Álex Rovira y Francesc Miralles
Homo Solver
Dada la actual complejidad del mundo, necesitamos trascender el Homo sapiens, el ser humano que sabe, y elevarlo a Homo Solver, el que soluciona. Porque no basta con conocer las dificultades del mundo y de nuestra propia vida; lo que marcará la diferencia es cómo las resolvamos.
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Las grandes historias que nos fascinan del cine o de la literatura siempre tienen que ver con personajes que se enfrentan, con ingenio y valentía, a grandes dificultades. Sin conflicto no hay aventura. ¿A quién le interesaría la tranquila existencia de una familia que no vive sobresaltos o el relato de un viaje en el que todo sale según lo previsto?
No hay emoción ni aprendizaje en algo así. Sin embargo, nos fascina conocer los detalles de cómo Shackleton, tras quedar varado en la Antártida con el Endurance, llevó a cabo una gesta insólita con sus hombres para salvar sus vidas.
Cuando su barco encalló en el mar helado de Weddell, tras intentarlo todo, se vieron obligados a afrontar un viaje en bote y a pie que nunca se había realizado. Bajo un clima gélido, para salvarse tendrían que recorrer 1400 kilómetros por terreno indómito hasta el punto habitado más cercano.
Antes de iniciar esta temeraria aventura, Shackelton escribió en su diario: «Después de largos meses de ansiedad y tensión, después de momentos en los que la esperanza afloraba y momentos en los que el futuro se nos presentaba negro, nos vemos obligados a abandonar el barco, que se encuentra destrozado y sin posibilidad de reparación. Estamos vivos y bien, y tenemos víveres y equipamiento para alcanzar nuestro objetivo. Nuestro objetivo es alcanzar tierra con todos los miembros de la expedición. Es duro escribir lo que siento».
En una travesía por la Antártida considerada imposible, llegaron incluso a dejarse caer rodando montaña abajo para superar la difícil geografía de la región.
Contra todo pronóstico, lograron llegar todos con vida a la civilización. Además del liderazgo de Shackleton, la clave fue que en aquella expedición los 28 hombres creían que «lo imposible» podía realizarse.
A lo largo de nuestra existencia es muy improbable que se nos presente un desafío como el del Endurance. Sin embargo, todos nos enfrentaremos en uno u otro momento a problemas de orden existencial, económico, intelectual, de salud, relacional e incluso espiritual.
Y el fracaso o el éxito de nuestra expedición por la vida dependerá de cómo resolvamos esos desafíos.
Dicho de otra manera: vivir es afrontar una sucesión de problemas. El modo en que los afrontemos y los resolvamos determinará nuestra existencia, nuestro éxito y la satisfacción que sintamos en la vida.
Cuando nos enfrentamos a un desafío que a veces parece irresoluble y hallamos una solución, estamos desplegando nuestra inteligencia
Hace años que los intelectuales se plantean esta pregunta: ¿qué es la inteligencia? Algunos responden que es el dominio de una o varias habilidades, como plantea el modelo de las inteligencias múltiples. Por su parte, el físico de origen japonés Michio Kaku afirma que «la esencia de la inteligencia es ver el futuro», es decir, ser un visionario.
Nosotros entendemos que inteligencia es la capacidad de resolver problemas en la aventura humana que nos ha correspondido vivir. Cuando nos enfrentamos a un desafío que a veces parece irresoluble y hallamos una solución, estamos desplegando nuestra inteligencia.
En este sentido, dada la actual complejidad del mundo, necesitamos trascender el Homo sapiens, el ser humano que sabe, y elevarlo a Homo Solver, el que soluciona. Porque no basta con conocer las dificultades del mundo y de nuestra propia vida; lo que marcará la diferencia es cómo las resolvamos.
Este texto es un extracto de ‘Homo Solver’ (Kitaeru, 2026), de Álex Rovira y Francesc Miralles.
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