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Educación

Andreu Navarra

«Para que haya democracia, debe haber meritocracia»

Profesor de Secundaria, Andreu Navarra ha dejado momentáneamente las aulas para ejercer como portavoz de Professors de Secundària (aspepc·sps).

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24
julio
2026

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Profesor de secundaria, Andreu Navarra ha dejado momentáneamente las aulas para ejercer como portavoz de Professors de Secundària (aspepc·sps). Nos encontramos en la librería La Central de Barcelona; no ha podido evitarlo y ha comprado libros, reconoce. Navarra, además, de llevar años ejerciendo la docencia, es ensayista y textos como ‘Devaluación continua’ o ‘Prohibido aprender’ son expresión de su compromiso político, social y cultural con la educación pública. Conoce bien la realidad de las aulas y, desde esa realidad, dirige duras críticas a un sistema educativo pauperizado por los constantes recortes y privatizaciones, un sistema educativo que ya no tiene entre sus objetivos enseñar y que está en manos del pedagogismo. Autor también de ensayos como ‘Bohemia y barricadas, Razón y demolición’ y ‘La revolución imposible. Vida y muerte de Andreu Nin’, es una de las personas que con más lucidez puede analizar el estado de salud del sistema educativo y la necesidad de tomar medidas para reestablecerlo como un sistema de excelencia y universal.


Usted señala que, a la hora de reflexionar sobre el sistema educativo, hay dos tendencias: la que denigra el sistema, dándolo incluso por acabado, y la que tiende a la utopía y a la idealización.

Hay un interés muy marcado por privatizar el sistema público, pero, obviamente, para privatizar algo primero tienes que destruirlo, tienes que desprestigiarlo. Lo vemos con los barrios de nuestra ciudad: para gentrificarlos, antes tienes que degradarlos hasta el extremo para, posteriormente, reconstruirlos, expulsando a sus vecinos naturales. Con la educación pública está pasando lo mismo: para expulsar al docente que quiere enseñar y al alumno que quiere aprender, lo primero que tienes que hacer es desprestigiar la institución. De ahí el bombardeo de informaciones devastadoras que anuncian el apocalipsis de la educación. No se trata ni de denigrar la educación ni de vivir en una utopía sin contacto con la realidad. La OCDE acaba de decir que lo que hay que hacer es dar más poder a las direcciones. Venimos de un año de huelgas, donde el lema era «que suba el salario y baje la ratio» y ahora lo que se nos dice es que lo importante es dar más poder a las direcciones. ¿Estamos locos? ¿Quieren apagar el incendio con gasolina?

«Hay un interés muy marcado por privatizar el sistema público, pero para privatizar algo tienes que desprestigiarlo»

Usted, de hecho, ha comento más de una vez que el gran problema es que las instituciones y los políticos no han entendido nada de cuáles son las cuestiones reales por solucionar.

Es así, no entienden nada. La administración no entiende qué se le está pidiendo y lo que hace es hacer caso a corporaciones que quieren la privatización del conocimiento. Si no sabemos lo que ocurre dentro del aula, si nos quedamos exclusivamente con lo que dice la legislación o con lo que dicen los privatizadores, no tendremos ni idea de lo que está pasando realmente. Yo soy el que va a negociar a la mesa sectorial como portavoz del sindicato de profesores de secundaria y he visto cómo me ponían una cara rara cuando les decía que hay escuelas que no enseñan las tablas de multiplicar. ¿Cómo puede ser que pase esto?, me preguntan. Y pasa por la sencilla razón de que han dado autonomía de centro. En la escuela donde se enseñan las tablas de multiplicar, el alumnado puede acceder a carreras técnicas; en las escuelas donde no se enseña, el alumnado no puede.

¿Bajo qué criterio no se enseñan las tablas de multiplicar?

En nombre de la innovación, que no es otra cosa que vaciar de contenido académico la institución escolar. Llevamos con esta excusa de la innovación veinte años, a lo largo de los cuales he llegado a escuchar, por parte de cierta izquierda, que las cátedras son elitistas y machistas. Mi madre es catedrática, es cuerpo docente público. Karl Marx y Emma Goldman se volarían la cabeza escuchando declaraciones de este tipo, porque de lo que se trata es de no precarizar a los empleados, no de eliminar cátedras. Este es un discurso polpotiano. El problema que tenemos es que estamos en manos de un extremismo populista de derecha y de un extremismo populista de izquierda.

«El profesorado debe cobrar más, pero esta es solo una parte del problema»

En las manifestaciones, se hablaba de salarios, pero se hacía hincapié en que los problemas educativos no se resuelven solo con un aumento de salarios, en que las reivindicaciones iban mucho más allá de la reclamación de un aumento.

