Pasos hacia una economía en simbiosis con el territorio
El éxito económico y del emprendimiento no debería medirse solo por el crecimiento o la inversión, sino por su capacidad de generar un impacto positivo, sostenible y alineado con las necesidades del territorio y de la sociedad.
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Una economía puede inflar sus cifras macroeconómicas, crear empleo y atraer volumen de capital sin que esa actividad se traduzca en mayor productividad real, más bienestar social o una verdadera capacidad para navegar el futuro. Los indicadores tradicionales nos ofrecen a menudo una ilusión de prosperidad porque operan desconectados de la realidad física, ambiental y social de los lugares donde se despliegan.
El sector turístico en archipiélagos como Canarias o Baleares ilustra bien esta distorsión. Sobre el papel, las islas baten récords de facturación. En la escala del territorio, esa misma actividad convive con tensión hídrica, degradación de ecosistemas, dificultades severas de acceso a la vivienda y malestar ciudadano por la saturación de los servicios locales. Cuando un modelo económico arroja datos brillantes en los balances mientras precariza o tensiona la vida local, el problema no es de la ciudadanía: falla el modelo y también la forma en que medimos el éxito.
Con el emprendimiento ocurre algo similar. Nos hemos acostumbrado a evaluar su salud mediante un cuadro de mando simplificado: número de startups, capital captado o velocidad de crecimiento. Son métricas útiles para medir tracción financiera, pero resultan insuficientes para entender qué transforma esa actividad, qué problemas ayuda a resolver y qué huella perdurable deja en el lugar donde nace.
Trascender el relato de la hiperescalabilidad
Durante años, la cultura emprendedora ha situado el éxito en una única dirección: la hiperescalabilidad, las valoraciones millonarias y las salidas rápidas. No se trata de demonizar esta vía ni de anularla, sino de ensanchar el marco. El modelo hiperconcentrado no caerá por prohibición o enfrentamiento, sino porque la propia realidad física y ambiental terminará volviéndolo incompleto frente a los retos de nuestro tiempo.
Los modelos integrados y en simbiosis con el entorno no son una alternativa utópica; terminarán imponiéndose por pura lógica de adaptabilidad y supervivencia
Los modelos integrados y en simbiosis con el entorno no son una alternativa utópica; terminarán imponiéndose por pura lógica de adaptabilidad y supervivencia. La verdadera diferencia radica en el ritmo: qué territorios y actores deciden liderar hoy esta conversación narrativa y cuáles se adaptarán más tarde por inercia.
En esa intersección entre la startup y el entorno es donde cobra sentido el II Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto. Su propósito no es elaborar un ranking ni premiar el volumen, sino ofrecer una medición holística. En los sistemas complejos, las relaciones de causa y efecto casi nunca son lineales ni evidentes. El Índice observa el territorio como una trama viva: evalúa qué condiciones permiten que el impacto florezca de forma sostenida y qué conexiones faltan para transformar el talento en valor real.
La lección de la biología: sinergia y territorio
Para entender cómo evolucionar nuestras métricas y modelos, la biología nos ofrece una guía fundamental. En un bosque sano no existe un único organismo dominante que monocultive el espacio; coexisten relaciones de competencia y de simbiosis y cooperación profunda entre raíces, hongos y especies diversas. Esa diversidad e interdependencia es lo que otorga solidez al conjunto.
Nuestros ecosistemas de emprendimiento funcionan igual. Universidad, administración, empresa, inversión y ciudadanía aportan capacidades distintas. Cuando actúan de forma aislada, pierden fuerza. Lo mismo sucede en la escala territorial: nodos como Madrid y Barcelona, en lugar de competir en un juego de suma cero, pueden activar sinergias donde las fortalezas de una ciudad complementen las carencias de la otra, estructurando una red conectada que potencie a todo el país.
El emprendimiento actúa aquí como el gran disparador de la innovación para acelerar estas transiciones
Nuestros territorios están inmersos en múltiples transiciones simultáneas: energética, demográfica, hídrica, climática y de cuidados. Hemos comenzado a comprender como humanidad que todo lo que hacemos en el territorio tiene consecuencias directas sobre nuestra propia viabilidad. La solución pasa por alcanzar una auténtica simbiosis entre la economía y el territorio, entendiéndolos como una sola unidad. Cuando se comprende esta interdependencia, maltratar el entorno se revela como una forma de autodestrucción.
El emprendimiento actúa aquí como el gran disparador de la innovación para acelerar estas transiciones. A mayor grado de transición alcanzado, mayor será la resiliencia y el bienestar de una sociedad. Incluso tecnologías transversales como la inteligencia artificial necesitan esta orientación: el debate no es si debemos usarla, sino bajo qué gobernanza y al servicio de qué fines territoriales y sociales la desplegamos.
Las grandes respuestas a nuestros retos no vendrán de la ingeniería financiera, sino de la biología. Aprendamos a naturalizar nuestros modelos sociales y económicos, haciéndolos circulares, simbióticos y conectados con la tierra. Medir mejor no es un mero ejercicio de precisión métrica; es la brújula para acelerar un cambio inevitable y situar a nuestros territorios en la vanguardia del futuro.
Alberto Alonso de la Fuente, director de Impact Hub Madrid.
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