La revolución ‘made in Europe’
Ethic y Bayer reunieron a expertos en una jornada que exploró el desafío y, especialmente, la oportunidad económica, ambiental y social de reindustrializar Europa.
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Parece que presenciamos el desgaje de una era construida sobre el compromiso con el futuro, mientras se consolida otra regida por la ley del más fuerte. La competición entre EEUU y China enfría el espíritu de la colaboración y los grandes desafíos globales pertenecen a un segundo plano. Un mundo en el que la Vieja Europa queda relegada a mero observador… O, al menos, esta es la narrativa que proponen los titulares más cenizos. Pero, ¿y si el futuro poco tiene que ver con este planteamiento? ¿Y si Europa asiste en realidad a una suerte de nuevo renacimiento?
El continente enfrenta grandes desafíos que obligan a los 27 a revisar sus grietas. Pero quizá este contexto sea el ideal para tomar el impulso necesario, anticiparse a los retos que están por venir y reforzar los valores fundacionales de una región que –su historia lo demuestra– crece ante la adversidad. La hoja de ruta es clara: favorecer la competitividad de la economía y la autonomía estratégica en base a los principios de la transición ecológica.
Y para guiar ese camino, la Comisión Europea ya trabaja en el Clean Industrial Deal, que plantea una nueva reindustrialización con sello europeo. Un proceso de transformación integral cimentado sobre la innovación y que, a diferencia de esas primeras revoluciones construidas sobre chimeneas humeantes –y de las posteriores, a las que se llegó tarde–, pueda fortalecer el tejido social y curar las heridas ecológicas mientras se estimula la competitividad de la economía –de Europa, en general, y de España, en particular–. Un cambio que ilumine el futuro y se aleje del adjetivo «viejo» que se atribuye a nuestro continente.
Jordi Sánchez (Bayer): «La industrialización verde nos brinda la oportunidad de crear comunidades fuertes y resilientes generando empleo de calidad»
«No se trata de apagar chimeneas, sino de encender nuevas luces», enunció Guillermo Peláez Álvarez, consejero de Hacienda, Justicia y Asuntos Europeos y portavoz del Gobierno del Principado de Asturias, durante la apertura de la jornada «La revolución Made in Europe», organizada por Ethic y Bayer en el Centro Niemeyer de Avilés. El encuentro, que tuvo lugar el pasado 30 de octubre, reunió a directivos de diversos sectores del panorama internacional, además de miembros de las administraciones públicas e investigadores, para dialogar sobre los retos y oportunidades de Europa ante la nueva revolución verde y el papel protagónico que puede desempeñar (y desempeña) España en ella.
La transición busca transformar Europa desde las grandes capitales hasta las pequeñas poblaciones, como La Felguera, en Asturias, donde la planta de Bayer fabrica el principio activo de la aspirina (un producto estratégico) para todo el planeta. Una fábrica que, además, será el primer centro del sector en lograr la completa descarbonización de todos sus procesos. Así, el Principado, región de tradición minera y con una larga historia de reconversión industrial, demuestra que los territorios que prosperaron en la era fósil pueden ser también cabecera en una transición hacia las cero emisiones a la vez que se fomenta el tejido industrial.
Autonomía estratégica: la clave de la transición
En un mundo en el que las materias primas se custodian como herramienta geopolítica, la autonomía estratégica cobra especial relevancia. Esa necesidad, la de dejar de depender de otras coordenadas a nivel tecnológico y energético, es el punto de partida de informes como el de Mario Draghi, que han orientado el trabajo de la Comisión en los últimos meses. Sin embargo, por el momento, «no hay una respuesta política como la que es necesaria», tal como afirmó Jonás Fernández, diputado al Parlamento Europeo por el PSOE.
Europa tiene la ocasión de recuperar su posición en el tablero mundial si atiende a necesidades como la de consolidar un mercado único, reforzar el tejido industrial y, sobre todo, disponer de «energía barata y asequible y simplificación burocrática», como señaló Susana Solís Pérez, diputada al Parlamento Europeo por el PP.
La descarbonización, más que un reto, se presenta como una oportunidad para mejorar la competitividad y autonomía de Europa. «Reducir la dependencia energética como país y también como empresas reduce la vulnerabilidad frente a eventos geopolíticos que no podemos controlar», sintetizó Miguel Rodrigo, director general del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).
«Europa puede aprovechar la transición ecológica para liderar en los sectores industriales del futuro», sostuvo Carmen Navarro, gerente del Grupo Español para el Crecimiento Verde, y añadió que «debemos ver la transición como una política económica y no solo climática».
Miguel Rodrigo (IDAE): «Reducir la dependencia energética reduce la vulnerabilidad frente a eventos geopolíticos que no podemos controlar»
La ciencia al servicio de la industria
La colaboración público-privada y la inversión en I+D+i se perfilan como dos factores fundamentales en el desarrollo de la competitividad tanto en el continente como en España. Pero, eso sí, siempre con perspectiva y pensando en la aplicación final de la investigación. Ciencia e industria deben de ir de la mano y no funcionar como compartimentos estancos, tal como defendieron Laura Diéguez, directora de Asuntos Públicos de Bayer, y Merche Carod, Business Manager de Química en Eurecat. «No puede ser que destinemos recursos públicos a la investigación pero que luego esa investigación no se aplique», resumió Carod: «Necesitamos puentes más sólidos entre investigación e industria».
La necesidad de potenciar el tejido industrial comienza por la investigación, pero también por las pequeñas empresas en las que se aplica esa innovación, que deben tener suficientes inversiones para poder crecer y desarrollarse, según apuntó Ignacio Huici, Business Development Officer de EIT InnoEnergy.
«La base industrial es necesaria para una economía sana. Si queremos seguir teniendo una sociedad próspera, necesitamos una industria fuerte», dijo Rikardo Bueno, director general de la Alianza Vasca de Investigación y Tecnología, quien sumó que «es importante que el apoyo de la administración pública sea sostenido en el tiempo, como una apuesta estratégica».
En este contexto, es importante remarcar el concepto de «transición justa» para garantizar que la transformación sea beneficiosa para todos. «Transición justa implica minimizar el impacto de los cambios, potenciar las oportunidades y que no quede nadie atrás», explicó Judit Carreras, directora del Instituto para la Transición Justa.
Este desarrollo industrial no concede, sin embargo, utopías sino realidad y acción inmediata, tal como señaló Carod: «Dejemos de idealizar la Europa que teníamos y empecemos a observar qué han hecho bien quienes tenemos alrededor». Actuar y aprovechar el momentum es fundamental, y el continente requiere audacia e innovación para desarrollar al máximo sus oportunidades.
El componente competitivo de la carrera por la descarbonización es especialmente destacado en territorios como Asturias, cuya realidad industrial, que ha pasado por varias reconversiones previas, puede servir como ejemplo y punta de lanza para la industria verde, como explicó Carlos García Sánchez, director de la Fundación Asturiana de la Energía.
Pensar Europa de arriba a abajo, desde fuera hacia dentro y desde dentro hacia fuera es la única manera de garantizar una transición justa, en la que nadie se quede atrás y que genere una mayor calidad de vida para todos los habitantes del continente. Como sintetizó Jordi Sánchez, CEO de Bayer España y Portugal, «la industrialización verde nos brinda la oportunidad de crear comunidades fuertes y resilientes generando espacio y empleo de calidad». Unas palabras que, frente al crispado tablero internacional y el pesimismo a veces imperante, nos hacen pensar en que un futuro de esperanza es más que posible.










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