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Nesmy Manigat

«El mayor obstáculo para lograr una educación de calidad es la falta de financiación adecuada»

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27
noviembre
2025

Nesmy Manigat, exministro de Educación de Haití, es enviado de alto nivel de la Alianza Mundial para la Educación (GPE por sus siglas en inglés – Global Partnership for Education). La GPE es un fondo multilateral que opera en más de 90 países de ingreso bajo y medio-bajo con el objetivo de garantizar una educación de calidad al mayor número posible de niños y niñas, dando prioridad a aquellos más vulnerables, marginados o afectados por conflictos y desplazamientos.


¿Cuáles son los principales retos educativos a los que se enfrentan los países en desarrollo y cómo se podría dar respuesta a estos desafíos?

Los sistemas educativos de los países de ingreso bajo se enfrentan a múltiples desafíos, pero el mayor obstáculo para lograr una educación de calidad es la falta de financiación adecuada y sostenible. Esta falta de financiación afecta a todos los aspectos de los sistemas educativos, desde la infraestructura y los salarios de los docentes hasta los materiales didácticos y el apoyo a los niños más marginados. Sin una inversión suficiente, millones de niños, especialmente las niñas, los niños con discapacidad y los afectados por conflictos, quedan excluidos de la escuela o reciben una educación de baja calidad. Esto perpetúa los ciclos de pobreza y desigualdad y socava el desarrollo económico.

¿Por qué se habla de una «crisis educativa mundial»? ¿Estamos avanzando hacia una educación de calidad para todos o, por el contrario, estamos peor que hace unos años?

Es cierto que existe una crisis de aprendizaje. Alrededor del mundo, 270 millones de niños y jóvenes no asisten a la escuela, mientras que el 70% de los niños de los países de ingreso bajo y medio no saben leer ni comprender un texto sencillo. Las disparidades regionales son marcadas: en los países de ingreso bajo: aproximadamente uno de cada tres niños y jóvenes en edad escolar no asiste a la escuela, en comparación con solo el 3% en los países de ingreso alto. Tan solo en el África subsahariana hay casi 100 millones de niños y jóvenes sin escolarizar. El progreso continúa siendo lento debido a diversos factores, como la financiación crónicamente insuficiente, la desigualdad y exclusión a grupos marginados, el déficit crónico de docentes, la infraestructura deficiente o el creciente peso del servicio de la deuda en los países de ingreso bajo, que desvía recursos que podrían destinarse a la educación.

«En los países afectados por la fragilidad y los conflictos, las niñas tienen 2,5 veces más probabilidades que los niños de no asistir a la escuela primaria»

¿Cuántos niños y niñas no tienen actualmente acceso a una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y cuáles son las consecuencias de esto?

A nivel mundial, 270 millones de niños y jóvenes no asisten a la escuela. Las niñas se ven afectadas de manera desproporcionada: en todo el mundo, 122 millones de niñas no asisten a la escuela. En los países afectados por la fragilidad y los conflictos, las niñas tienen 2,5 veces más probabilidades que los niños de no asistir a la escuela primaria y un 90% más de probabilidades de no asistir a la escuela secundaria. Los niños con discapacidades enfrentan niveles graves de exclusión: tienen casi un 50% más de probabilidades de no haber asistido nunca a la escuela y muchas menos probabilidades de pasar a la educación secundaria. Los grupos marginados corren mayor riesgo: los niños de los hogares más pobres, las zonas rurales y los que viven en países afectados por conflictos o crisis son los que tienen más probabilidades de quedarse atrás.

Las consecuencias son que se perpetúa la pobreza y la desigualdad, ya que los niños a los que se les niega el acceso a la educación tienen menos oportunidades de obtener un trabajo digno o escalar socialmente. Además, las sociedades con un gran número de niños sin escolarizar experimentan un crecimiento económico más lento, una mayor desigualdad y un mayor riesgo de inestabilidad y conflicto. La educación es un camino hacia la paz y la resiliencia. Cuando el acceso es más equitativo, las sociedades experimentan una mayor cohesión social y estabilidad política, lo que reduce los ciclos de desplazamiento y conflicto.

¿Cómo impacta una situación de emergencia humanitaria en la educación de los menores de la zona?

Las emergencias humanitarias, como los conflictos armados, los desastres naturales o los desplazamientos a gran escala, tienen un efecto devastador en la educación de los niños. Estas crisis suelen interrumpir la escolarización, ya que las escuelas pueden ser destruidas, ocupadas o cerradas por razones de seguridad y, en algunos casos, los niños nunca vuelven a la escuela. También aumentan la exclusión, especialmente de los grupos vulnerables como niñas, niños con discapacidades o refugiados, y exacerban las desigualdades.

«Las emergencias humanitarias, como los conflictos armados, los desastres naturales o los desplazamientos a gran escala, tienen un efecto devastador en la educación de los niños»

¿Es posible asegurar en estos casos la continuidad educativa?

Sí, la GPE fortalece la capacidad de los sistemas para prepararse, responder y recuperarse de las crisis, y proporciona financiación para mantener la educación de los niños afectados por crisis, principalmente a través de los sistemas educativos nacionales. Esto incluye ayudar a los países a incorporar a los refugiados en los sistemas nacionales.

