TENDENCIAS
Sociedad

El arquetipo de la 'femme fatale'

La mujer independiente como amenaza

El arquetipo de la ‘femme fatale’, aunque con variaciones, lleva presente en nuestra cultura desde la mitología clásica. ¿Cuáles son las características que definen a esa mujer irresistible pero despiadada?

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
12
enero
2026

Atractiva, seductora, inteligente e implacable… desde la mitología clásica hasta el cine negro hay un personaje arquetípico que se repite, pero adaptándose a las convenciones de cada época: es la femme fatale. Una mujer irresistible que causa la perdición a todo aquel que se enamore de ella.

¿Figura sexista del imaginario masculino o personaje subversivo que transgrede el orden social? ¿Villana o heroína? A lo largo de la historia este estereotipo encarnó muchos de los clichés negativos sobre el género femenino, pero también permitió dar luz a otro tipo de mujer, cuya complejidad y ambición iban más allá de la que se les permitía a los caracteres de novia virginal o abnegada esposa.

Según la académica turca Tuğçe Özdinç, la femme fatale es un arquetipo ancestral, que remite a diosas antiguas como Innanna, Kali o Circe que personificaban el poder, la vida y la muerte. Con la aparición del patriarcado, este poder femenino habría sido transformado en algo maligno y peligroso.

La mitología griega, por ejemplo, está repleta de ejemplos de mujeres pérfidas que llevan a los hombres al desastre. Pandora, la primera mortal, dotada de numerosos dones por cada dios, pero que desencadenó la desgracia y el sufrimiento del mundo. Clitemnestra, mujer de Agamenón, que no solo es infiel y manipuladora, sino que acaba asesinando a su propio marido (aunque tuviera una razón de peso para hacerlo). Medea, hechicera que utiliza su inteligencia para ayudar a Jasón a superar las pruebas mortales impuestas por su padre, pero que tras la traición de él decide matar a su amante y a sus propios hijos. Helena de Troya, la joven más hermosa del mundo, cuya huida con Paris provoca la guerra de Troya. Calipso, ninfa que retiene a Odiseo en su isla durante años, impidiendo la misión del héroe…

Pandora, Clitemnestra, Jezabel, Salomé o Dalila son algunos de los ejemplos más conocidos del arquetipo

Lo mismo ocurre en la mitología judía y cristiana con figuras como Eva, que tienta a Adán y provoca la caída de la humanidad; Lilith, mujer seductora que se niega a someterse ante su marido, Adán, y para evitarlo, huye del Edén y se convierte en demonio; Jezabel, quien usó su atractivo e inteligencia para manipular y dominar a su marido, el rey Acab, e instaurar la religión pagana; Salomé, que logra convencer a Herodes Antipas, a través de su cautivador baile, de que le entregue la cabeza de Juan Bautista; o Dalila, seduciendo a Sansón para descubrir el secreto de su fuerza y posteriormente traicionarlo entregándolo a los filisteos.

Con el paso de los siglos, el arquetipo de mujer malvada que usa la seducción para destruir a los hombres siguió estando muy presente. Pero en el siglo XIX experimenta un nuevo protagonismo con la llegada del Romanticismo. Los poetas malditos no podían resistirse a su ideal de belleza sensual y misteriosa, que conectaba erotismo y muerte. Así, en esta época se vuelve una figura recurrente y comienza a tomar unos rasgos literarios más definidos. De hecho, es entonces cuando se crea el propio término «femme fatale», usado por escritores como Georges Darien o Théophile Gautier.

Una de las femme fatale más influyentes del siglo XIX es quizá la Carmen de Prosper Merimée, después adaptada en la ópera de Bizet, una mujer independiente y sexualmente libre que enamora al soldado don José, «llevándolo» a la obsesión y al asesinato.

Y ya en el siglo XX, el cine clásico de los años 40 y 50 populariza al máximo la figura de la femme fatale y configura la idea que la mayoría de nosotros tenemos en la cabeza: una mujer con rasgos faciales marcados, cejas arqueadas, cabello ondulado y silueta estilizada como la icónica Rita Hayworth de Gilda o la Barbara Stanwyck de Perdición. Estas femme fatale, son, como siempre, seductoras, astutas y ambiguas moralmente y, además, articulan el conflicto, poniendo a prueba la moral del protagonista masculino.

La mujer fatal funcionaría como advertencia para los hombres y antimodelo de conducta para las mujeres

Numerosos estudios relacionan este tropo como una reacción a la situación social de posguerra en Estados Unidos. Esta figura sería un mecanismo más de culpabilización y control, una advertencia para los hombres de que las muchachas independientes los llevarían a la ruina y un intento de reencauzar a la mujer hacia la esfera doméstica. Así lo explica la crítica Julie Grossmann en su libro The femme fatale: demonizando la figura femenina independiente se contribuyó a reconstruir la economía sexual y ocupacional previa a la guerra. Las películas de esta época nos presentan, de este modo, a la mujer poderosa como una amenaza, no solo para los otros, sino también para ella misma, ya que la propia narrativa la castiga enviando un mensaje claro de que la mujer que se salga de su rol será sancionada. No hay que perder de vista que en Hollywood se aplicaba entonces (y hasta 1968) un sistema de censura oficial. El código Hays regulaba estrictamente la sexualidad femenina y la representación del crimen, entre otros temas, para evitar que el cine corrompiera la moral del público. Obligó, por ejemplo, a cambiar el guion original de la película Perdición para que la femme fatale fuera asesinada, ya que una mujer amoral no podía quedar impune.

Por supuesto, el arquetipo no es monolítico y hay películas en las que la femme fatale consigue triunfar. De la misma manera, muchas feministas contemporáneas consideran esta como una figura de agencia: usa los pocos recursos de poder que le otorga la mirada patriarcal para negociar y hacer valer sus intereses. Y es que a lo largo de la historia, el arquetipo de la femme fatale ha mostrado su complejidad presentando personajes con motivaciones muy dispares.

Sin embargo, también hay unas características comunes que siempre se repiten: una belleza convencional, un encanto irresistible que va más allá de su atractivo físico, un uso consciente de su sexualidad como herramienta, y una mente inteligente y estratégica. ¿Eso la convierte en una amenaza maligna o en una figura de resistencia? Todo depende de la interpretación que se realice.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Las filósofas de los cuidados

Esmeralda R. Vaquero

Autoras como Carol Gilligan, Joan Tronto o Victoria Camps apelan a incluir los cuidados como asunto público.

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME