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El reverso del ‘déjà vu’

Existe un fenómeno opuesto al déjà vu, en el que una situación, lugar, palabra o persona que conocemos se percibe repentinamente como extraña.

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06
marzo
2026

En una reunión con amigos, por ejemplo, de repente tenemos la sensación de haber vivido esa situación en el pasado, aunque sabemos que no es cierto. Es una especie de familiaridad injustificada a la que llamamos déjà vu. Pero este fenómeno tiene un reverso menos conocido, igualmente misterioso: el jamais vu.

Es la experiencia de encontrarse con algo cotidiano y tener la sensación de que es nuevo, aunque una parte de nosotros sabe que no lo es. A veces, nuestro portal nos parece el decorado de una película; a veces, la cara de un familiar puede dejar de sentirse conocida durante unos segundos; incluso palabras comunes pueden parecer inventadas cuando las leemos repetidamente. De hecho, esto último se ha investigado de una forma sorprendentemente simple. En un estudio, los participantes copiaban una misma palabra hasta que algo se volvía raro. Alrededor de treinta repeticiones o un minuto, cerca de dos tercios afirmaron sentir algo parecido a un jamais vu. Por algún motivo, las palabras dejaban de serlo.

Tanto el déjà vu como el jamais vu son grietas en de los mecanismos cognitivos que sostienen nuestra sensación de realidad. Al fin y al cabo, vivir no es solo percibir; es reconocer lo percibido como encajado en una historia. «Esto ya lo conozco», «esto es una amenaza», «esto es irrelevante». Nuestro cerebro, más allá de etiquetar el mundo con un sello binario de visto/no visto, construye, a cada momento, un juicio que depende de la memoria, la atención y de la fluidez con la que procesamos lo que tenemos delante.

Tanto el déjà vu como el jamais vu son grietas en de los mecanismos cognitivos que sostienen nuestra sensación de realidad

En psicología de la memoria se distingue, de forma clásica, entre reconocimiento por familiaridad («sé que lo he visto, pero no puedo recuperar detalles») y recuerdo («puedo traer contexto sobre cuándo, dónde, con quién»). El déjà vu se parece a una familiaridad sin recuerdo, es decir, un «esto es de antes» sin el «dónde». Por eso, algunos expertos lo entienden como una ilusión basada en un error transitorio del sistema de memoria que genera una señal de familiaridad desanclada de evidencias. El jamais vu invierte el desajuste, en el sentido de que es un «no me suena» subjetivo en presencia de un «sí, lo conozco» objetivo. Y aquí la atención puede ser un elemento clave.

Cuando una tarea se vuelve tan repetida que la hacemos sin pensar, el sistema cognitivo corre el riesgo de quedarse atrapado en piloto automático. En esos momentos, el jamais vu podría aparecer como una especie de aviso, pues nos hace sentir que algo es extraño para obligarnos a detenernos, volver a prestar atención y revisar lo que estamos haciendo.

La neurociencia también ha intentado dar respuesta a esta incógnita, y la conclusión es que novedad y familiaridad no son simplemente «presencia o ausencia» de memoria. En realidad, parecen disponer de vías neuronales parcialmente diferenciadas que se combinan para guiar la exploración y la conducta. En modelos animales, un estudio describió un circuito donde señales vinculadas a novedad y señales de familiaridad convergen en núcleos del tronco del encéfalo para modular la preferencia por lo nuevo. Entonces, cuando se manipulan esas entradas, se altera la tendencia del animal a explorar lo novedoso o a tratar lo familiar como si lo fuera menos.

La realidad subjetiva parece ser un veredicto continuo, un «esto encaja», «esto no encaja». Cuando ese veredicto se desacopla, aunque sea por segundos, aparece una experiencia cercana a la desrealización, una especie de «el entorno está ahí, pero no se siente como suele sentirse». Este tipo de hallazgos, lejos de ser generalizables en humanos, sugieren que la sensación de familiar no depende únicamente de nuestros archivos de recuerdos, por lo que nos dan razones para seguir reflexionando sobre cómo la mente construye la realidad.

Lo más inquietante, y, a la par, lo más humano, es que lo familiar es una relación entre lo que vemos y lo que nuestra mente espera sentir al verlo. Quizá las locuciones déjà vu y jamais vu son la forma más romántica que hemos encontrado para describir que el sentido de realidad es una obra en marcha, una negociación entre memoria, atención y el arte de reconocer el mundo como nuestro.

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