Influencers de la soledad
Algunos creadores de contenido convierten la soledad en un ideal de vida y monetizan un discurso que presenta el aislamiento y la desconfianza como bienestar.
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COLABORA2026
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Por lo general, tendemos a pensar las redes sociales como un escaparate para la vida y, más concretamente, para una vida ideal. Llevamos años viendo cómo parejas sonrientes, grupos de amigos, cenas, viajes y agendas llenas funcionan como pruebas de una existencia deseable. Sin embargo, ahora parece ganar espacio la imagen contraria. En TikTok, Instagram, X y YouTube aparecen creadores que muestran cenas para una persona y fines de semana sin planes, a menudo bajo mensajes como «protege tu paz» o «respeta tus límites». El fenómeno, bautizado como loneliness influencers, no se limita a celebrar la introversión. En algunos casos, convierte la falta de vínculos en una marca personal y, también, en una fuente de ingresos.
Sin duda, vivir solo puede ser agradable, descansar de relaciones agotadoras puede ser necesario y establecer límites forma parte de una vida saludable. El problema aparece cuando esa experiencia se presenta como una solución general y cuando el aislamiento adquiere una estética aspiracional. La Organización Mundial de la Salud distingue entre soledad, una experiencia subjetiva vinculada a la distancia entre las relaciones que se tienen y las que se desean, y aislamiento social, una falta objetiva de contactos suficientes. Confundir ambos conceptos puede hacer que una dificultad social parezca una elección.
La secuencia resulta familiar: alguien llega a casa después del trabajo, se prepara algo sencillo para cenar y ordena el piso antes de ponerse el pijama y pasar la noche viendo una serie. La cámara sigue cada gesto y capta cada sonido mientras los subtítulos, autogenerados o no, subrayan, con orgullo, la ausencia de vínculos afectivos. Paulina Cee y Drama Free Diaries son solo dos de los nombres que han ido apareciendo en torno a este fenómeno, donde la vida en solitario se presenta como un espacio de autonomía y calma. El tono pausado y la música relajante, a menudo Lo-Fi, hacen el resto y transforman una situación social compleja en una experiencia de fácil y rápido consumo.
El problema aparece cuando la soledad se presenta como una solución general y el aislamiento adquiere una estética aspiracional
Otro caso es el de Lana Isa, conocida como @lanasololife, quien ha construido buena parte de su contenido alrededor de una vida sin pareja, sin hijos y sin un círculo cercano de amistades. Sus vídeos rondan las 300.000 visualizaciones, y es la propia creadora quien relaciona su aislamiento con la ansiedad social. Ahí está la paradoja, porque Isa expone una situación que puede resultarle dolorosa mientras, al mismo tiempo, participa en un mercado que premia convertir cualquier experiencia personal en contenido con audiencia propia.
Y es justo ahí donde aparece la disonancia, porque un contenido sobre soledad también genera visualizaciones y campañas publicitarias dentro del ecosistema influencer. Así, la ausencia de relaciones termina convirtiéndose en un activo más, en una moneda de cambio. El mensaje «estoy sola y estoy bien» puede ser liberador cuando cuestiona la obligación de tener pareja o una vida social intensa, pero cambia completamente de sentido cuando empieza a sugerir que necesitar a otros equivale a un fracaso personal.
A esto se suma la cultura de los límites, que añade otra capa al problema. Expresiones como «protect your peace» nacieron para reivindicar el derecho a cortar dinámicas dañinas, pero en redes sociales acaban funcionando, muchas veces, como una respuesta automática ante cualquier conflicto. Una amistad incómoda o una discusión familiar terminan interpretándose como amenazas que conviene eliminar sin más. De esta forma, el límite deja de ser una herramienta emocional para cuidar una relación y pasa a ser un argumento para reducirla.
No conviene perder de vista los datos. Un informe de la OMS publicado en 2025 estima que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad, y vincula esa desconexión social con problemas de salud física y mental. El propio informe señala, además, que las causas no son solo personales, sino que también intervienen factores como los ingresos y las infraestructuras comunitarias.
Aun así, sería injusto convertir a estos creadores en propagandistas del aislamiento, porque la misma tendencia también puede cumplir una función social cuando permite reconocer una experiencia que normalmente se oculta. La influencer Tess Lavanda, por ejemplo, ha contado abiertamente que no tiene amigos y ha usado sus redes para hablar de lo difícil que le resulta construir vínculos. Uno de sus vídeos, «I don’t have any friends», superó el medio millón de reproducciones en agosto de 2026.
La diferencia, en el fondo, está en el mensaje que hay detrás. Lavanda defiende que hablar de la falta de amistades puede ayudar a que quienes se sienten solos entiendan que su situación tiene compañía, aunque sea digital. De este modo, esa conversación le devuelve a la soledad una dimensión humana que la estética de las redes tiende a suavizar. Y es que no es lo mismo mostrar un viernes sin planes para despojarlo de su habitual pátina de vergüenza que presentarlo como la forma más óptima de vivir.
Incluso algunos perfiles asociados a la tendencia escapan de una lectura simple, ya que hay creadoras que combinan vídeos de rutinas tranquilas con testimonios sobre experiencias traumáticas o ansiedad real. Con todo esto no se trata de defender una vida social intensa como modelo universal, porque hay personas que necesitan más silencio o que disfrutan viviendo solas, y otras que atraviesan etapas en las que prefieren reducir sus relaciones. También existen amistades perjudiciales y vínculos que necesitan distancia. La alarma llega, más bien, cuando la soledad deja de describirse como una experiencia posible y empieza a venderse como una especie de doctrina o mantra bajo el que vivir.
Al final, en un ecosistema como el de las redes sociales, que convierte casi cualquier rasgo personal en contenido, la soledad tiene, también, una ventaja a priori poco predecible. Es barata y reproducible, y basta con una casa y un teléfono para producirla. Porque una vida puede ser silenciosa y plena, pero también puede ser silenciosa simplemente porque faltan oportunidades o confianza para construir vínculos. Y entre ambas situaciones existe una diferencia que ningún filtro de TikTok puede maquillar.
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