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Emprendedores: el corazón discreto del tejido productivo

Las pequeñas empresas representan el 94% de la industria española y dibujan, de forma casi invisible, el rostro económico del país. Pero más del 60% de sus impulsores tropieza con un mismo muro: el de la financiación. El microcrédito nació, precisamente, para derribarlo.

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21
mayo
2026

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Las pequeñas empresas son la piel de un país. Al entrar en la papelería de barrio, en el bar de abajo o en esa pastelería que lleva cincuenta años horneando el mismo pan, asoma la personalidad de quien las regenta y, en conjunto, una imagen fiel del país y de su economía.

Una microempresa, según la definición de la Unión Europea, es aquella que cuenta con menos de diez empleados y una facturación anual inferior a dos millones de euros. En España representan en torno al 94% del tejido empresarial, una proporción ligeramente superior a la media europea, y forman el núcleo de las pymes. Su distribución geográfica también dibuja el mapa económico del país: solo Cataluña concentra el 18,5% de las microempresas, y Madrid algo más del 17%, según el Directorio Central de Empresas del INE.

Las personas con menos recursos en ocasiones pueden ser invisibles para un sistema bancario que mide la confianza a través de garantías que ellas no pueden aportar

Muchos de estos negocios comparten un mismo obstáculo: conseguir financiación. Aunque en el último año el 65% de las pymes españolas logró obtener algún tipo de crédito, más del 60% de los emprendedores reconoce haber tenido dificultades para conseguir financiación bancaria. Y, en este terreno, el tamaño de la empresa sigue condicionando casi todo. La brecha es especialmente visible en la digitalización: entre los negocios digitalizados, el acceso al crédito alcanza el 77%; entre los que no lo están, cae hasta el 23%. La Confederación Española de Sociedades de Garantía Recíproca (CESGAR) calcula que cerca de 141.540 pymes podrían generar hasta 529.273 puestos de trabajo si lograran acceder al capital que necesitan.

El microcrédito consiste en un préstamo de cuantía reducida, por lo general, unos pocos miles de euros, concedido sin las garantías habituales que exige la banca tradicional, y diseñado para llegar a quienes el sistema financiero descarta de antemano: personas en situación de vulnerabilidad, personas sin historial crediticio omicroempresas que necesitan dar un salto modesto pero decisivo.

Su lógica invierte el principio sobre el que se construyó la banca convencional. En lugar de medir la confianza a través de avales, propiedades o nóminas estables, el microcrédito atiende a la viabilidad del proyecto y al compromiso de quien lo impulsa. Al operar fuera de los baremos tradicionales, se convierte en una herramienta de inclusión financiera capaz de incorporar al circuito económico a millones de personas que, de otro modo, quedarían fuera. 

En España, el referente más visible de esa filosofía es MicroBank, el banco social de CaixaBank y la única entidad bancaria del país dedicada en exclusiva a las microfinanzas. La entidad ha presentado ante Naciones Unidas su modelo de microcréditos como ejemplo de cómo combinar sostenibilidad financiera e inclusión social. En aquella exposición, MicroBank subrayó su red de alianzas con instituciones públicas y privadas –ayuntamientos, cámaras de comercio, organizaciones sin ánimo de lucro y escuelas de negocios– como una de las claves para que el préstamo acabe traduciéndose en empleo.

El 97% de los emprendedores apoyados por MicroBank reconoce que no habría podido iniciar su negocio sin el apoyo del microcrédito

Fruto de esa colaboración con cerca de 300 entidades, el año pasado MicroBank financió a través de esa red más de 2.000 proyectos de emprendedores, con un volumen total de 46,5 millones de euros y un préstamo medio de 21.600 euros. El 97% de esos emprendedores reconoce que no habría podido iniciar su negocio sin el apoyo del crédito, y el 32% partía de una situación de desempleo. Pese a esa fragilidad de partida, uno de cada cuatro de los proyectos financiados ha terminado generando nuevos puestos de trabajo.

Cristina González, directora general de MicroBank, ha subrayado que el papel de la entidad no se agota en reducir las barreras de financiación, sino que se extiende también a corregir el déficit de educación financiera y la falta de experiencia empresarial mediante un acompañamiento sostenido. Conceder un préstamo, asegura, no equivale a garantizar la viabilidad de un proyecto: es solo el primer paso.

Ese enfoque integral se ha traducido en una expansión continuada de la actividad. MicroBank cerró el año pasado con un aumento del 19% en el número de operaciones y del 18% en el volumen de financiación frente al ejercicio anterior. Buena parte del acompañamiento al emprendedor se canaliza a través de MicroBank Academy, una plataforma educativa gratuita que reúne cerca de un centenar de cursos online, organizados según las fases clave del negocio: iniciar, impulsar y consolidar. La plataforma superó el año pasado las 50.000 visitas.

Detrás de cada negocio hay, casi siempre, una decisión que un día pendió de un hilo: la de poder o no acceder a la financiación que lo hace posible. Defender esa red discreta de pequeños negocios es también defender la forma en que España se reconoce a sí misma.

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