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Andreu Escrivá

«Podemos sobrevivir en un planeta más cálido; en uno muerto no»

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Kike Taberner
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17
julio
2026

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Kike Taberner

Durante mucho tiempo, quizá demasiado, los seres humanos hemos tratado a la Tierra como si fuera nuestra. Algo que, entre otros muchos aspectos, ha llevado a que nos encontremos atravesando lo que algunos expertos llaman «la sexta extinción». Sin embargo, todavía hay margen para reconducir la situación. Al menos así lo defiende el ambientólogo Andreu Escrivá en ‘La Tierra no es tu planeta‘, un ensayo en el que nos invita a reconectar con el lugar en el que vivimos y empezar a verlo como un espacio único que hay que conservar.


Si la Tierra no nos pertenece, ¿por qué la hemos tratado y la seguimos tratando como si fuese nuestra?

Porque tenemos muy asumido el mandato de dominación y explotación de la Tierra que está en el Génesis y en toda la concepción judeocristiana. Algo que empeora porque no dirigimos lo suficiente la mirada hacia el resto de especies con las que convivimos.

¿Todavía no hemos interiorizado que dañar la Tierra es dañarnos a nosotros mismos?

Creo que no. De alguna forma, todo el mundo asume que si contamina su casa es peligroso, pero sí que tiraría desechos tóxicos a un solar, a un vertedero, etc. Lo que tenemos que entender es que la Tierra es nuestro hogar y que, por lo tanto, cuando la dañamos, comprometemos nuestra salud y la del resto de especies con las que convivimos. Nos necesitamos unos a otros.

«Todo el mundo asume que si contamina su casa es peligroso, pero sí que tiraría desechos tóxicos a un vertedero…»

Un trato que ha llevado a una crisis de biodiversidad. ¿Qué significa esta crisis y por qué es importante definirla bien?

Así como con la crisis climática entendemos muy claramente cómo nos afecta, con la crisis de biodiversidad no pasa. Primero porque no entendemos que somos interdependientes y que todo lo que comemos, bebemos, respiramos, necesitamos, etc., tiene un porqué en la vida de este planeta. Y, en segundo lugar, como tenemos un conocimiento muy pobre de lo que es la biodiversidad, no comprendemos qué pasa si un ecosistema se degrada o si una especie desaparece. Para mí, cuesta mucho trasladar esa importancia.

¿Qué nos pasaría si atravesáramos una crisis de biodiversidad?

Que viviríamos un mundo más aburrido y menos interesante. También que tendríamos una responsabilidad muy grande por quedarnos de brazos cruzados ante la extinción de miles y miles de especies que desaparecen por nuestra culpa. Y, por último, que hay una serie de procesos en nuestro planeta de los que la biodiversidad depende al 100%, ya sea el aire que respiramos, la ropa que llevamos, los alimentos que comemos, etc. Y ahí sí que existe la posibilidad de un colapso ecosistémico. La crisis de biodiversidad va más allá de la desaparición de una especie o muchas especies, también supone el fin de sus historias, sus funciones, sus relaciones con otras especies… Todo esto es lo que nos sostiene. Sin biodiversidad, nosotros no estaríamos aquí. Aunque peor, podemos sobrevivir en un planeta más cálido; en uno muerto no.

«La crisis de biodiversidad va más allá de la desaparición de una especie»

Por todo ello dices que es muy importante asentar las bases sobre su protección cuanto antes.

Nos hemos quedado con ciertas ideas o marcos conceptuales, como las áreas protegidas, que han salvado especies de la extinción y ecosistemas. Pero creo que las bases para proteger la naturaleza aún no están. Esto no ha sucedido porque requieren un cambio cultural: el abandonar la visión antropocéntrica y ser conscientes de que estamos al mismo nivel que las otras especies. Mientras no se produzca esto ni haya políticas conservacionistas que cuestionen el capitalismo, difícilmente vamos a poder tener un éxito relevante. También hace falta cambiar la arquitectura legal global, es decir, creo que es importante generar el debate sobre los derechos de la naturaleza, los ríos, lagunas, etc. Tenemos que ponernos al mismo nivel que el resto de la vida en la Tierra y luchar por su preservación.

Todo ello, defiendes, nos está llevando a la sexta extinción. ¿Por qué se caracteriza y en qué se diferencia de las anteriores?

