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La virtud de acompañar

Para Aristóteles, la autonomía absoluta es un mito. Todos dependemos, en algún momento, de redes de apoyo que nos permitan atravesar la incertidumbre sin quedar a la intemperie. En un mundo cada vez más complejo, la voluntad de escuchar, anticipar y proteger es una de las formas más poderosas de responsabilidad social.

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11
marzo
2026

Hay períodos en nuestra vida en los que todo parece estar en orden. Estamos satisfechos con la rutina, los proyectos avanzan y tenemos una gran sensación de control sobre lo que ocurre en el día a día. Como diría un italiano, tutto a posto. Sin embargo, basta un imprevisto, como una enfermedad o un despido, para que esa estabilidad muestre su verdadera fragilidad. Entonces nos damos cuenta que la incertidumbre se sufre mucho más en soledad.

Aristóteles definió al ser humano como zoon politikon, un ser que solo puede realizarse plenamente en comunidad. Para el pensador griego, vivir al margen de la comunidad era más una carencia que una forma de libertad: «quien no necesita de nadie es o una bestia o un dios». Desde la infancia hasta la vejez, necesitamos de los demás para desarrollarnos, aprender, protegernos y, sobre todo, para encontrar sentido. La compañía es nuestra razón de ser, y eso se vuelve especialmente evidente en los momentos difíciles. ¿Qué sería de nosotros sin la presencia de familiares y amigos que ofrecen consuelo, orientación o calma? Saber que alguien está ahí mitiga, al menos en parte, la angustia de lo inesperado.

Sin embargo, no todo acompañamiento tiene por qué proceder del círculo cercano. En sociedades tan complejas como la nuestra, donde los riesgos se diversifican tanto y las vulnerabilidades adoptan nuevas formas, las instituciones (públicas y privadas) tienen también una gran responsabilidad, ya que acompañar implica anticiparse a los problemas y ofrecer respuestas concretas cuando más se necesitan. En este contexto, los microseguros pueden ser una herramienta de protección diseñada para quienes tradicionalmente han quedado fuera de los grandes sistemas de cobertura. Los microseguros son pólizas con primas reducidas para personas con bajos ingresos que permiten cubrir riesgos personales o patrimoniales. La experiencia demuestra que, para muchas personas en situación de vulnerabilidad, un siniestro menor puede ser un golpe irreversible. En esos casos, la diferencia entre recuperarse o quedar definitivamente rezagado radica en contar –o no– con un respaldo que ofrezca cierta estabilidad. Ahí es donde el acompañamiento adquiere una dimensión estructural. Saber que existe una red de protección permite planificar, invertir y emprender con mayor seguridad. Para un pequeño agricultor, por ejemplo, proteger su cosecha frente a riesgos climáticos es una garantía de continuidad vital.

El microseguro es una herramienta de inclusión, dado que facilita que personas con ingresos limitados puedan acceder a mecanismos de protección

Mapfre, aseguradora líder en España, incorpora esta lógica en su estrategia de compromiso social a través de soluciones de microseguro adaptadas a contextos específicos. Bajo la premisa de estar A tu Lado, la compañía articula una forma de entender el negocio que trasciende la mera transacción. La idea es sencilla: acompañar significa escuchar antes de diseñar, simplificar antes de complicar y estar presentes cuando la vulnerabilidad se hace visible. En este sentido, el microseguro es una herramienta de inclusión, dado que facilita que personas con ingresos limitados puedan acceder a mecanismos de protección que les resultaban inaccesibles. Y lo hace desde una perspectiva pragmática, es decir, mediante coberturas claras, procesos sencillos y condiciones comprensibles. Asimismo, el acompañamiento institucional cobra especial relevancia en aquellos entornos en los que la resiliencia depende de márgenes muy estrechos. Un pequeño emprendedor que ha invertido sus ahorros en abrir un taller o una tienda de alimentación no dispone de grandes reservas para afrontar contingencias. Para él o ella, un microseguro puede marcar la diferencia entre cerrar definitivamente o reabrir tras un imprevisto.

Desde una perspectiva ética, esta forma de protección plantea lo siguiente: ¿qué responsabilidad tienen las organizaciones en la construcción de sociedades más resilientes? Si aceptamos que el bienestar colectivo no se sostiene solo en la iniciativa individual, sino también en la existencia de redes de apoyo, entonces el acompañamiento debe dejar de ser un gesto voluntarista y convertirse en una responsabilidad compartida. La campaña A tu Lado de Mapfre sintetiza esa vocación, y se compromete a estar al lado del cliente para brindarle tranquilidad y apoyo incondicional en sus proyectos, sueños y bienestar, cuidando lo que importa. En última instancia, la virtud de acompañar rescata una idea de la Antigua Grecia para recordar al ciudadano que el progreso debe medirse por la capacidad de una comunidad para cuidar de sus miembros cuando más lo necesitan. En un mundo atravesado por incertidumbres políticas, económicas, climáticas y sanitarias, el fortalecimiento de esas redes de apoyo es una forma de apostar por la dignidad y la continuidad de los proyectos vitales.

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