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Sociedad

Antonio Villarreal

«Las tertulias no son la causa de la polarización, sino una de sus consecuencias»

Fotografía original

Marta Silvera
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26
febrero
2026

Fotografía original

Marta Silvera

Si hay un formato periodístico que está en alza en los últimos años en nuestras radios y televisiones es la tertulia de actualidad. Da igual la hora del día, da igual si es radio o televisión. En cualquier momento, nos conectamos con el exterior, podemos oír o ver a una un grupo de cuatro o cinco opinadores esgrimiéndose verdades como puños con una seguridad pasmosa aunque se contradigan palmariamente. Con una mirada cuasi científica, se ha aproximado Antonio Villarreal (Córdoba, 1981) a este fenómeno en su libro ‘Tertulianos’ (Península, 2026). Regado tanto de anécdotas como de análisis más profundos, Villarreal nos muestra cómo funciona la industria más poderosa de la creación de opinión pública en España.


La opinión que se tiene de un tertuliano es que es un todólogo que tan pronto habla de una pandemia sanitaria, como de una guerra en el Cáucaso, la explosión de un volcán, un accidente de tren o cuestiones avanzadas de política económica. ¿Es creíble que una persona pueda saber de todo?

Es una ficción, es una ficción total. Además, en el libro cuento un poco cómo se elabora esa ficción, porque realmente es algo muy único que cada vez que pongas la radio o la tele haya gente hablando de un tema y parezca que sepan todo lo que hay que saber sobre ese asunto. Nadie realmente puede ser así. Lo que pasa es que ellos se preparan mucho antes de las tertulias, a veces porque ya saben los temas que se van a tratar, pero también se preparan durante la propia tertulia. Si hay algún giro de guion u ocurre algo inesperado —un atentado, un accidente—, en pocos segundos, mirando sus iPads, sus móviles o sus notas, son capaces de armar una serie de frases para poder seguir hablando con total seguridad durante los siguientes minutos. Así logran que el espectador no sospeche nunca que esa persona se acaba de enterar de muchas de las cosas que está diciendo.

«El formato actual demanda tertulianos hiperprofesionalizados, gente experta en cualquier cosa en cualquier momento»

Comentas que las primeras tertulias radiofónicas eran muy diversas en cuanto a los perfiles y los temas. En la actualidad se limitan a periodistas o politólogos o sociólogos hablando solo de política, ¿sería viable volver a los modelos anteriores de tertulias?

Yo creo que no. No soy muy nostálgico de las tertulias anteriores porque creo que cada tertulia, en el fondo, es como un espejo de la sociedad en la que está. La sociedad de los 80 era muy diferente de la de ahora y pedía otras cosas a los medios. Ahora vivimos en una actualidad continua y, por suerte o por desgracia, muchas noticias son tweets de políticos, zascas o declaraciones y contradeclaraciones. Eso le da a la gente para seguir la actualidad de otra manera. Sería absurdo decir: «vamos a volver al modelo anterior», porque sería inviable. El formato actual, que es como una actualidad infinita, demanda tertulianos muy hiperprofesionalizados. Gente experta en saber cualquier cosa en cualquier momento. Quizá no tengan profundidad, pero te rellenan el hueco y, sobre todo, son económicos, que es el tema clave detrás del éxito de la tertulia.

¿La televisión espectáculo surgida del modelo Sálvame ha contaminado también a las tertulias políticas?

Es difícil saber dónde empieza. Nada surge de ningún sitio, sino que todo se retroalimenta. Las primeras tertulias eran más intelectuales, más «tesudas» o aburridas para algunos, pero poco a poco unas van aprendiendo de otras. Yo creo que incluso Sálvame no sería posible sin el zapatazo de Norma Duval a Jiménez Arnau que ocurrió en Protagonistas. Todo el mundo ve lo que funciona en una tertulia y lo copia para su ámbito, ya sea social, deportivo o de crónica rosa. El formato está siempre evolucionando para ser más espectacular y atractivo para el espectador.