La GPE moviliza recursos rápidamente para reparar escuelas, proporcionar espacios de aprendizaje temporales y suministrar materiales didácticos, así como para apoyar modalidades de aprendizaje alternativas como la radio, las plataformas en línea o la educación comunitaria. Esto se hace con un enfoque inclusivo, y tratando de fortalecer los sistemas educativos para que resistan las futuras crisis.

¿Cuál consideras que es la acción global más urgente en educación de cara a la próxima década?

El mundo debe movilizar una financiación más sostenible para la educación, especialmente para los niños más marginados. Sin una inversión adecuada y sostenida, millones de niños seguirán sin ir a la escuela y persistirá la pobreza educativa.

¿Qué características debería tener una política pública educativa sólida y sostenible en los países en desarrollo?

Debe abordar las necesidades de los grupos marginados, garantizando que ningún niño se quede atrás; debe cumplir con los estándares internacionales de gasto en educación; debe ser resiliente, capaz de resistir crisis; y debe estar centrada en la calidad, liderada a nivel nacional y preparada para el futuro.

¿Qué lecciones se pueden extraer de los países que sí han logrado avances significativos en equidad educativa en los últimos años?

Los países que han dado prioridad a la inversión en una educación de calidad alineada con las necesidades del mercado laboral han obtenido un mayor desarrollo económico. Cuando los sistemas educativos dotan a los estudiantes de habilidades que se ajustan a los mercados laborales actuales y futuros, como la alfabetización digital, las disciplinas STEM y la resolución de problemas, los graduados tienen más posibilidades de conseguir empleo, la productividad aumenta y las economías crecen más rápidamente. Esto crea un círculo virtuoso: los ingresos más altos generan mayores ingresos fiscales, que pueden reinvertirse en educación y otros servicios públicos. A medida que los países desarrollan una fuerza laboral calificada, atraen más inversiones y generan más recursos internos. Con el tiempo, esto reduce la dependencia de la ayuda exterior, lo que permite una mayor apropiación nacional y sostenibilidad del sistema educativo.

«A medida que los países desarrollan una fuerza laboral calificada, atraen más inversiones y generan más recursos internos»

En el contexto actual de cambio climático, ¿cómo puede la cooperación internacional contribuir a fortalecer la infraestructura educativa frente a desastres naturales y emergencias climáticas?

Protegiendo el aprendizaje ante los desastres, por ejemplo con escuelas resilientes al clima, diseñadas y construidas para resistir desastres naturales como inundaciones, tormentas y olas de calor. Esto garantiza que la educación de los niños no se vea interrumpida cuando se producen emergencias, lo que ayuda a las comunidades a recuperarse más rápidamente y reduce los retrocesos educativos a largo plazo.

Además, se puede integrar la educación sobre el cambio climático en los planes de estudio dotando a los estudiantes de los conocimientos y habilidades necesarios para comprender, adaptarse y ayudar a mitigar los riesgos climáticos. Esto empodera a los jóvenes para que se conviertan en agentes de cambio en sus comunidades y lugares de trabajo.

¿Consideras que el financiamiento internacional para la educación está alineado con las necesidades reales de los países más vulnerables?

Si bien la financiación internacional para la educación ha permitido avances importantes, sigue siendo insuficiente, fragmentada y no siempre bien alineada con las necesidades reales de los países más vulnerables.

En un panorama de financiación cada vez más limitado, la GPE ha innovado en la financiación del sector educativo para movilizar más recursos para la educación, haciendo que cada euro que recibimos de nuestros donantes genere un mayor impacto para los niños. Desde 2018, la GPE ha movilizado 4.700 millones de dólares en financiación innovadora proveniente de más de 70 socios. Tras haber aprovechado con éxito este modelo innovador, la GPE está ahora lista para ampliarlo.

En Madrid, la GPE ha lanzado el capítulo español de una ambiciosa campaña de financiación en el Congreso de los Diputados con el objetivo global de movilizar 5.000 millones de dólares y desbloquear 10.000 millones adicionales de cofinanciación para la educación, ampliando las oportunidades de aprendizaje de 750 millones de niños en 96 países.

¿Qué papel juega España actualmente en la cooperación internacional de ámbito educativo?

Independientemente de su afiliación política, los sucesivos gobiernos de España han considerado la educación como una inversión estratégica, lo que ha convertido al país en un aliado fundamental de la GPE. Desde su adhesión a la GPE en 2006, España ha aportado más de 380 millones de dólares al fondo, consolidando así su compromiso con la educación.

En 2021, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comprometió 20 millones de euros durante la última campaña de financiamiento de la GPE. En 2024, España aportó 5 millones de euros adicionales destinados específicamente a la educación de las niñas y a Cisjordania y Gaza, lo que elevó su contribución total a 25 millones de euros. Gracias al apoyo de España, la GPE ha mejorado los sistemas educativos de 91 países, ayudando a 372 millones de niños a acceder a mejores oportunidades de aprendizaje. En particular, las contribuciones de España han beneficiado directamente a más de 2,6 millones de niños, brindándoles acceso a una educación de mayor calidad.

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