En efecto. El hecho de señalar que solo se protestaba para exigir un aumento de salario fue la manera para, una vez más, denigrar al profesorado y para desvirtuar las protestas. El profesorado debe cobrar más, evidentemente, como pasa en cualquier país civilizado. Ahora bien, esta es solo una parte del problema. La otra parte tiene que ver con el modelo escolar. Aquí es donde está el verdadero conflicto. Hay quien cree que el modelo tiene que profundizar en el pedagogismo y hay quienes, por el contrario, somos antipedagogistas, puesto que creemos en la didáctica específica y estamos en contra de la pedagogía general, que se lo ha comido todo. Estamos en contra de un sistema donde no hay contenidos académicos y donde los docentes se convierten en monitores desfuncionalizados. Sin embargo, este es el objetivo de las políticas educativas. Por eso la LOMLOE tiene que ser derogada inmediatamente.

Hablamos de un pedagogismo que es motivacional.

Exclusivamente motivacional. Tiene que ver con lo que explica Eva Illouz acerca del control sentimental y del tecnofascismo, pero aplicado a la educación. Mientras aquí seguimos hablando de LOXES y LOMLOE, del PP y del PSOE, en el resto del mundo la crítica a este tipo de pedagogismo sobre la mesa. Si tú lees a Aristóteles, te darás cuenta de que está la democracia y está la oligarquía. Para que haya democracia, debe haber meritocracia, si no la hay, lo que nos encontramos es una oligarquía donde los puestos de gobernanza están ocupados por la nobleza, por los privilegiados de clase. Es un disparate afirmar que un catedrático que ha accedido a su puesto por los caminos de la promoción pública es un privilegiado. Insisto, no hay democracia sin meritocracia, esto es algo que sabemos desde Max Weber. Por tanto, ¿qué cabe defender? Un sistema público fuerte y una burocracia viva, accesible para todos y que no se autolimite, que no quede paralizada.

De ahí su crítica al «decreto de plantilla», que permite la contratación a dedo, y su apuesta por abrir más concursos públicos.

Porque el decreto de plantillas nos ha traído a la situación actual, que es de pura y simple corrupción. Un director o un equipo directivo puede colocar a dedo a quien le dé la gana dentro de una escuela, porque no hay controles. Esta es la locura en la que está instalado el sistema educativo público catalán. Y no solo no lo frenan, sino que la OCDE lo alimenta proponiendo dar más poder a las direcciones. De esta manera, solo se fomenta la corrupción. No tendremos paz social en la educación catalana hasta que no se derogue el decreto de plantillas.

La privatización de la educación pública se está llevando a cabo a través de distintas formas, por ejemplo, a través de contratos con grandes empresas tecnológicas.

Cierto. Todo se está privatizando y, además, de manera acrítica, sin auditar y sin fiscalizar. Piensa, por ejemplo, en los contratos para suministrar a los centros cono 90.000 ordenadores y para el mantenimiento de estos equipos; se trata de contratos con gigantes de las comunicaciones completamente opacos y hechos por procedimiento de urgencia, es decir, sin concurso público. Hablamos de pagar cientos de millones de euros a estas empresas cuando falta dinero para lo más básico, es decir, para conseguir que la escuela pública alfabetice universalmente y apoye a todo el alumnado.

«La realidad con la que nos encontramos es la del abandono del alumnado que necesita y merece una atención especializada»

Entre otras cosas, dinero para esa inclusión que se pretende desde las administraciones.

Hablar de inclusión es hablar de una distopía. La realidad con la que nos encontramos es la del abandono del alumnado que necesita y merece una atención especializada; este alumnado es abandonado en aulas ordinarias donde no hace absolutamente nada. Aquí no hay inclusión. Lo único que hay es un incumplimiento de los derechos democráticos básicos del alumnado con dichas necesidades, pero también del resto del alumnado, que ve su clase perturbada, y del docente, que no puede hacer su trabajo. Se habla de inclusión sin conocer la realidad de las aulas, pero ¿qué vemos los docentes que sí pisamos las aulas? Vemos a los alumnos con mayores necesitadas metidos en clases para pasarse seis horas dibujando o vemos a los alumnos que acaban de llegar a los se les enseña la lengua y se les deja en una clase ordinaria sin que entiendan absolutamente nada. Esto es abandono.

Es decir, ¿la inclusión simplemente significa que se comparte centro educativo?

Sí, es un gran saco de personas desatendidas. Nosotros estamos a favor de la inclusión, a favor del principio general democrático, pero estamos en contra del decreto de inclusiva. Creemos que la inclusiva se tiene que replantear, porque la ley está mal hecha y permite, otra vez, corrupción y abandono. Porque todo se recorta y se precariza. Por lo tanto, lo que tenemos que hacer es replantear el modelo para que todo el alumnado pueda aprender y para que el docente pueda hacer su trabajo.

