Siglo XXI: Conquistas y retos en el acceso al agua

Desde 1990, 2.100 millones de personas han conseguido acceso al agua potable

768 millones de personas todavía siguen sin acceso al agua potable

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Mar del Plata, Dublín, Marrakech, Kyoto, México, Estambul, Marsella… ¿Qué tienen en común estas ciudades?: todas ellas han albergado desde 1977 foros internacionales relacionados con la problemática global del agua, que han reunido a gran número de entidades públicas y privadas de todo el mundo.

Estos y otros eventos muestran que el acceso al agua potable y la sostenibilidad de los recursos hídricos han estado muy presentes en la agenda política internacional de las últimas décadas. De hecho, la inclusión de una meta sobre acceso al agua en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en el año 2000 reafirmaba al agua como uno de los desafíos más relevantes en la lucha contra la pobreza.

En algunas regiones, un tercio de los ingresos de los hogares se destinan a la compra de agua.

Estos foros buscaban dar respuesta a las dificultades de acceso al agua de la población más vulnerable, lo que causa tremendas consecuencias:

Salud: según Naciones Unidas, cada año mueren más personas a causa de un agua insalubre que por muerte violenta, incluida la guerra, y la mayor parte de enfermedades relacionadas con el agua afectan a niños y niñas menores de 5 años.

Educación: las enfermedades vinculadas al agua y la recogida de ésta por niñas y niños disminuye su rendimiento escolar.

Ingresos: la productividad laboral disminuye a causa de las enfermedades o por la dedicación a la recogida de agua, fundamentalmente por las mujeres. En algunas regiones, un tercio de los ingresos de los hogares se destinan a la compra de agua.

Alimentación: los problemas de acceso al agua impiden un adecuado desarrollo de la agricultura y ganadería, lo que supone un freno a una alimentación adecuada.

Existen datos que incitan a ver la situación actual como un vaso “medio lleno”. Desde 1990, 2.100 millones de personas han conseguido acceso al agua potable, resultado de políticas nacionales y de la cooperación internacional, alcanzándose la meta de acceso al agua incluida en los ODM. Además, en 2010 Naciones Unidas reconocía el agua (y el saneamiento) como un derecho humano, lo que suponía un hito histórico perseguido durante mucho tiempo por ONG y algunos gobiernos.

Pero también hay razones para ver el vaso “medio vacío”. A pesar de todos los foros internacionales mencionados, y del impulso que supone el reconocimiento del agua como un derecho humano, 768 millones de personas todavía siguen sin acceso al agua potable de forma suficiente, saludable, aceptable, físicamente accesible y económicamente asequible. En algunas zonas la situación es especialmente crítica, como en África subsahariana, en donde el 37% de la población de carece de acceso al agua.

Se vea como se vea el vaso, existen soluciones para llenarlo. En regiones de Tanzania en donde ONGAWA ha llevado a cabo programas de agua, saneamiento e higiene se ha erradicado el cólera, y reducido notablemente las enfermedades relacionadas con el agua. Por tanto, es tan solo cuestión de voluntad política y ciudadana (para demandar compromisos) que impulsen políticas e infraestructuras coherentes con el derecho humano al agua, fomentando la participación ciudadana en la definición de estas políticas.

Porque si le preguntamos a cualquiera de los más de 750 millones de personas cómo ve el vaso, ¿qué pensáis que dirá?


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