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Pensamiento

Hannah Arendt y ‘La condición humana’

La dignidad de la acción política

En ‘La condición humana’, la pensadora política Hannah Arendt reflexiona sobre cómo la acción política y la pluralidad humana son las condiciones esenciales de la libertad.

Fotografía original

Barbara Niggl Radloff
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22
enero
2026

Fotografía original

Barbara Niggl Radloff

El 4 de diciembre de 1975, hace ya medio siglo, falleció la pensadora política Hannah Arendt. Pero lo cierto es que la presencia de Arendt en el discurso público nunca ha decaído: a pesar de la complejidad de sus planteamientos, ha sido constantemente leída, referenciada, estudiada y enseñada; su nombre es conocido por el público general, sus frases (bien o mal citadas) aparecen frecuentemente en prensa y también en redes sociales; y la expresión «la banalidad del mal», acuñada por ella cuando seguía el juicio a Adolf Eichmann, es ya un lugar común.

¿Por qué ha logrado Hannah Arendt ser una de las filósofas políticas más influyentes del siglo XX? Lo primero que hay que decir es que ella no se consideraba filosofa, sino teórica política. Para ella, la filosofía tradicional se ocupaba del hombre en singular, mientras que la teoría política se ocupaba de la acción conjunta de los hombres en plural. Además, consideraba que la filosofía del siglo XX se había vuelto demasiado abstracta, y no daba respuestas a las cuestiones realmente relevantes. Con todo, por su formación (fue estudiante de Martin Heidegger), método, influencia, y por las preguntas que abordó en sus trabajos (indagando en qué significa ser humano, por qué se produce el mal o qué es la libertad), Arendt sí suele ser considerada dentro de esa categoría.

Su propia biografía la llevó a una aproximación a la filosofía (o a la teoría política) mucho más concreta, centrada en comprender el horror que los propios seres humanos éramos capaces de provocar. Arendt, como alemana judía, vivió en primera persona la persecución nazi, y para ella fue devastador comprobar como sus amigos y los intelectuales que admiraba colaboraban voluntariamente con el nazismo. Además, huyendo de Alemania, vivió 18 años como apátrida, una experiencia que le hizo comprender que ser humano no basta: se precisa un espacio político donde aparecer. Estas experiencias están directamente detrás de obras como Los orígenes del totalitarismo, pero también de La condición humana.

‘La condición humana’ buscó generar un «pensamiento activo» que nos preparase para un mundo real donde ocurrían cosas como el Holocausto

La condición humana es, sin duda, uno de los trabajos más relevantes de Arendt, cuya repercusión llega hasta nuestros días. Publicada en 1955, buscó generar un «pensamiento activo» que nos preparase para un mundo real donde ocurrían cosas como el Holocausto, la II Guerra Mundial, la consolidación del estalinismo, la era nuclear o el inicio de la Guerra Fría, como asegura la investigadora Luisa Fernanda Betancur Hernández en su artículo «La condición humana como política de la vida».

De hecho, la clave de la obra podría radicar en la revalorización de la vida activa frente a la tradición contemplativa, corrigiendo de este modo un sesgo histórico de la historia de la filosofía. La condición humana recupera así la importancia de las actividades concretas mediante las cuales los seres humanos viven, construyen el mundo y hacen política.

Arendt estructura su análisis en torno a tres actividades fundamentales que componen la vida activa humana: la labor (la actividad relacionada con las necesidades biológicas y la supervivencia), el trabajo (la fabricación de objetos durables que constituyen el mundo que nos rodea) y la acción (la actividad política, que revela la singularidad de cada persona y permite la creación de algo nuevo e impredecible). Además, analiza cómo la modernidad ha invertido la jerarquía, privilegiando la labor y el trabajo (vinculados al consumo) y debilitando la acción política. El concepto de acción de Arendt, que entrelaza actuar y hablar, resulta totalmente revolucionario, como explica la filósofa Seyla Benhabib en su ensayo How to read Hannah Arendt’s ‘The Human Condition’.

La libertad no es interior o psicológica, sino práctica y política: se ejerce actuando con otros

Porque en La condición humana Hannah Arendt plantea que es a través de la acción y el lenguaje como revelamos nuestra identidad única y nos insertamos en el mundo humano.  La pluralidad es, por lo tanto, condición fundamental de la acción. Los seres humanos somos simultáneamente iguales y diferentes, y en esa tensión surge precisamente la verdadera política que, además, solo puede existir en un espacio público. En palabras de Arendt, «el carácter revelador de la acción y del discurso pierde toda significación cuando no hay espectadores». Del mismo modo, la libertad no es interior o psicológica, sino práctica y política: se ejerce actuando con otros.

Uno de los conceptos más originales que presenta en esta obra es el de «natalidad». Para Arendt, cada nacimiento representa un nuevo comienzo radical, la llegada de alguien completamente único al mundo, con capacidad para iniciar algo inédito (que es la esencia de la acción humana). Esto se contrapone con la tradicional preocupación filosófica por la mortalidad y fundamenta la esperanza política. Además, es la base ontológica de la libertad humana: no estamos determinados por el pasado, podemos comenzar algo sin precedentes.

Aunque la acción tiene sus problemas inherentes, como su irreversibilidad o su impredecibilidad, también hay soluciones, como la capacidad de perdonar y la de hacer y cumplir promesas.

En última instancia, La condición humana es una llamada a recuperar la dignidad de la vita activa, sin necesidad de subordinarla al pensamiento. Es también una reivindicación de la importancia del espacio público como el lugar donde los seres humanos pueden ejercer su libertad y revelar su singularidad en un mundo compartido. Arendt diagnostica una crisis en la modernidad, donde la sociedad está conformada por trabajadores obsesionados con el consumo y la producción, y en la que «lo social» ha ido erosionando el espacio público.

Las tesis que sostienen esta obra siguen siendo extraordinariamente relevantes en el mundo actual, muchos aseguran que incluso más que cuando fue escrita. Algunos de los problemas que Arendt identificó, como la disminución de la agencia humana y la libertad política, o la paradoja de que a medida que aumentan los poderes humanos a través de la investigación tecnológica y humanística, estamos menos equipados para controlar las consecuencias de nuestras acciones, continúan confrontándonos hoy en día. Esta obra transformó radicalmente cómo pensamos sobre la acción política, el espacio público y la vida activa, y sigue inspirando la filosofía política del siglo XXI.

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