Derechos Humanos

Los niños pigmeos reciben droga a cambio de trabajo

Survival International publica un informe donde denuncia la situación de los pueblos indígenas de todo el mundo. Desprovistos de sus tierras y su forma de vida, caen en las drogas para escapar de la realidad.

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16
Feb
2015
© C. Fornellino Romero (Survival International)

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Sara Maroto

En 2013, comerciantes de la República del Congo pagaron a niños indígenas con pegamento para esnifar y alcohol a cambio de vaciar letrinas, según el informe ‘El progreso puede matar’ realizado por Survival International. Y no es el único caso de remuneración en forma de drogas: el pueblo indígena baka (Camerún), expulsado ilegalmente de su hogar en la selva, recibe a menudo como contraprestación cinco vasos de licores caseros por medio día de labores manuales.

La causa de estas prácticas se debe a la desposesión de sus tierras que sufren los pueblos indígenas a lo largo de todo el mundo. Indigentes forzados y en una situación desesperada, se entregan a drogas baratas y asequibles para escapar de sus problemas. Se establecen ciclos que no pueden romperse tratando a individuos o a sus síntomas, y toda su sociedad se derrumba. Los bebés nacen con síndrome alcohólico fetal, los niños reciben poca atención de sus padres adictos, los adolescentes siguen el ejemplo y los padres drogadictos son rechazados por las nuevas generaciones.

Las palabras de Boniface Alimankinni, un aborigen isleño tiwi (Australia) reflejan la angustia de la situación en la que viven miles de personas: «No sentíamos respeto por nosotros mismos y no teníamos nada que dar a nuestros hijos más que violencia y alcoholismo. Nuestros niños están atrapados entre un pasado que no entienden y un futuro que no les ofrece nada».

Ya en 1997, el Real Colegio Australasiano de Médicos (RACP) advirtió: «La salud de los aborígenes es trágicamente precaria… la causa fundamental es la pérdida de control sobre sus vidas provocada por varios factores que incluyen el despojo continuado de tierras, la desestructuración cultural, la pobreza, la deficiente educación y el desempleo».

A pesar de todos los llamamientos, el robo ilegal de terrenos continúa hoy en día. Los indígenas de Iguazú (Argentina) pierden anualmente el 10% de sus tierras, y no pueden cultivar alimentos suficientes. Al otro lado de la frontera se encuentra una de las regiones más ricas de Brasil, donde viven unos 11.000 indígenas guaraní, hacinados en un área que apenas puede mantener a 300 personas.

En palabras del director de Survival International, Stephen Corry: «Incluso la nueva atención sanitaria es insuficiente para contrarrestar la devastación causada por el despojo de tierras. El desarrollo forzado sobre los pueblos indígenas nunca les genera una vida más larga y feliz, sino una existencia desalentadora y breve de la que solo se escapa con la muerte. El ‘progreso’ ha destruido a muchos pueblos indígenas y amenaza con destruir a muchos más».

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