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Ser padres en la era digital

Lo que necesitamos como padres no es castigarnos a todas horas, sino pensar en formas de dar buen ejemplo digital explícito.

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09
octubre
2026

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El ejemplo que damos los adultos cuando utilizamos tecnología digital se suele definir de dos maneras: o estamos dando mal ejemplo —utilizamos demasiado los dispositivos o los usamos mal— o solo damos buen ejemplo si no recurrimos a las pantallas. Esta percepción tiene fundamento, porque queremos que nuestros hijos hagan un uso equilibrado, seguro, responsable, creativo y consciente de la tecnología, pero ¿y nosotros? ¿Nos ven haciendo un uso equilibrado, seguro, responsable, creativo y consciente de la tecnología?

Pero el ejemplo digital no es tan simple: no es lo mismo no dar mal ejemplo que dar buen ejemplo activo. Que nuestros hijos nos vean utilizar tecnología es algo absolutamente cotidiano. Usar mucho el móvil no es necesariamente un mal ejemplo si estamos mirando qué tiempo va a hacer, buscando una dirección, controlando nuestra glucosa, pidiendo una cita médica, leyendo las noticias, consultando los niveles de polen, pidiendo un taxi, pagando el aparcamiento, haciendo una transferencia o poniendo una alarma.

Utilizamos dispositivos digitales constantemente; no se puede afirmar que hacerlo sea, por sí mismo, dar mal ejemplo. Lo que necesitamos no es castigarnos a todas horas, sino pensar en formas de dar buen ejemplo digital explícito, precisamente usando dispositivos. No porque no los utilicemos mucho o mal, sino porque los utilicemos, mucho o poco, pero bien.

No es lo mismo no dar mal ejemplo que dar buen ejemplo activo

¿Cómo te ven tus hijos utilizar la tecnología? ¿Siempre es trabajo o siempre es placer? ¿A veces sirve para ayudar o escuchar a alguien? ¿Para aprender algo nuevo, mejorar como persona o hacer algo creativo? ¿Para organizar planes, compartir, disfrutar o enseñar?

Dar buen ejemplo digital puede empezar por compartir en familia el uso de la tecnología: hacer juegos o concursos en línea, repartir tareas digitales para planificar un viaje — consultar itinerarios, mapas, hoteles o excursiones—, utilizar aplicaciones de geocaching para buscar tesoros u organizar un regalo buscando ideas y manualidades.

También podemos compartir el entusiasmo de nuestros hijos por sus aficiones digitales. Si tu hijo te pide que lo mires mientras juega una partida con la consola o te habla sobre su videojuego favorito, intenta participar como lo harías con cualquier otra actividad de la que disfrutara. No podrás hacerlo siempre, pero sí en alguna ocasión.

Cuando tus hijos te pidan un juego, una aplicación o formar parte de una red social, darás buen ejemplo si buscas con ellos información para entender en qué consiste lo que solicitan y tomar una decisión que vean que tiene una base. Explicarles qué compartes sobre ellos en tus redes y enseñarles una fotografía antes de publicarla también es dar buen ejemplo. No se trata únicamente de pedir permiso, sino de ayudarlos a naturalizar la reflexión que debería existir detrás de aquello que comentamos o difundimos en Internet.

También es importante mantener conversaciones sobre su móvil y sobre el tuyo: qué veis en las redes o en los chats, qué os incomoda o gusta, cuánto tiempo utiliza cada uno los dispositivos y cuáles son las aplicaciones que más empleáis a lo largo del día y por qué.

Podemos elegir contraseñas familiares y personales, marcar cada cierto tiempo un día para actualizarlas y ayudarlos a crear las suyas cuando empiecen a necesitarlas. También podemos reflexionar en voz alta sobre cómo nos influye la realidad digital: el afán por gustar a los demás, la disponibilidad constante, los mensajes a deshoras, aquello que vemos en las redes o los conflictos que surgen en ellas.

Cuéntales cuánto te distrae —o no— tu móvil, qué te cuesta entender de la tecnología o por qué echas de menos cómo era tu infancia. Todo eso es dar buen ejemplo.

Además de regañarlos, cuando haga falta, por sus errores digitales —«otra vez con la consola», «siempre estás mirando el móvil», «apaga ya la televisión»—, no olvidemos reconocer también sus logros: «Me he dado cuenta de que durante los exámenes no has encendido la consola»; «Desde que estás en Instagram nunca he visto nada que no me haya gustado, enhorabuena»; «Con tantas cosas que oímos en las noticias sobre niños y móviles, estoy muy orgulloso de cómo utilizas el tuyo».

Eso también es dar ejemplo.

Estar disponibles las veinticuatro horas del día es imposible. El contexto personal de cada familia determinará en parte lo que podamos llevar a cabo. No pasa nada. Haz lo que puedas, pero haz algo.

Acostumbrarse a cualquier cosa lleva tiempo e implica repetir determinadas conductas. Las buenas costumbres digitales pasan por controlar el tiempo, sin duda, pero también por cuidar la calidad de la experiencia digital, la compañía, la conversación y el ejemplo adulto.

Necesitamos reflexionar sobre nuestra propia vida conectada y conocer mejor las experiencias que nuestros hijos buscan al construir la suya. Piensa en tu vida cotidiana, en los hábitos digitales que realmente estás potenciando y en si podrán convertirse en costumbres razonables y sostenibles en el tiempo.


Este texto es un extracto de ‘Ser padres en la era digital’ (Plataforma Editorial, 2026), de María Zabala. 

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