Leila Méndez
«Fotografiamos de una manera muy consumista»
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En el momento actual en el que la imagen es omnipresente, la fotografía ha cambiado su cometido primigenio y ya no funciona como documento. Se ha convertido en una herramienta que usamos para múltiples fines como la creación de marca personal, método de control, forma de expresión no verbal y un largo etcétera más. Por ello, según la fotógrafa Leila Méndez, antes de disparar deberíamos preguntarnos por qué lo hacemos y cuál es el fin. Unas cuestiones sobre las que reflexiona en ‘Disparos contados’ (Anagrama), ensayo en el que defiende fotografiar con actitud analógica en esta era de sobreabundancia e inmediatez.
En un mundo plagado de imágenes, ¿debemos tomar conciencia de las fotos que hacemos?
No me gusta contestar de un modo adoctrinador, pero sí que creo que deberíamos preguntarnos por qué lo hacemos y cuál es el fin. Entre otras cosas, porque no podemos gestionar la cantidad de ellas que tenemos. Tomamos miles de fotos que luego son borradas. Estamos fotografiando de una manera muy consumista.
¿Cómo nos ayuda la fotografía analógica a tomar conciencia sobre ello?
La analógica, según yo la entiendo, tiene una serie de virtudes que nos reconectan con lo positivo de la fotografía y el disfrute. En ella la energía se vuelca en el momento del disparo y no tanto después, lo que es más propio de lo digital. Además, tiene la virtud de lo limitado, es decir, que las pocas imágenes que tienes en el carrete hacen que tengas que tomar decisiones. Con lo digital, como es infinito, esas decisiones las tomamos con menos gravedad. Hasta el punto que lo hacemos de manera más distraída.
Aparte de ayudarnos con esto, también sirve para tomar una actitud más pausada y de reflexión en la vida.
Totalmente. Las cosas que ligamos al disfrute deberíamos llevarlas a cabo desde un lugar pausado, que nos reconecte más allá del consumo. A día de hoy parece que hasta el entretenimiento es una parcela muy acotada por este. Además, esa actitud más pausada ayuda a respetar ciertos tiempos durante el proceso creativo, algo que no se está haciendo en el ámbito digital y que, con la llegada de la IA, está yendo a peor. Si te saltas esa parte del proceso, estás dejando de lado todas las conclusiones a las que puedes llegar, porque durante ese tiempo pasan cosas en nuestra cabeza que van dando forma y sentido a lo que hacemos. Tanto a nivel profesional como amateur.
«Las cosas que ligamos al disfrute deberíamos llevarlas a cabo desde un lugar pausado, que nos reconecte más allá del consumo»
Y de reconectar con lo táctil, con lo sensible.
Al hacer algo mecánico y creativo, entras en una especie de trance. Y lo analógico tiene mucho de eso. Todo lo manual es más agradecido y tiene que ver más con el aprendizaje. Ahora que tenemos toda la información tan masticada, cuando eres tú el que hace y tiene una implicación manual, tu satisfacción es mayor. Por eso está tan de moda la cerámica a día de hoy. Estamos olvidando mucho todo lo relacionado con lo manual, sobre todo en las ciudades.
¿Cómo ha cambiado la fotografía? Dices que antes era documento y memoria. ¿Y a día de hoy, para qué la utilizamos?
La foto nació con ánimo de documentar. Y ese ha sido su gran poder. Pero ahora la foto la usamos para todo: como forma de comunicación no verbal, como marca personal en redes sociales, como una vía de validación social, como método de control… tiene muchísimos usos. La foto ha trascendido y lo habita todo. Parece que nos olvidamos de lo que es la fotografía en sí.
¿Nos ha llevado esto, sobre todo las redes sociales, a que de alguna manera todo sea repetición?
El ser humano, al menos en términos de creación, tiende a repetir lo que ha visto. Lo que nos ha llevado a que la fotografía, en redes como Instagram, se haya estandarizado. Al menos lo que queremos ver en ellas. Algo que es muy triste. Los selfies se repiten en las mismas actitudes, todo el mar aparece con el horizonte en el fondo, etcétera. Fotos que todos reconocemos. Por eso yo insisto mucho en buscar la propia voz.
También a la eliminación del conflicto, de la resistencia y de la ambigüedad.
Esta estética pulida, que no ofrece crítica, nos adormece y a mí personalmente no me aporta nada. Y, sobre todo, supone una falta grande de ambigüedad. Estamos en un plano de literalidad absoluta en el que todo está explicadísimo. Hablamos de fotografía, pero creo que se puede aplicar a todo. ¿Por qué subestimamos tanto al lector, al oyente, al espectador?
«Estamos en un plano de literalidad absoluta en el que todo está explicadísimo»
¿Cómo podemos cambiar esta tendencia? ¿Buscar esa otra foto?
Teniendo espíritu más crítico y no entrando tanto en el camino preestablecido. También creando y consumiendo cosas que nos cultivan, nos estimulan y nos sacan de este adormecimiento. Todo esto sin culparnos: al final hacemos lo que podemos. Respecto a lo que preguntabas de cómo hacer esa otra foto es fácil: no apuntar al mismo lugar, dándole la vuelta a la cámara o mirar para otro lado.
¿Nos ayudaría esto a aprender a distinguir entre las fotografías falsas (realizadas con IAs) y las reales?
Esto es el gran problema que existe a día de hoy. Necesitamos alfabetización visual porque cada vez cuesta más distinguir lo que es real de lo que no. También que se legisle sobre ello. Además, debemos hacernos la pregunta de si de verdad nos importa, porque a lo mejor la respuesta es no. Aun así, lo bonito de todo esto es que la fotografía sí que tiene el poder de documentar la realidad.
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