Una extinción masiva es aquella en la que se pierde más del 75% de las especies. A lo largo de la historia de la Tierra ha habido cinco por distintas causas naturales. Respecto a esta sexta extinción, hay un gran consenso científico de que está siendo causada por los seres humanos y que se está produciendo muy rápido. Están desapareciendo por una serie de causas —porque las estamos quitando su lugar para vivir, cazando, talando, especies invasoras, etc.—, pero a ello hay que sumar el factor del cambio climático, que no va a permitir que muchas se puedan adaptar. Siendo un proceso que ha ocurrido en el planeta varias veces, la diferencia fundamental es que es la primera vez que lo causamos los humanos, que estamos nosotros aquí y que va a un ritmo muy rápido, por lo que no va a ser posible la adaptación.

«Como humanidad, podríamos gastar un 30% de lo que estamos haciendo ahora mismo en energía y materiales»

Las dos principales soluciones que propones ante esta extinción son desacelerar y eliminar el consumo superfluo. ¿En qué consisten y cómo se vertebrarían?

A partir de la segunda mitad del siglo XX empezó el proceso de la gran aceleración de materiales, bienes de consumo, etc., lo que llevó a que todos los indicadores de presión sobre la biosfera se acrecentaran. Hay muchos investigadores que dicen que los inicios del Antropoceno se podrían marcar ahí. Esta situación viene dada por esa aceleración, que nos lleva a ir más rápido, ser más productivos y contribuir más a esa acumulación del capital. Por eso yo propongo la ralentización de todo, lo que llevaría a disponer de más tiempo para adaptarnos y al cuestionamiento de ciertas inercias que tiene nuestro sistema. Una demanda que creo que también proviene de muchos ciudadanos. Y a la vez, esta ralentización nos va a permitir consumir menos. Como humanidad, podríamos gastar un 30% de lo que estamos haciendo ahora mismo en energía y materiales.

Dos ideas que riman con la palabra decrecimiento. ¿Cómo debería llevarse a cabo este proceso para que nadie se quede atrás?

Cuando hablamos de decrecimiento, hay dos cuestiones fundamentales. La primera es acompañarla de imágenes y contexto. En un marco capitalista, decrecimiento puede llevarnos a pensar en recesión y la gente no quiere ir para atrás. Pero el decrecimiento debe ser global y llevarse a cabo con justicia social: a la vez que muchos verían afectada su vida, no solo los que tienen jets privados, otros van a consumir más materiales. El decrecimiento no es ir para atrás, sino que como sociedad establezcamos condiciones de vidas justas. Decrecimiento es sinónimo de transporte público digno, de ciudades sanas, de la posibilidad de reparar nuestros aparatos, una jornada laboral de cuatro o tres días… Cuando explicas que el decrecimiento es eso y mucho más, de repente está a favor. Tanto, que hay estudios muy recientes que demuestran que la gente está alrededor del 70%. Solo falta atrevernos a llevarlos a cabo y ver que se puede vivir mejor.

«Decrecimiento es sinónimo de transporte público digno, de ciudades sanas, de la posibilidad de reparar nuestros aparatos, una jornada laboral de cuatro días»

Bajo estas premisas y como escribes en un momento, ¿el más fuerte es el que mejor cuida?

Creo que es importante esto porque hay algunas visiones o relatos que se aferran a la idea de que el mejor en la naturaleza es el que más fuerte pega y el que se impone sobre los demás. Pero la naturaleza nos enseña lo contrario: uno de los mayores elementos que estructura una comunidad de animales y plantas es la cooperación.  Algo que sucede también entre personas. Hemos llegado hasta aquí porque sabemos cuidar, algo que está en nuestro ADN. Somos humanos porque cooperamos y somos fuertes porque cuidamos. No debemos caer en lo contrario.

¿Cómo podemos volver a conectarnos con la naturaleza, a cuidarla?

Más que irnos a espacios naturales fantásticos, o incluso leer sobre ella, lo que necesitamos es tenerla cerca. Ya sean mascotas, plantas de interior o parques. Todo eso nos reconecta con cómo va desarrollándose la vida. Para mí esa es la mejor forma de reconectar: si pensamos que nuestras ciudades son espacios humanos en los que la naturaleza está fuera, seguimos ahondando en esa dicotomía. Necesitamos entenderla como una parte de nosotros que mejora nuestra vida.

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