José María Vera
«La infancia es la gran olvidada»
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La infancia ocupa buena parte del discurso público, pero no siempre el lugar que le corresponde en la cultura y las políticas. Para José María Vera, director ejecutivo de UNICEF España, el arte puede desempeñar un papel que va más allá de la sensibilización: llegar a las emociones, generar empatía y contribuir a cambiar la forma en que una sociedad mira a los niños y las niñas. La primera edición del Premio de Cine e Infancia RTVE & UNICEF España es el punto de partida de una conversación sobre cultura, derechos y participación infantil.
¿Qué puede aportar la cultura a la defensa de los derechos de la infancia que no pueden aportar por sí solas las instituciones y organizaciones que trabajan directamente sobre esos problemas?
Como yo lo veo y como lo trabajamos en UNICEF, es con un doble ángulo. Uno es el sector cultural en sí y, por lo tanto, la participación de la infancia y adolescencia en el sector cultural, en las actividades culturales, en sus diferentes manifestaciones. Y, por otro, cómo el sector cultural, cómo las manifestaciones culturales tienen un impacto brutal, para bien o para mal, claro, según por dónde apunten, pero un potencial positivo, de impacto positivo en todo lo que tiene que ver con los derechos de la infancia en un sentido muy amplio. Esa influencia que la cultura tiene en conformar valores, actitudes, ideas, creencias que son muy potentes y que, por tanto, tienen una capacidad como agentes estratégicos de cohesión, innovación, de transformación social y que pueden construir sociedades más inclusivas, más sostenibles y más democráticas, que son aquellas donde los derechos de la infancia se van a conformar de una forma más fuerte.
«Las manifestaciones culturales tienen un impacto brutal en todo lo que tiene que ver con los derechos de la infancia»
¿Por qué decidieron que este diálogo con la cultura pasar precisamente por el legado de Eduardo Chillida? ¿Qué encontraron en su obra?
El inicio, lo que da pie a que la colaboración pueda tener lugar, es el premio de cine asociado, en el contexto del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que es el Premio de Cine e Infancia, primera edición, junto con el Observatorio de Infancia de RTVE, con Vicky Luengo como miembro del jurado, y la película Josephine, premiada. Del premio surge una colaboración desde Chillida Leku para contribuir con una obra, lo cual es un auténtico privilegio.
¿Cómo se construyen este tipo de alianzas entre UNICEF e instituciones culturales?
Yo creo que parte de la necesidad del reconocimiento de los valores añadidos que cada uno tiene. En UNICEF, sabemos sobre la infancia, sabemos con el detalle técnico de las situaciones de desprotección, de todo el trabajo migratorio, de educación, en la acción humanitaria en contextos de máxima fragilidad, o aquí en España, con la salud mental y con la pobreza infantil. Pero nos interesa llegar desde las redes sociales, desde los medios, desde el periodismo. Pero la capacidad de penetración, de capilaridad, de diferenciación, de tocar desde las emociones, desde las ideas, que la cultura tiene, es única. Y quien lo sabe hacer es el ámbito cultural, claro. Entonces, parte del reconocimiento del valor añadido y del reconocimiento de lo que queremos lograr.
¿Qué tiene el cine como herramienta de sensibilización que resulta especialmente útil para hablar de la infancia y sus derechos?
Lo que el cine tiene es que cuenta historias en una sala oscura de una forma que te puede penetrar hasta el tuétano, y esa capacidad es única cuando logra esa conexión con las emociones, con los sentires y con las ideas profundas. Y, claro, yo lo que le pediría al cine es que haga cine para la infancia, sobre la infancia, que cuando no sea sobre la infancia, también tenga en cuenta a la infancia. Para UNICEF, uno de los derechos de la infancia más importante, quizás el habilitante de todos los demás, es el de la participación. Exactamente igual para el cine y para cualquier arte escénico, que no cuenten historias solo sobre niños, que está muy bien, que sean los niños y las niñas quienes cuenten sus historias, como consideren que las deben contar.
«Uno de los derechos de la infancia más importante, quizás el habilitante de todos los demás, es el de la participación»
Ahora que ya se ha entregado el premio, ¿qué han aprendido de esta primera experiencia que no podían saber cuando diseñaron el proyecto?
Creemos que es una iniciativa singular, es una primera edición y estamos dispuestos a que se mantenga. Es la realidad que percibo en estos cinco años que llevo dirigiendo UNICEF, que los derechos, que la infancia es la gran olvidada. Está ahí, y nos preocupa, y son los niños, y claro que todo el mundo siente empatía, pero a la hora de las políticas públicas, a la hora de la protección social, a la hora de la pobreza infantil, a la hora de escuchar la voz, nunca está ahí. Entonces, en el mundo del cine, de la cultura en general, en absoluto digo que no está, pero si no hay intencionalidad, no va a estar ahí. De ahí que haga falta esa intencionalidad de una iniciativa como los premios, que saquen a la luz, que incentiven que haya más cine sobre y con la infancia, y que se premie, y que pueda haber una trayectoria. La infancia está en nuestras calles, está en nuestras familias, en nuestras casas, y el arte tiene que recogerlo también.
¿Dónde está para UNICEF el verdadero valor de estas alianzas? ¿En cambiar percepciones? ¿En generar conversación? ¿En movilizar a la sociedad? ¿O también cree que pueden llegar a producir cambios concretos?
Es difícil que produzcan cambios concretos. Nosotros buscamos y hacemos mucha incidencia pública, política, para generar cambios en cosas concretas: en el reglamento de extranjería que permite los traslados, en el desarrollo de la figura del coordinador de protección y de bienestar en los centros educativos, y así podríamos seguir citando cientos. No es el caso. Pero sí pueden influir. Lo agruparía en dos ejes: uno es el eje de una causa concreta, véase la causa de la protección de la infancia frente a la violencia. Claro que aquí hay películas sobre acceso a la justicia, sobre violencia expresa, violencia física, violencia sexual, violencia psicológica, y claro que ahí pueden tener una influencia pública, porque afortunadamente es incontestable que la violencia contra la infancia es algo a perseguir y a excluir de nuestra sociedad, pero sí una influencia política en las medidas, porque las leyes pueden decir, pero luego son las prácticas, las dotaciones, y estamos muy lejos todavía. Por lo tanto, que influyan en la incontestabilidad de una causa, como la protección frente a la violencia o la salud mental de la infancia y adolescencia, y en generar presión social, me parece que es un sector clave. El segundo eje son los valores-actitudes: la erosión que estamos sintiendo de la solidaridad, de la empatía, de la humanidad. Que se atienda a cualquier niño, que todo niño, toda niña tiene derecho a una alimentación, a un cobijo, a asistencia legal, a un futuro, independientemente de su edad, origen, género, estado, como haya llegado, lo que vemos con la crisis de vivienda, las situaciones de hacinamiento, de pobreza infantil exacerbada, esto se dirime en el espacio de los valores y de las actitudes, porque es el germen de cualquier tipo de movilización pública y, finalmente, de una influencia en aquellos sistemas y estructuras que son los que impactan a los chicos y chicas.
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