C.S. Lewis y la abolición del hombre
El escritor estadounidense C.S. Lewis alertó a mediados del siglo pasado sobre los peligros de una sociedad deshumanizada, guiada por el instinto animal y sometida a la manipulación ideológica.
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El escritor británico C.S. Lewis (1898-1963), famoso por sus libros de fantasía como la saga Las crónicas de Narnia, se declaró ateo desde su adolescencia. Un ateísmo que abandonaría en 1929 para, poco después, no solo abrazar de nuevo la fe sino convertirse en uno de los mayores apologetas del cristianismo de la época. Tal reconversión le llevó a firmar varias obras literarias orientadas a transmitir los mensajes de la fe cristiana.
Siendo profesor de Literatura en el Magdalen College, conoció a otro famoso autor de literatura fantástica. El autor de El señor de los anillos, J.R.R. Tolkien (1892-1973), convencidísimo católico, entabló con Lewis una intensa amistad, y sus conversaciones acerca de la religión, junto a la lectura de obras capitales de autores cristianos, sumieron a este en la duda espiritual. Lewis dejó escrito que sentía cada noche «el acercamiento continuo, inexorable, de Aquel con quien, tan encarecidamente no deseaba encontrarme», hasta que «admití que Dios era Dios y, de rodillas, recé». Poco después, tras una larga conversación nocturna mantenida con Tolkien, confiesa haber pasado «de creer en Dios a creer definitivamente en Cristo».
En su Trilogía Cósmica, a pesar de tomar las formas de la literatura de ciencia ficción, Lewis expuso alegóricamente una feroz crítica a la deshumanización, a la que señalaba como causa de todos los males de la época. No satisfecho con el resultado, decidió profundizar en dicha temática con La abolición del hombre, un ensayo que, desde entonces, sigue siendo objeto de debate.
Las consecuencias de la deshumanización vaticinadas por C.S. Lewis en La abolición del hombre han resultado casi proféticas si pensamos en la sociedad de hoy. El escritor aseguraba que el ser humano se veía abocado a la celebración «por encima de cualquier principio o moral universal» del más férreo individualismo. El relativismo y el subjetivismo se impondrían logrando que la sociedad dejase de ser un ente cohesionado en aras del progreso.
Lewis aseguraba que la carencia de valores morales universales genera «hombres sin pecho»
A pesar de su devoción cristiana, Lewis parte de que toda cultura, a lo largo de los siglos, ha reconocido la existencia de una moral objetiva que trasciende el hecho religioso. Así, para articular su ensayo, utiliza el término «Tao», tomado de la filosofía oriental, como representante de un conjunto de valores, una moral universal objetiva, que nos permite diferenciar entre el bien y el mal.
El «Tao», asegura el autor, es denigrado desde los ámbitos académicos. Lewis denuncia cómo el sistema educativo se encarga de adoctrinar a los jóvenes en la creencia de que todo juicio de valor es únicamente una expresión subjetiva de los propios sentimientos. De esta manera, las generaciones futuras estarían negando el «Tao» y se conducirían guiadas por un relativismo moral que no permite distinguir entre el bien y el mal.
Tras dicho relativismo comienza a aflorar el individualismo que conducirá a la deshumanización y, por tanto, a la «abolición del hombre». El autor decide llamar a las personas así adoctrinadas como «hombres sin pecho», metáfora de la carencia de corazón. Hombres que desconfían de cualquier valor moral objetivo considerado válido. Hombres con un importante progreso intelectual, pero con evidente atrofia emocional. Personas entregadas a un peligroso desequilibrio que les somete a sus instintos puramente animales y, también, a la manipulación ideológica por parte de aquellos que sí tienen un firme sustento moral. Una moralidad que no ha de ser la correcta, ya puede ser la de ideólogos que desean ejercer domesticar a la sociedad en beneficio propio.
Si reflexionamos acerca del individualismo actual y la eclosión de corrientes políticas populistas tendentes a someter a la población, podemos suponer la pérdida de valores morales a la que se refería Lewis como germen de la deriva social. Asistimos a un progreso social estancado, menoscabado por enfrentamientos entre ideologías.
El regreso a los valores morales universales que defendía C.S. Lewis para evitar la «abolición del hombre» bien podría ser una solución a muchos de los males que aquejan a la sociedad actual. Pero para ello se plantea como necesidad un análisis profundo sobre cuáles son esos valores y si pueden considerarse objetivamente universales e inalienables. Un análisis filosófico que vuelva a cuestionarse qué perdemos y qué ganamos al entregarnos a un progreso que no siempre busca el beneficio global.
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