Como dice en su libro, lo único que quieren los profesores es que les dejen enseñar.

Es así. Y una situación similar la están viviendo los médicos, ellos quieren curar, atender a los pacientes, pero están obligados a toda una serie de protocolos cuyas consecuencias son nefastas. Nosotros queremos enseñar, pero si quitan contenidos básicos del currículum y los substituyes con toda una serie de competencias que no son más que habilidades laborales muy raras, lo que se consigue es generar fascismo. Esto es lo que ha pasado en Estados Unidos, que es el primer país donde se introdujo una enseñanza competencial, y lo que está pasando en Reino Unido. Lo que se consigue es degradar la democracia, porque si no se ofrece contenidos básicos para la ciudadanía, si no se ofrece cultura, lo que se consigue no son mejores empleados, sino mejores fascistas. Por tanto, en este modelo competencial hay un claro interés político. No hay una democracia posible sin una instrucción en contenidos culturales y científicos.

«No hay democracia posible sin una instrucción cultural y científica»

En su ensayo, reflexiona también en torno al exceso de proteccionismo de los padres y de la escasa presencia de los padres, tanto en las clases más privilegiadas como en las clases más desfavorecidas.

Yo he dado clase tanto en una escuela de élite como en centros de alta complejidad, donde se trabaja muy a gusto, dicho sea de paso, y que se encuentran en barrios miserables. En ambos contextos, el problema es el mismo: la clase alta se pasa el día trabajando, además, gracias al mundo digital, su ocio es trabajar. Y la clase más baja se pasa el día trabajando porque necesita tener varios trabajos para llegar a fin de mes. Asimismo, otra cosa en común a todas las clases es que el hijo se ha transformado en un producto, en marca de estatus. En la escuela de élite, fui testigo del abandono más total: tenía alumnos que no veían nunca a los padres. En el otro extremo social, lo mismo: los padres llegaban a acumular tres trabajos al día y no veían a sus hijos. Las pantallas se convertían en el substituto: tablet, ordenador, móvil… pero todo esto revienta los cerebros.

«Enseñar y aprender no pueden ser vistos como una amenaza»

Mientras que, en el norte de Europa, donde siempre miramos por los resultados académicos, han vuelto al papel, a los libros.

Porque el nuestro es un sistema hipócrita. Aquí citamos a Paulo Freire, a la pedagogía de la liberación… pero si nos sale un Paulo Freire en nuestro contexto y en nuestras aulas lo fusilamos. Aquí continuamos con los pelotazos económicos, porque estas grandes inyecciones de tecnología en el aula no tienen objetivos pedagógicos, solo tiene objetivos privatizadores, es decir, firmar contratos. Hay que cambiar los objetivos, tenemos que volver a un currículum sencillo, estructurado, donde un contenido académico te lleve al otro, y deshacernos de este caos. Debemos poder enseñar y debe ser posible aprender. Enseñar y aprender no pueden ser vistos como una amenaza; no puede ser visto como una amenaza que el alumnado sepa quién es Montserrat Roig, Angela Davis o Mercè Rodoreda. Lo que pasa es que, ahora mismo, no hay ningún partido antipedagogista.

No sé si preguntarle cómo reacciona cuando ve la cantidad de libros para niños pequeños en los que solo se habla de emociones, libros que están más cerca de la autoayuda que de la buena literatura infantil.

Es una alienación social salvaje. Es puro adoctrinamiento con el objetivo de infantilizar a la ciudadanía. Se nos dice, desde que somos niños, lo que es legítimo sentir y lo que no es legítimo sentir. Se nos dice que no nos podemos enfadar, que tenemos que controlar la rabia y la tristeza para así pasarlo bien. Esto es propio de un sistema que lo que quiere es vender ansiolíticos. Por esto, nos encontramos en las escuelas planes de educación emocional, cosa que para mí es una aberración. Yo cuando iba a la escuela, mis maestras eran de bandera roja y leíamos a Salvador Espriu en tercero de EGB. Eso no es malo, al contrario. Recuerdo leer a J.V. Foix, a Montserrat Roig… esto es lo que debe hacer la educación.

Y así se pasan las ganas de ser maestras, maestros, profesoras, profesores.

El problema es que se le están pasando las ganas a demasiada gente. Las bolsas están vacías. Faltan maestras, por ejemplo. Urge volver a hacer atractiva la carrera docente y combatir el desprestigio y la fobia vinculada a los docentes y fomentada desde la política. Cada vez hay menos maestras, cada vez hay menos docentes y, sin embargo, los necesitamos, el sistema los necesita.

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