La salud que nos une: un enfoque global para un mundo interconectado
En un contexto marcado por crisis climáticas, sanitarias y sociales, el enfoque One Health plantea una mirada más amplia: reconocer la interdependencia entre personas, animales y ecosistemas para abordar los desafíos de forma conjunta.
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Todo empieza mucho antes de una consulta médica. Empieza en el aire que respiramos, en el agua que bebemos y en los ecosistemas que sostienen la vida. Sin embargo, históricamente hemos pensado la salud desde una lógica que nos sitúa en la cúspide de la jerarquía de especies, por encima del resto de los seres vivos. Esta visión resulta cada vez más limitada en un contexto global marcado por crisis sanitarias, climáticas y sociales que evidencian una realidad incuestionable: formamos parte de un sistema complejo e interconectado.
Se estima que el 60% de las enfermedades humanas tienen origen animal y que el 75 % de las infecciosas emergentes están ligadas a esta interrelación. El cambio climático o la pérdida de biodiversidad agravan estos riesgos y facilitan su propagación. Lo que ocurre en un ecosistema remoto puede terminar afectando a todos.
Ante esto, el enfoque One Health plantea la salud como un sistema interdependiente entre personas, animales y entorno, y abordar los desafíos desde la colaboración, la prevención y la acción conjunta. Esto implica coordinar decisiones entre sectores, integrar conocimiento científico y avanzar hacia modelos capaces de responder de forma conjunta a problemas que ya no entienden de fronteras.
Asumir esta mirada exige transformar la manera en que se actúa. En este proceso, el papel del sector empresarial resulta decisivo. En el caso de MSD, esta visión se traduce en una estrategia de sostenibilidad articulada en cuatro ejes que integran las dimensiones humana, animal y ambiental.
Proteger los ecosistemas es proteger las condiciones que hacen posible la vida
El primero, el acceso a la salud, parte de una idea esencial: no puede haber salud global si persisten las inequidades. Ampliar el acceso a medicamentos y vacunas innovadoras, especialmente en contextos vulnerables, supone actuar sobre la enfermedad y sobre las condiciones que la perpetúan. Además, MSD promueve un uso responsable de los antibióticos desde una perspectiva One Health, impulsando la formación de profesionales, programas de optimización y la colaboración con instituciones. Como explica Bárbara Astilleros, directora asociada de Government Affairs de MSD en España, «una contribución clave es el impulso de la inmunización como herramienta esencial para prevenir infecciones y reducir la transmisión y el uso de antibióticos», un enfoque que permite avanzar hacia un abordaje más coordinado de las resistencias antimicrobianas.
El segundo eje pone el foco en las personas. La salud también se construye dentro de las organizaciones, a través de entornos de trabajo inclusivos, diversos y seguros, donde el bienestar es una condición para innovar y avanzar de forma sostenible. El tercer pilar, la sostenibilidad ambiental, conecta con One Health: reducir emisiones y optimizar el uso de recursos son compromisos ambientales y decisiones que impactan en el bienestar de todos. Proteger los ecosistemas es proteger las condiciones que hacen posible la vida.
Por último, la ética empresarial actúa como eje transversal: transparencia, integridad y responsabilidad generan confianza y guían la toma de decisiones en un ámbito especialmente sensible. Estos cuatro pilares dibujan una misma idea: la salud que nos une no es solo una reflexión, es una responsabilidad compartida en la que nos jugamos presente y futuro.

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