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Pensamiento

Cuando tu cerebro toma la decisión por ti

Actuar antes de pensar

Solemos pensar que hacemos lo que consideramos mejor, pero gran parte de nuestras percepciones, juicios y decisiones cotidianas están influenciadas por procesos inconscientes o subliminales.

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11
mayo
2026

Cuando uno toma una decisión, especialmente si esta es importante, quiere pensar que lo ha meditado bien. Que ha sopesado pros y contras, que ha tenido en cuenta los distintos factores que intervienen en la ecuación y que la razón ha encontrado la mejor solución posible. Sin embargo, es posible que lo que ocurra en realidad sea lo contrario: primero tomamos la decisión, y 10 segundos después nuestra mente se encarga de encontrar justificaciones convincentes.

Y es que hay procesos inconscientes que influyen (de forma imperceptible para nosotros) en todas las pequeñas y grandes decisiones humanas. Desde en algo tan banal como elegir el menú en un restaurante hasta en algo tan relevante para nuestra futura felicidad como escoger pareja, nuestra mente opera con sesgos automáticos que actúan inadvertidamente para simplificar elecciones rápidas y ahorrar energía cognitiva.

Ya en el siglo XVII el filósofo Blaise Pascal decía aquello de que «el corazón tiene razones que la razón no entiende», y, aunque él se estuviese refiriendo principalmente a la fe, parece que dio en el clavo. El físico, matemático y divulgador científico Leonard Mlodinow lo explica así en su libro Subliminal: cómo tu inconsciente gobierna tu comportamiento: «Cuando se trata de las decisiones más importantes que tomamos —las que afectan a nuestras vidas y a las de los demás—, nuestra mente subliminal suele estar al volante».

Nuestra mente subliminal es aquella que, por debajo del nivel de consciencia, procesa la mayoría de la información sensorial, emocional y social, guiando decisiones, percepciones y comportamientos automáticos. Opera de forma rápida y paralela, captando señales sutiles como pueden ser las expresiones faciales, los tonos de voz o diversos estímulos breves. Según Mlodinow, este nivel inconsciente es el que maneja cerca del 90% del procesamiento mental, desde formar recuerdos hasta juzgar a otros, mientras que el consciente se limita a racionalizarlo después.

Según Leonard Mlodinow, la mente subliminal maneja cerca del 90% del procesamiento mental

Nuestro cerebro estaría evolutivamente diseñado para priorizar la supervivencia rápida y eficiente sobre el razonamiento deliberado lento. El cerebro reptiliano y límbico procesaría así instintos básicos, percepciones sociales y respuestas emocionales de forma automática para ahorrar energía y reaccionar ante los peligros, dejando al neocórtex solo para tareas complejas. Esto genera la ilusión de control consciente, pero hay numerosos experimentos que muestran que las decisiones ya se habrían gestado segundos antes en áreas subcorticales.

Por eso la intuición a veces funciona. En el siglo XIX el matemático Charles Sanders Peirce y el psicólogo Joseph Jastrow hicieron un experimento por el que administraban pequeñas pesas de distintos pesos, para determinar la diferencia mínima de peso que el ser humano podía detectar. Pero cuando se administraban pesos por debajo de dicha diferencia, las personas eran capaces de detectar el objeto más pesado en más del 60% de los intentos, un porcentaje mayor del que cabría esperar por azar. Cuando Peirce y Jastrow repitieron el experimento en otros contextos, como al evaluar superficies con ligeras diferencias de brillo, obtuvieron un resultado similar: a menudo acertaban la respuesta, aunque no tuvieran acceso consciente a la información que les permitía llegar a esa conclusión.

Esto se ha visto refrendado en el siglo XXI, por ejemplo, por el estudio del neurocientífico John-Dylan Haynes publicado en Nature Neuroscience: midió con un escáner fMRI a 14 voluntarios que elegían libremente pulsar un botón izquierdo o derecho mientras una secuencia de letras marcaba cuándo sentían haber realizado esa decisión libre. Los investigadores aplicaron algoritmos de reconocimiento de patrones para analizar la actividad cerebral previa al momento reportado por los participantes y, entrenando estos algoritmos, lograron predecir correctamente la elección de cada voluntario con un 60% de precisión (frente al 50% que correspondería al azar puro), hasta 10 segundos antes de que la persona indicara haberlo determinado conscientemente. Además, esta señal predictiva emergía en la corteza frontopolar (una región asociada con la planificación abstracta compleja). Esto sugiere que incluso decisiones deliberativas complejas se gestan inconscientemente en redes prefrontales mucho antes de que experimentemos la ilusión de haberlas iniciado conscientemente. Según los autores, la mente consciente desempeña más bien el papel de un «veto tardío» limitado, en lugar de ser el iniciador primario de nuestras elecciones.

Otro experimento interesante es el del psicólogo cognitivo Anthony Greenwald, que demostró cómo estímulos subliminales breves influyen en el rendimiento cognitivo de forma inconsciente. Así, los participantes tenían que clasificar palabras mostradas brevemente, pero antes se insertaban palabras subliminales (no visibles) que coincidían o no con la tarea. Cuando no coincidían, aumentaban los errores, demostrando que el inconsciente altera la percepción inmediata.

Además, hay numerosos sesgos cognitivos que funcionan como un atajo y que nuestra mente prioriza a un análisis deliberado. Son, por ejemplo, el sesgo de confirmación, en el que buscamos e interpretamos la información de forma que valide nuestras creencias previas, ignorando la evidencia contraria; o el efecto de anclaje, por el que usamos la información inicial como baremos para comparaciones posteriores; o la ilusión de superioridad, por la que sobreestimamos nuestras habilidades; o el sesgo de negatividad, por el que damos más peso del que realmente tienen a las experiencias negativas; o el sesgo restrospectivo, que nos hace creer que los eventos pasados eran predecibles. Aunque este tipo de procesos son adaptativos, también son propensos a errores en contextos modernos.

El sesgo restrospectivo nos hace creer que los eventos pasados eran predecibles

Ahora bien, esto no significa que debamos dejar de darles vueltas a las cosas, porque, total, todo está determinado por nuestro inconsciente. Es cierto que los sesgos cognitivos tienen una naturaleza automática y evolutiva, pero conocerlos puede ayudarnos a limitar su influencia. Por ejemplo, al entender prejuicios como el efecto de superioridad o el favoritismo grupal, podemos cuestionarlos activamente para evitar juicios erróneos en decisiones sociales o profesionales. La conciencia de los sesgos cognitivos, combinada con entrenamiento, puede reducir su impacto hasta un 30% según un estudio publicado en 2015.

Al final, saber cómo nuestro inconsciente toma sus decisiones puede ayudarnos a ser más reflexivos en nuestras elecciones, obligándonos a establecer criterios objetivos, y pausando la acción automática para permitir activar el neocórtex. Quizá así podamos usar nuestra mente para valorar conscientemente una situación y no solo para inventarnos por qué lo que ya hemos hecho era la opción más lógica.

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