La culpa siempre es de las madres
7 de cada 10 madres se sienten mal por no ejercer la maternidad perfecta que se esperaba de ellas. ¿Es posible librarse del sentimiento de culpa mientras te bombardean con información sobre todo lo que estás haciendo mal?
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Si le doy gominolas a mi peque lo condeno a una adicción poco saludable, pero si lo alimento «bien» acabará con ortorexia. Si la llevo al parque a jugar con sus amigos no tendremos un rato de conexión emocional pero si me pongo yo a pintar con ella no tendrá suficiente tiempo de juego libre y sin control adulto. Si le regalo todo lo que pide a Papá Noel sufrirá el síndrome del niño hiperregalado, pero si le digo que en casa no celebramos la Navidad crecerá con un trauma. Si no le riño, se convertirá en una déspota, pero como le grite, crecerá con apego ansioso. ¿Es posible acertar alguna vez siendo padre o, sobre todo, madre?
Dicen que hubo un tiempo en el que, con querer a tus hijos y tenerlos alimentados, era suficiente para ser considerado un progenitor apto (puede que la primera parte ni siquiera fuera esencial). Hoy ser un buen padre o madre es mucho más difícil, porque no hay un concepto claro de qué significa eso. Las redes sociales probablemente no hayan hecho más que empeorar el problema, pues, en cuanto hayas visto un reel sobre ser madre, el algoritmo te bombardeará con contenidos con los que podrás replantearte todas y cada una de tus decisiones. Parecía que había un acuerdo generalizado sobre lo de tratar a los peques con respeto, pero un día aterrizará en un tu feed un supuesto estudio (de fuentes imposibles de rastrear) que avisa de que los niños que crecen en entornos de disciplina positiva sufren más ansiedad. Si el objetivo actual de la mayoría de padres y madres es asegurar la felicidad presente y futura a sus hijos, algo, evidentemente inalcanzable, ¿cómo no sentirse culpable a cada instante?
El sentimiento de culpa se exacerba en el caso de las madres, porque las exigencias que recaen sobre ellas son mucho mayores. Hay cierto consenso social que concluye que los padres de ahora son mejores que los padres de hace 50 años: basta con que se involucren mínimamente en la vida de sus hijos para conseguirlo. Y los datos son concluyentes: un estudio de la socióloga Giulia M. Dotti Sani estimó que el tiempo que los padres pasan con sus hijos se cuadriplicó en los últimos 50 años (el promedio diario en 1965 era de 16 minutos, y el de 2012, 59 minutos).
9 de cada 10 madres se sienten cuestionadas por su forma de criar
Mientras tanto, las madres dedicaban en 1965 un promedio diario de 54 minutos a actividades de cuidado infantil y en 2012, 104 minutos por día. No deja de ser llamativo que las madres actuales pasen más tiempo con sus hijos que las de los años 60 (y además crean que ese tiempo no es suficiente) cuando la proporción de mujeres que no trabajaba fuera de casa era mayor. También deja claro que las comparativas tremendistas de algunos «expertos» en crianza no se sostienen. Puede que en los años 60 hubiese menos bebés que tenían que ir a la guardería, pero eso no significaba necesariamente que sus madres se dedicasen a velar por su bienestar 24 horas al día.
Sin embargo, las madres actuales se sienten más juzgadas en su maternidad que nunca. Según una encuesta de El Club de las Malas Madres de 2023, 9 de cada 10 madres se sienten cuestionadas como madres con frecuencia (en su entorno familiar, con amigos, con otros padres y madres de la escuela…), y 7 de cada 10 se sienten culpables por no ser la madre perfecta que se esperaba de ellas. ¿La paradoja? El propio sentimiento de culpabilidad se convierte en una razón más para sentirse culpable: 6 de cada 10 se sentían mal también por ser tan exigentes consigo mismas.
La creencia arraigada en la crianza intensiva, con la expectativa de que las madres deben atender cada faceta del desarrollo físico, social, emocional y cognitivo de su hijo, incluso si esto las lleva al punto de agotamiento, ha ido aumentando a lo largo de los últimos años. Quizá a esto haya contribuido la propia mentalidad millennial (de la que forman parte las personas nacidas entre 1981 y 1996). Como analiza Anne Helen Petersen en su libro No puedo más, los padres millennial sienten la presión de optimizar absolutamente todo en sus vidas, incluyendo aspectos de la crianza que generaciones anteriores considerarían triviales. Se les ha educado para ser, ante todo, competentes y productivos, y llevan esa mentalidad también a su forma de criar. Ese perfeccionismo y necesidad de control se puede ver en la cantidad de libros sobre temas relacionados con la educación que se están publicando últimamente, o la cantidad de gurús que venden contenido de esta temática. Piensan que, quizá formándose, llegarán a tomar todas y cada una de las pequeñas decisiones diarias de forma correcta. Por si esto fuera poco, la crianza no solo se vive, se performa. No basta con ser buenos padres, hay que documentarlo, compartirlo y evangelizar sobre ello, lo que contribuye al clima social de exigencias creciente.
La crianza no solo se vive, se ‘performa’: no basta con ser buenos padres, hay que documentarlo y compartirlo
En este contexto, ¿es posible librarse de la culpa siendo madre? Quizá mejor que obsesionarse con no sentirse mal, sea abrazar el malestar. La mayoría de los psicólogos recomiendan aceptar la culpa en lugar de tratar de evitarla, pero analizando por qué nos sentimos así: ¿he hecho realmente algo que debo mejorar o me siento culpable por cosas que no tienen repercusión alguna? Un estudio publicado en el Journal of Family Psychology demostró que fomentar la función reflectiva puede reducir la carga de la culpa. A la hora de la verdad, si vamos al fondo del asunto, que el niño coma menos verduras de las que debería o que haya visto seis horas de televisión seguidas porque estabas con gripe no va a condicionar su vida.
Huelga decir que hay razones de peso por las que es importante preocuparse y actuar para corregirlas. También que, cuando la culpa interfiere con la vida diaria, conviene buscar ayuda de un profesional.
Pero, para la gran mayoría de madres, las mejores estrategias para gestionar el sentimiento de culpa pasan por analizar la situación, pero también el contexto general en el que nos encontramos, y las expectativas irreales que nos podemos estar proponiendo. No hay suficientes horas en el día para despertar a tus hijos con una sonrisa, meterles un mensaje de amor en la fiambrera, irte a trabajar y dar el 100%, cocinar comida casera sana y nutritiva, pasar tiempo de calidad y jugar juntos, estimular su creatividad, hacer deporte, cuidar la vida de pareja, atender a tus padres, socializar con tus amigos y dormir 8 horas.
Aprender a despreocuparse de las cosas pequeñas, abandonar Instagram y las comparaciones odiosas, y ver los errores como oportunidades de crecimiento es un punto de partida interesante para dejar de sentirnos culpables. Mientras tanto, podemos consolarnos pensando que, cuando sentimos culpa por acciones irrisorias, es porque nos importa el bienestar de nuestros hijos.
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