo de las décadas, posicionó modelos alternativos y abrió puertas a las mujeres.
A mediados de los 70, ya era un icono pop en Italia, pero en lugar de quedarse en lo conocido decidió aventurarse fuera de sus límites. En la cumbre de su estrellato, se lanzó a conquistar el mercado televisivo español. Carrà, con sus canciones libres y sus propuestas rompedoras, llegó a Televisión Española en los estertores de la dictadura franquista. También en España se convirtió en un éxito, incluso si no todo el mundo la recibía con los brazos abiertos (cuando presentó Fiesta, un hombre del público quiso tirarle un vaso porque creía que ridiculizaba lo español).
Durante los 70, Carrà se convirtió en una estrella musical internacional. Explota explota fue un éxito tal que hizo versiones en alemán, francés o inglés además de en castellano e italiano. A finales de la década, alcanzó el estrellato también en Latinoamérica, donde protagonizó giras multitudinarias y logró un reconocimiento tan elevado que no podía salir de los hoteles sin verse sepultada por masas de fans.
‘Explota explota’ fue un éxito tal que hizo versiones en alemán, francés o inglés además de en castellano e italiano
En esos años, como cantante y como presentadora de programas de variedades/musicales, había ya logrado renovar la televisión. En los 80, volvió a reinventarse, retornando a la televisión con otro tipo de programas. Primero, lanzó un matinal en la RAI, Pronto, Raffaella?, en el que interactuaba con la audiencia vía llamada telefónica. Hasta entonces, ese era un segmento horario y un público (el de amas de casa) al que la televisión italiana no había prestado mucha atención. Carrà arrasó y el modelo fue un éxito, tanto que la ciudadanía usaba al programa y sus llamadas como la vía para solventar problemas o darlos a conocer a la opinión pública.
El éxito de Carrà era tal que sus contratos eran millonarios, tanto que el parlamento italiano debatió en dos ocasiones en esa década si la televisión pública debía pagar tan elevados salarios. En aquellos momentos era una de las artistas mejor pagadas de Europa y, en esos años, defendía que si los ingresos publicitarios se habían multiplicado (lo había hecho por 5) su salario debía hacerlo también. Hoy, de hecho, las reclamaciones salariales de Carrà son una de las cuestiones que más se destacan por su condición pionera. Así, reivindicó la paridad salarial a la RAI («si trabajo igual que un hombre, cobro igual que un hombre», les dijo a sus directivos) y exigía también condiciones laborales adecuadas para quienes trabajaban en sus programas.
Volviendo a los 80, el público la amaba, pero la prensa italiana inició una campaña de acoso y derribo, como cuenta la docuserie, que pasó factura a la estrella. Carrà dejó la televisión pública para dar el salto a la privada, pero allí no cuajó, antes de volver una vez más a España, donde en los primeros 90 arrasó también con ¡Hola Raffaella! Su carrera televisiva terminó en Italia, con Carramba, che sorpresa. Durante el siglo XXI sus apariciones televisivas fueron más esporádicas, hasta su muerte en 2021.
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