Jorge Dezcallar
«Hay que anclar más a Ceuta y Melilla en Europa»
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A finales de julio, 82.000 marroquíes entraron de forma irregular en Ceuta provocando el mayor atentado hasta la fecha contra la soberanía e integridad territorial de España. Dos meses después, la situación sigue sin estar resuelta. Hablamos con el diplomático y escritor Jorge Dezcallar sobre su origen y consecuencias y qué habría que hacer para solucionarlo.
¿Cómo hemos llegado a esta situación?
Porque hay una reivindicación permanente de Marruecos sobre Ceuta y Melilla que no va a decaer. Creo que el Gobierno se equivocó cuando pensó que haciendo concesiones en el Sáhara y cambiando nuestra posición allí iba a comprar tranquilidad en Ceuta y Melilla. Eso es no conocer a los marroquíes. En 2021, justo antes de que cambiara nuestra posición en el Sáhara, Marruecos nos dio un toque de atención en Ceuta con aquella llegada de 10.000 personas. Durante los últimos años, hemos seguido una política de apaciguamiento con Marruecos: no protestamos cuando se cerró la Aduana de Melilla o se hizo una piscifactoría en Chafarinas y hemos cambiado nuestra posición sobre el Sáhara. Hemos desarrollado una política que ellos no entienden como política de amistad, sino como debilidad por nuestra parte. Luego normalizamos relaciones con Argelia —su enemigo— y le hemos dado pasaporte español a los saharauis. En este caso, intervinieron las redes sociales, aquello empezó a coger una fuerza que nadie esperaba y el resultado ha sido muy malo para ambas partes: para nosotros, porque ha demostrado que no somos capaces de controlar la frontera ni el efecto de esa falta de control, y para Marruecos, porque ha proyectado una imagen terrible, con toda esa gente escapando a borbotones aún jugándose la vida.
«Hemos desarrollado una política que Marruecos no entiende como de amistad, sino como debilidad»
Resulta difícil imaginar que esa avalancha humana se haya producido sin conocimiento de los servicios de inteligencia y autoridades marroquíes.
82.000 personas en Marruecos no se mueven sin que lo sepan los gendarmes. Y menos aún si se trasladan a un lugar que está a 20 kilómetros de donde el rey está celebrando el aniversario de su llegada al trono. El escritor marroquí Tahar Ben Jelloun dijo que sintió rabia y vergüenza cuando al salir de la recepción en el Palacio Real se encontró con todas esas caravanas de camiones que llegaban mientras los policías les indicaban el camino. Los gendarmes no actúan sin instrucciones y los hombres de oscuro que daban instrucciones a los gendarmes, menos todavía.
La primera vez, en 2021, entraron 10.000 inmigrantes; la segunda, 72.000; si vuelve a ocurrir una tercera y superase el número de habitantes censados en Ceuta —a día de hoy, 83.595—, ¿de qué escenario estaríamos hablando?
Que te pase una vez no está bien —no se adoptaron las medidas adecuadas o las que se adoptaron no fueron suficientes—, pero que te pase dos es inadmisible. No puede suceder una tercera, porque ahora Marruecos ha aprendido a ocupar Ceuta o Melilla sin disparar un solo tiro. Una tercera vez es impensable: mete a 150.000 y los que tendrían que hacer las maletas son 84.000 [ceutíes]. Hay que tomar seriamente medidas para evitar que esto se vuelva a producir.
«Las fronteras de Ceuta y de Melilla son fronteras europeas y cualquier ataque a esa frontera no es a España, sino a Europa»
¿Cuáles deberían ser los pilares de colaboración en materia de inmigración con Marruecos para garantizar el buen funcionamiento de las fronteras?
Lo primero es que no podemos dejar la gestión de la frontera de Ceuta a la buena voluntad de un país que nos quiere quitar la ciudad. Tenemos que ser nosotros los que garanticemos esa frontera con medios físicos —Policía, Guardia Civil o incluso las Fuerzas Armadas, si es necesario—. Ahora bien, Marruecos también tiene que colaborar. El país tiene varios problemas. Uno, que recibe inmigración subsahariana que intenta cruzar y, si no pasa, se queda a Marruecos; otro, que tiene un nivel de paro y desempleo y una diferencia de renta brutal con España. Hay que ayudar a Marruecos a gestionar esos problemas estructurales y a que se desarrolle económicamente, porque nos conviene. España y la Unión Europea le están dando mucho dinero.
¿Cuán relevante es Marruecos para la Unión Europea?
Muy importante, porque es un buen socio en muchos aspectos: en cooperación terrorista, por ejemplo. Además, Marruecos depende de la Unión Europea, porque es su principal socio comercial. No solo eso, sino que Europa le da ayudas para controlar sus fronteras con la inmigración ilegal. Hay que tener en cuenta que Marruecos tiene una tasa de desempleo, sobre todo juvenil, y de graduados muy alta. Las remesas que mandan los emigrantes marroquíes desde España suponen el 1% del PIB marroquí —una cifra importantísima— y hay 300 empresas españolas y 3.000 millones de euros en Marruecos. Luego está el problema de los menores, que no van a ser repatriados a Marruecos; entre otras razones, porque son las propias familias las que les han metido en Ceuta, pues quieren que estén ahí, pasen a la Península y, una vez hayan regularizado su situación, reclamen reunificación familiar.
