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Edificios a base de hongos

La arquitectura fúngica muestra el potencial de los hongos para crear espacios habitables a partir de recursos renovables.

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18
febrero
2026

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Le llaman arquitectura fúngica. Representa la vanguardia de las estructuras biológicas, donde equipos multidisciplinarios de arquitectos, biofísicos y micólogos estudian el micelio (la red vegetativa de hifas de los hongos) como un material de construcción duradero y biodegradable. Esta tecnología, que comenzó a revolucionar el sector de los envases sostenibles en 2007, alcanzó un hito arquitectónico siete años más tarde con una instalación en el MoMA de Nueva York, demostrando el potencial de los hongos para crear espacios habitables a partir de recursos renovables.

El proceso de creación de estos materiales es simple: consiste en introducir micelio y residuos agrícolas en moldes específicos. Durante esta fase, los hongos de rápido crecimiento se alimentan de los desechos, tejiendo una red densa que solidifica la mezcla hasta convertirla en ladrillos orgánicos de alta resistencia. Este método de fabricación permite cultivar componentes estructurales a medida. Pero también ofrece una alternativa ecológica que absorbe carbono en lugar de emitirlo, lo que transforma la industria de la construcción tradicional.

Han Wösten, profesor de microbiología en la Universidad de Utrecht, director del programa de maestría en Innovación Bioinspirada y coordinador del área de Biología Fúngica del programa de maestría en Biología Ambiental, ha sido uno de los pioneros en esta materia. Wösten investiga los procesos de crecimiento y desarrollo de los hongos. Trabaja en el proyecto de investigación Mycelium Design, en el que se busca que los filamentos fúngicos se conviertan en nuevos materiales. Sus investigaciones inspiran a artistas y diseñadores, quienes convierten el material fúngico en ropa, materiales de construcción y muebles.

Wösten ha liderado el proyecto Fungatería, que desarrolla materiales vivos diseñados (ELM, por sus siglas en inglés) fusionando micelios de hongos con bacterias para crear materiales adaptables y autocurativos que hacen lo que los productos convencionales no pueden hacer, según explican en un artículo los expertos de Horizon (The EU Research & Innovation Magazine). «Los investigadores [de Fungatería] buscan diseñar estos materiales de modo que combinen la resistencia del crecimiento natural con la funcionalidad de la ingeniería. Por ejemplo, paredes que reparan sus propias grietas, bloques de construcción que absorben CO₂ o superficies que purifican el aire», recalcan.

Con los hongos se pueden crear edificios inteligentes que reaccionen a la iluminación

Pero no es la única investigación de su tipo. Harris Wang, biólogo sintético de la Universidad de Columbia, ha creado bioladrillos basados en hongos con un beneficio adicional: permanecen vivos mucho tiempo después de su fabricación, lo que les permite unirse entre sí sin mortero e incluso «curarse» a sí mismos si aparecen grietas. Estas estructuras están hechas con el hongo Ganoderma, común en los troncos de los árboles.

Los científicos de Columbia afirman que podrían ser especialmente útiles en entornos remotos donde los materiales de construcción no son fáciles de conseguir y existe una necesidad de erigir estructuras temporales, como en escenarios de desastres naturales. Además, indican que se podrían producir cantidades casi ilimitadas de ladrillos con tan solo unos cuantos sacos de raíces de hongos conservadas. Lo único que se necesitaría en el lugar serían subproductos vegetales ricos en almidón para alimentar al hongo, como paja, tallos de maíz o cáñamo. Y, como el material que se fabrica está vivo, se puede seguir generando más y más simplemente añadiendo materia prima. Luego, una vez que se terminen los ladrillos, volverán a desaparecer en la naturaleza.

Los expertos de la Universidad del Oeste de Inglaterra, en Bristol, han ido un paso más allá en la creación de estructuras simples. Andrew Adamatzky, profesor y director del Centro de Computación No Convencional, descubrió que los hongos podrían utilizarse como una especie de ordenador. Una de sus investigaciones reveló que el organismo reacciona a estímulos externos, como cambios en las condiciones de iluminación y temperatura, con picos de actividad eléctrica. Su objetivo es crear una casa inteligente utilizando micelio. Gracias a un novedoso sistema bioeléctrico, la idea es que la casa pueda reconocer los niveles de iluminación, las sustancias químicas del entorno y la presencia de personas y responder al tacto. Los hongos vivos cultivados dentro de la estructura del edificio actuarían como sensores que detectan cambios, y los ordenadores analizarían la información.

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