El fracaso de la felicidad
«Un desengaño a tiempo puede prevenir de un fracaso irreversible. Hablar del fracaso de la felicidad es, ante todo, advertir a la gente contra las falsas promesas», señala Jesús G.Maestro.
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Un desengaño a tiempo puede prevenir de un fracaso irreversible. Hablar del fracaso de la felicidad es, ante todo, advertir a la gente contra las falsas promesas. Y concretamente prevenirla de la más falsa y seductora de todas las promesas. Después de prometer la inmortalidad, la mayor mentira del mundo es prometer la felicidad. No hay religión que no tenga una cita con la resurrección, la inmortalidad o la vida eterna. No hay utopía que no prometa la felicidad. No hay político que no lo prometa todo sin comprometerse con nada ni con nadie, porque lo suyo es nadar y guardar la ropa. No hay impostor que carezca de buenos modales y excelente apariencia. Quien te promete la felicidad tiene sus ojos puestos en tu cuenta corriente.
El ser humano es la criatura más infeliz del universo. Y no lo es por casualidad. Podemos afirmar, sin temor ni al error ni a la hipérbole, que el ser humano es el animal más desdichado de cuantos jamás han existido. ¿Por qué? […] Advierte que la filosofía no te salvará. Piensa en el existencialismo, la filosofía de la depresión. Por tu bien, evita la filosofía.
El siglo XXI, con todas sus promesas, terapias y gurús, no solo ha hecho a la gente más infeliz, sino que la ha sumido en un caos de problemas psíquicos y enfermedades mentales sin precedentes históricos.
La realidad no es tu amiga. No es tampoco tu cómplice, ni mucho menos tu mascota. La realidad es algo peor que tu más íntimo enemigo: es tu laberinto. ¿Lo sabes? ¿Conoces el laberinto? ¿Puedes moverte a través de él? ¿Conoces sus límites y posibilidades? ¿Sus tormentas y ansiedades? ¿Sabes en qué punto del laberinto te encuentras o cuántas cosas desconoces de tus propias emociones? Sin embargo, quien te ha metido en el laberinto lo sabe todo sobre ti. Sabe, incluso, el itinerario que vas a seguir, porque ya te lo ha trazado. Tendrás que desarrollar tu propia inteligencia, frente a la de los adultos que te han educado, para sobrevivir en su mundo, un mundo muerto ya, porque cuando tú tengas la edad de tus educadores, el mundo para el que te han educado será completamente diferente al que ellos conocieron. Y para el que tú te preparaste. La educación es un fracaso en diferido. Por tu bien, desconfía de tus profesores. Ellos tienen su vida resuelta: tú, no.
El siglo XXI, con todas sus promesas, terapias y gurús, no solo ha hecho a la gente más infeliz, sino que la ha sumido en un caos de problemas psíquicos
El conocimiento: unos lo fingen, otros lo sufren. Unos creen contar con el apoyo de un dios que les permite recorrer esos caminos, pasillos y habitáculos laberínticos. Otros caminan en compañía de animales que, como fetiches, pues ese sentido tiene etimológicamente la palabra «mascota» –del francés mascotte (amuleto o talismán portador de buena suerte)–, les hacen sentir seguros, protegidos ilusoriamente o en cualquier caso acompañados. Otros viven de sus trampas, las cuales al fin y al cabo dan más trabajo que los oficios honrados… Sea como sea, ¿qué ocurre cuando el laberinto destruye tus sueños? ¿Qué ocurre cuando no encuentras una salida a la realidad en la que vives?
Entonces, entre otras cosas, te darás cuenta de que tu educación ha fracasado. Porque seguramente ha perseguido ilusiones, espejismos y muy falsas apariencias. La realidad no se equivoca nunca: te equivocas tú. Y quienes te han educado. Las generaciones anteriores a la tuya no te han ayudado en nada. Pero te lo han prometido todo. Y siguen haciéndolo. Porque bien predica quien bien vive. La realidad es el más exigente de los test de inteligencia. Recuerda que, si algo falla, la culpa no la tiene la realidad: la tienes tú. ¿Por qué? Pues porque no has sabido hacerte compatible con la realidad. Y la realidad no tolera a quien es incompatible con ella.
Este texto es un extracto de ‘El fracaso de la felicidad’ (HarperCollins, 2026), de Jesús G. Maestro.
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