'Vita', de Xabi Uribe-Etxebarría
Lo que entendemos por vida
¿Y si la vida no fuera una cuestión de blanco o negro, sino más bien un espectro de grises? ¿Acaso puede entenderse como un fenómeno gradual? ¿Existe un «espectro de lo vivo»?
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La imagen tradicional de la vida nos presenta una frontera clara: algo está vivo o no lo está. Un perro está vivo; una piedra, no. Sin embargo, a la luz de los descubrimientos actuales, esa división categórica empieza a tambalearse. ¿Y si la vida no fuera una cuestión de blanco o negro, sino más bien un espectro de grises? ¿Acaso puede entenderse como un fenómeno gradual? ¿Existe un «espectro de lo vivo»? ¿Y si estar vivo no fuera una cuestión binaria, sino de grado?
Hoy sabemos que ese umbral entre lo vivo y lo inerte es cada vez más difuso. Existen formas de existencia que parecen habitar justo en ese límite, desafiando las categorías con las que intentamos definir la vida. Los virus, por ejemplo, no se consideran seres vivos: no pueden reproducirse por sí mismos y necesitan invadir células ajenas para multiplicarse. Los priones, por su parte, son aún más desconcertantes. Aunque no están técnicamente vivos según la definición biológica clásica —son simples proteínas sin material genético, ni ADN ni ARN—, exhiben comportamientos que imitan rasgos fundamentales de lo vivo, como la capacidad de autorreplicarse y de evolucionar.
También están los xenobots, diminutos organismos creados en laboratorio a partir de células de rana, capaces de moverse, autorrepararse y formar nuevas versiones de sí mismos. Y no debemos olvidar las protocélulas sintéticas, que reproducen algunas de las funciones básicas de los seres vivos —como la compartimentación o ciertos procesos metabólicos— pero carecen de otras que muchos consideran esenciales, como una herencia genética estable o una evolución abierta en el tiempo.
Más recientemente, en 2025, se dio a conocer a Candidatus Sukunaarchaeum mirabile, un microorganismo identificado en una comunidad microbiana asociada a un protista5 marino en Japón, y que parece situarse en la frontera entre lo vivo y lo no vivo: demasiado dependiente de su huésped para sobrevivir por sí mismo, pero al mismo tiempo dotado de una maquinaria genética demasiado compleja para considerarlo inerte.
Otro de los ejemplos más ilustrativos —y quizá más bellos— que invitan a dejar de pensar en la vida como una frontera nítida es el de una semilla de palma datilera hallada en las ruinas de Masada, en Israel. Esta semilla, que permaneció en estado latente durante unos 2.000 años, logró germinar cuando fue plantada por científicos en 2005. Durante milenios, no mostró ningún signo evidente de vida: no crecía, no se reproducía, no interactuaba con su entorno . Y, sin embargo, conservaba en su interior el potencial para hacerlo. ¿Estaba muerta durante todo ese tiempo? ¿O solo «dormida»?
Muchos investigadores proponen que la vida no es un estado binario, sino un continuo, un espectro
Como se ve, estos casos no encajan fácilmente en la definición clásica de ser vivo, y eso ha llevado a muchos investigadores a proponer una idea distinta: que la vida no es un estado binario, sino un continuo, un espectro. Según este enfoque, distintas entidades exhiben grados variables de lo vivo, en función de los rasgos que presentan: metabolismo, reproducción, evolución, autorreparación, entre otros.
Cuando le planteé esta cuestión a Jack Szostak, me confesó que él mismo no sabría decir con claridad dónde termina la química y comienza la biología. La respuesta más honesta que podemos dar hoy es esta: estamos en una zona borrosa, un terreno intermedio donde las certezas se disuelven y la vida comienza a esbozarse sin límites nítidos. Por tanto, en lugar de preguntar si algo está vivo o no, quizá deberíamos preguntarnos cuánto lo está. Y si la vida es un continuo, quizá su manifestación se parezca más a la formación de una duna que al cruce de una frontera bien definida. ¿En qué momento exacto un montón de arena se convierte en una duna? No existe un grano concreto que marque el umbral .
Este texto es un extracto de ‘Vita’ (Debate), de Xabi Uribe-Etxebarría.
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