La arquitectura de bultos
El comienzo del siglo XXI propició una arquitectura distinta: edificios de formas sorprendentes que buscaban ser icónicos.
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Fue en 2008. ETA puso un coche bomba delante de la sede de la Caja Vital en Vitoria. Explotó a medianoche y sin causar víctimas, pero sí daños materiales. Al menos eso era lo que asumían los pies de foto que acompañaban las noticias del día siguiente en los principales periódicos estatales. Un primer plano del coche, el edificio al fondo y la explicación «estado en que quedó la sede de la Caja Vital en Vitoria». En realidad, el atentado había fracasado y el edificio no había sido dañado. Esos daños que habían visto en las redacciones centrales eran características propias del diseño. Esa historia la contó en una charla en la Fundación March el catedrático y arquitecto Luis Fernández-Galiano, como una historia clave para entender la arquitectura de bultos y todos sus matices.
La arquitectura de bultos (otros la llaman también «arquitectura milagrosa») es un fenómeno del cambio de siglo. Sus edificios se perciben ahora como algo «muy del 2000», al menos en Europa, donde la fiebre por esos estilos ha pasado un poco de moda. Son esos edificios monumentales y, para el público profano, un poco raros que brotaron por las ciudades a lo largo de los 90 y la primera década del siglo XXI. Tenían formas imposibles y sorprendentes, diseños epatantes y apuestas grandiosas. «Son proyectos icono que trataban de convertirse en un símbolo», como le cuenta a Arquitectura&Diseño el arquitecto Juan Goñi.
Aparecieron en el momento en que las herramientas tecnológicas y las tendencias estéticas les fueron propicias. «Gracias a los ordenadores los arquitectos empezaron a hacer bultos», dice Fernández-Galiano. Los ordenadores permiten hacer esos dibujos, pero también ayudan a ejecutarlos. Las formas raras, los bultos (algunos de modo muy literal) y las arquitecturas topográficas emergen por todas partes.
Los diseños recogían la tradición del siglo XX, bebiendo de lo que ya se había experimentado con el expresionismo, la Bauhaus y el deseo de convertir la arquitectura en escultura, como señala el experto. Al tiempo, conectan con el mundo en el que viven. La segunda mitad del siglo XX presenció la recuperación de una Europa destrozada por la guerra, llena de espacios vacíos que habían dejado los escombros de los bombardeos. Fernández-Galiano explica que muchos de estos edificios nuevos remiten a las imágenes del caos y la catástrofe, beben de ellas, para crear nuevas formas. También dialogan y contrastan con las ciudades en las que se ubican, chocando con ellas y creando nuevas conversaciones. En cierto modo, eran una expresión más del zeitgeist.
Se beneficiaron igualmente de un efecto contagio. María Hurtado de Mendoza, profesora en el Instituto Tecnológico de Nueva Jersey, cuenta a El Mundo cómo sus profesores de arquitectura mostraban escepticismo mientras se levantaba el Guggenheim de Bilbao y cómo se les pasaba cuando les invitaban a visitar las obras y volvían convencidos.
El Guggenheim de Bilbao es un ejemplo perfecto de la corriente de arquitectura bulto en España
El Guggenheim es un ejemplo perfecto de la corriente de arquitectura bulto y posiblemente también el culpable de que la idea arrasase en España. El museo logró revitalizar la ría, recuperar una zona en crisis y posicionar a Bilbao como un destino turístico aspiracional. El retorno de la inversión fue muy elevado: el «efecto Guggenheim» se convirtió en el Santo Grial que buscaban los alcaldes y presidentes autonómicos de media España, que lanzaron sus propios proyectos de edificios grandiosos (y modernos) para replicar lo que había pasado en la ciudad vasca. Pocos lo consiguieron, si es que se puede decir que alguno lo logró realmente, pero eso implicó sea como sea un boom de este tipo de construcciones.
Al tiempo, los libros y las revistas de arquitectura de esos años bendecían este tipo de edificios, que se asentaron como iconos de la modernidad del cambio de siglo.
Europa ha ido abandonando la arquitectura bulto (aunque, como le dice a El Mundo Ángel Martínez, profesor de Proyectos de la Universidad de Sevilla, «en Asia se sigue construyendo mucho bulto»). Los cambios de tendencias han impactado en su reinado, así como lo ha hecho el cambio de contexto. La Europa del 2000 no es la de 2026. Los edificios bulto no resultaban fáciles de construir, tampoco eran muy habitables y han dado, en algunos casos, problemas con el paso del tiempo (como ocurre con la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia). Ahora preocupan más la eficiencia energética y otras cuestiones.
Posiblemente, tampoco ayudó que, si bien algunos edificios bulto lograron el favor del público y convertirse en ese motor icónico esperado (como el Guggenheim), otros no cuajaron tal y como se esperaba en un primer momento (la Cidade da Cultura de Santiago es uno de muchos ejemplos).
¿A dónde irá el futuro? Puede que no sean tendencias tan grandilocuentes, pero la arquitectura del presente sigue arrastrada por las modas, como la de los edificios cebra. Y si los ordenadores ayudaron a apuntalar la arquitectura de bultos, cabe preguntarse que permitirá hacer en las próximas décadas la inteligencia artificial.
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