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Cambio Climático

¿Almacenar carbono bajo el mar?

Hay proyectos que están convirtiendo el subsuelo del mar del Norte en un depósito de CO2 industrial. La captura y almacenamiento de dióxido de carbono promete reducir las emisiones de sectores difíciles de descarbonizar.

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11
febrero
2026

La reducción de los niveles atmosféricos de CO2 se ha convertido en una necesidad global para combatir el cambio climático. Lo bueno es que hay entornos medioambientales que son capaces de absorber parte del CO2 que la actividad humana emite a la atmósfera: son los sumideros de carbono naturales. Entre estos destacan especialmente los bosques, que mediante la fotosíntesis atrapan dióxido de carbono que devuelven como oxígeno. Pero también puede hacerse una labor similar bajo el mar gracias a corales, algas, plancton y bacterias fotosintéticas.

Los avances tecnológicos han permitido que en los últimos años se generen también sumideros de carbono artificiales. Pero no resulta suficiente si deseamos frenar el cambio climático. Por eso se continúa investigando para lograr almacenar el exceso de CO2 sin generar más daño medioambiental. Muchas de esas investigaciones han encontrado una posible solución bajo el lecho marino.

Capturar directamente el CO2 que generan determinados procesos industriales, licuarlo y transportarlo, mediante tuberías, hasta depósitos geológicos situados a gran profundidad bajo el mar podría ayudarnos en la compleja descarbonización de ciertos sectores de la industria como los de fabricación de cemento o acero, por poner solo un par de ejemplos. Y ha sido la industria cementera la primera que ha servido para poner en marcha un proyecto de este tipo.

A mediados del año pasado, unas instalaciones de la empresa energética Northern Lights, ubicadas en Øygarden (Noruega), culminaron con éxito el primer almacenamiento de CO2 proveniente de una de las mayores cementeras del país bajo el lecho marino. El lugar elegido para dicho almacenamiento se encuentra situado en un yacimiento geológico a 2.600 metros bajo el mar del Norte. Allí, el CO2 queda retenido de forma permanente sin que pueda salir al exterior. A través de un gasoducto submarino de 100 kilómetros se logra transportar el CO2, previamente licuado, hasta este almacén subterráneo.

Sectores como el de la fabricación de cemento han comenzado a almacenar carbono bajo el lecho marino

En esta fase inicial del proyecto, Northern Lights confirma su capacidad de almacenar 1,5 millones de toneladas de CO2 anuales, lo que equivale a las emisiones de más de 300.000 automóviles. Esta cifra podría aumentar hasta las 5 toneladas anuales en posteriores fases. Pero más allá del volumen de emisiones, el proyecto representa un modelo aplicable a diversas industrias, ya que contempla todo el proceso que va desde la captura hasta el almacenamiento.

En 2023, la multinacional química INEOS dio a conocer su proyecto Greensand. Fueron ellos quienes realizaron la primera «inyección» de CO2 bajo el lecho marino, también en el mar del Norte. El depósito, en este caso, es un antiguo yacimiento petrolífero ya agotado. El transporte del dióxido de carbono licuado se realiza en buques adaptados para asegurar la imposibilidad de un escape hasta que llega a una plataforma desde la que se transporta al yacimiento que hará las veces de depósito permanente.

La captura y almacenamiento de carbono se ha convertido ya en uno de los métodos que, en años venideros, nos ayudará a combatir el cambio climático de forma masiva. La propia Unión Europea se ha involucrado de lleno, apoyando con financiación el proyecto de Northern Lights a través de su programa Connecting Europe Facility for Energy, que establece como estratégico para sus planes climáticos este método de captura y almacenamiento de CO2.

Pero, ¿estamos hablando de una solución definitiva al aceleramiento del cambio climático? Sin duda se trata de un gran avance, pero la legislación y la cooperación transnacional deben jugar un papel importante, y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero por parte de la industria no puede abandonar una hoja de ruta ya marcada. Es justamente ese posible abandono lo que preocupa a numerosos activistas ambientales con respecto a la captura y almacenamiento de CO2. Desde diversos foros de defensa del medio ambiente se ve esta solución como un parche, y se critica el alto coste energético del proceso, que podría generar más emisiones de las que esconde. Además, insisten en que se desconoce el impacto que pueden tener estos depósitos subterráneos a largo plazo en el ecosistema marino y temen que la industria utilice este sistema para retrasar la reducción de emisiones que está obligada a acometer. Es imprescindible, por tanto, que las normativas internacionales logren incorporar este procedimiento sin dejar de legislar a favor de la reducción de emisiones.

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