En la descripción que haces del tertuliano, señalas unas habilidades propias del tertuliano, que no siempre tienen que ver con la erudición ni con la retórica

La principal habilidad del tertuliano es la capacidad de adaptación. Adaptarse a que pueda surgir cualquier cosa y estar preparado para ello. Muchos tertulianos me han reconocido que, al principio, se sobrepreparaban muchísimo. Iban con «tochos» de notas, pero al tercer día se daban cuenta de que no usaban nada porque el ritmo de la tele es mucho más rápido. Tienes que hablar de todo en 20 segundos. Al final, la técnica es ir allí a ver qué pasa. Sabes lo que ha ocurrido en el Parlamento, pero te pueden preguntar por cualquier cosa. Te preparas para lo imprevisto, pero no vas con lecturas profundas.

¿Cómo se forma o se convierte un profesional de la información en tertuliano?

Tienes que tener talentos que yo, por ejemplo, como periodista no tengo: hablar bien a cámara, lanzar mensajes directos y cortos, y estar dispuesto a entrar en el juego del «toma y daca» cuando otro tertuliano intenta zarandearte. Tienes que salir airoso para que el productor siga confiando en ti.

«Antes las tertulias eran periodísticas, pero ahora son empleadas por los partidos como plataforma»

Algunos tertulianos han dado el salto al estrellato político. Pablo Iglesias fue el caso más claro, pero también ocurrió Pablo Montesinos, y ahora vemos que las figuras políticas que más crecen son aquellas que tienen más presencia mediática en tertulias como Emilio Delgado o Sarah Santaolalla que pese a ser tertuliana mucha gente la considera una activista política

Las tertulias son, de forma natural, una especie de zona pantanosa entre la política y el periodismo. Siempre han estado ahí, para lo bueno y para lo malo. Lo bueno es que periodistas con vocación informativa las usan para hacer contactos y estrechar sus fuentes. Lo malo es la tentación de atravesar la puerta, como le pasó a Pablo Montesinos y a tantos otros. Pasan de aparentar que tienen información del PP a ser el propio partido. Para mí es peor cuando el paso es del periodismo a la política. Antes las tertulias eran un lugar más exclusivamente periodístico, pero ahora son empleadas por los partidos como plataforma.

Que los tertulianos en muchas ocasiones tiren del argumentario que les dan los partidos, ¿no demuestra una gran pobreza argumentativa?

No creo que sea tanto pobreza como exposición. Reciben presiones continuas: argumentarios, llamadas, mensajes… y eso acaba calando como una gota china. Los políticos saben lo que hacen. En esta era de hipertertulianos que van a tres o cuatro programas al día, por puro cansancio acabas soltando parte del argumentario sin darte cuenta. Eso es lo que buscan: poner sus mensajes en el espectro público.

«La pluralidad es importante, pero no lo es todo»

¿Hasta qué punto contribuyen los tertulianos a diseminar y propagar la desinformación y a generar polarización? ¿Son los principales actores o son meros secundarios?

No son la causa de la polarización, sino una de sus consecuencias. No son los únicos agentes, pero son muy importantes. El peligro es que mucha gente fuera de nuestro gremio se informa única y exclusivamente con tertulias, incluso con las de programas de entretenimiento como El Hormiguero. Esa es su única fuente y se consideran informados. Eso es un riesgo real. Por eso, cuando el gobierno habla de combatir la desinformación pero a la vez fomenta programas de tertulia y entretenimiento, uno piensa que eso no va a salir bien, porque generas más controversia y propaganda en lugar de apostar por información pura sin tanto análisis.

El plan de medios que anunció en su día Pedro Sánchez para combatir la desinformación no incluía las tertulias, ¿por qué crees que se quedaron aparte?

Porque son muy populares y porque es más fácil modular una opinión que una información. Los políticos han aprendido a usarlas en su beneficio. Justo esta mañana veía una tertulia con un político joven del PSOE integrado como un tertuliano más para dar la versión del partido.

Señalas que la pluralidad solo es posible en los medios públicos por el sistema de cuotas y representación parlamentaria, en los medios privados, ¿por qué es imposible? ¿Tanta ideología tiene el dinero?

Los medios privados buscan el espectáculo. A veces meten a alguien que vaya en contra del resto para generar «electricidad», pero aunque haya pluralidad formal, uno puede desnivelar el campo a su antojo. Basta con poner un vídeo de un político diciendo una tontería y pedir opinión: ya estás condicionando la reacción. Hay muchas formas de enmarcar un debate o pasar de puntillas por ciertos temas. La pluralidad es importante, pero no lo es todo.

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