«No podemos dejar la gestión de la frontera de Ceuta a la buena voluntad de un país que nos quiere quitar la ciudad»
Parece una actitud bastante tibia del Gobierno frente a Marruecos. ¿A qué se debe esta falta de firmeza?
No entiendo esta política de apaciguamiento permanente con Marruecos. La actitud con el Sáhara, por ejemplo, se produjo como consecuencia de una decisión personal del presidente del Gobierno. No fue objeto de debate en el Congreso, como hubiera sido normal para cambiar un aspecto importante de nuestra política exterior, que depende de los intereses del Estado y no cambia cuando lo hace el inquilino de la Moncloa. La política exterior debe ser de consenso, porque responde a los intereses del Estado. A Marruecos hay que tratarle con el respeto que se merece, pero también con firmeza.
Y la oposición, ¿cómo debería actuar?
La oposición ha dicho que hay que tomar medidas para que esto no se vuelva a producir; una de las cuales es cambiar la legislación para que no se trate a los asaltantes como si fueran inmigrantes: no se puede tratar a 82.000 personas que se meten de golpe en una ciudad como si fueran los que llegan en una patera buscando trabajo. Son situaciones diferentes y hay que tratarlas de forma diferente.
¿Qué significa que el rey todavía no haya visitado Ceuta?
El presidente del Gobierno dijo displicentemente que llevaba [más de] 20 años reinando y que no entendía las prisas actuales. Habría que decirle dos cosas: una, que el rey va donde le permite ir el Gobierno o donde el Gobierno le dice que tiene que ir y, dos, que nunca había ocurrido una crisis de esta envergadura. Creo que la visita real —que siempre he defendido— enviará dos señales muy importantes: hacia los ceutíes, de apoyo y solidaridad por parte del resto de España a cargo de la máxima autoridad institucional del Estado, pero también una señal de firmeza frente a Marruecos.
«España se está distanciando de la Unión Europea en política migratoria»
Efectivamente, nunca se había producido un ataque así a nuestra soberanía e integridad territorial. ¿Cuánto se tarda en solucionar una crisis de este calibre?
Debería tardar muy poco, pero está tardando mucho. Me da vergüenza que dos meses más tarde sigamos sin saber cuánta gente hay por las calles ni cuántos entraron o cuántos salieron. Deberíamos: primero, reforzar el perímetro y la seguridad de Ceuta y Melilla con todos los medios técnicos disponibles. Segundo, cambiar la legislación para evitar tratar a los asaltantes como si fueran inmigrantes. Tercero, diseñar un plan de ayuda integral, económica y financiera a Melilla para que todos los trabajos —turismo, tiendas, todas las empresas— que se han visto afectados puedan sobrevivir y, además, para hacer que Ceuta sea una ciudad atractiva para vivir e invertir y para que tenga futuro. Cuarto, anclar a Ceuta y Melilla más en Europa. Esa es la gran baza que nos queda. En el momento de la entrada de España en la Comisión Europea no se hizo por no molestar a Marruecos. Las fronteras de Ceuta y de Melilla son fronteras europeas y cualquier ataque a esa frontera no es a España, sino a Europa. Todos los programas de cooperación de Marruecos con la Unión Europea van a pasar por que se respeten las fronteras europeas.
«La ultraderecha europea es euroescéptica, contraria a la integración, que es esencial si queremos salir adelante como europeos»
Entonces, cuanto más tarde España en dar respuesta a este problema, más fuerza le estamos dando a Marruecos.
Y más estamos irritando a nuestros socios europeos. Recientemente se ha votado en el Parlamento Europeo una modificación del nuevo reglamento para migraciones [Reglamento de Retorno] y España fue el único país de los 27 que votó en contra. España se está distanciando de la Unión Europea en política migratoria. No podemos irritar a nuestros socios en un tema tan sensible como este, porque es lo que está haciendo crecer la extrema derecha en todos los países. Esas escenas de las playas de Ceuta [la del Trampolín y la de Benítez] están siendo agitadas por todos los partidos de ultraderecha en Europa para decir que esa gente trae inseguridad y problemas. En las elecciones de 1984, la extrema derecha en el Parlamento Europeo era el 4%; en las últimas de 2024, el 20%. La ultraderecha europea es euroescéptica, contraria a la necesaria integración, que es esencial si queremos salir adelante como europeos.
Dadas las circunstancias, ¿podría España perder a Ceuta y a Melilla?
No veo en absoluto peligro en que Ceuta y Melilla dejen de ser españolas. Son ciudades africanas, ciertamente, pero son españolas y europeas al mismo tiempo. Ahí tenemos una diferencia de opinión con Marruecos: nosotros pensamos que son españolas y ellos piensan que son marroquíes. Ortega y Gasset diría que hay que conllevar ese problema; hay que convivir con él y tener la inteligencia de saber manejarlo.
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