ENTREVISTAS

Jessie Buckley

«Cada escena es una aventura absoluta»

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18
marzo
2026

Reaccionó como si fuera una gran sorpresa, pero todos en el Teatro Dolby de Hollywood sabían que Jessie Buckley (Killarney, 1989) saldría con el Óscar en la mano. La actriz irlandesa de 36 años ya había ganado el Globo de Oro, el BAFTA y el premio del Sindicato de Actores. Tras graduarse de la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art, de donde han salido figuras como Anthony Hopkins y Vivian Leigh, Buckley ganó su primer premio con Beast, en 2017. Su gran trampolín llegó de la mano de Maggie Gyllenhaal en ‘La hija oscura’, por la que obtuvo su primera candidatura al Óscar. Ahora, su interpretación de la ignota esposa de William Shakespeare en ‘Hamnet‘, la película de Chloé Zhao acaba de sumarla al exclusivo grupo de actrices que han ganado el Premio de la Academia. Además, encabezó el reparto de ‘¡La novia!’, la nueva propuesta de Gyllenhaal. Y aunque el filme no ha tenido en la taquilla la respuesta esperada, Buckley mostró, de la mano de Christian Bale, cuán amplio es su rango como actriz. 


Mucha gente imagina que primero rodó Hamnet, en donde hizo un trabajo muy contenido y doloroso, y luego ¡La novia!, en la que pudo mostrar una faceta completamente diferente…

Fue exactamente al revés. Filmé ¡La novia! antes de Hamnet y tuve dos semanas de descanso entre los dos rodajes. La verdad es que yo creo que hay una conexión intrínseca entre ambos trabajos. La mujer en la que yo me convertí en ¡La novia! es la que descubres en el inicio de Hamnet. Una mujer que tiene su propio lenguaje, que está muy conectada con su cuerpo, que está lista para amar salvajemente en sus propios términos —como se debe amar—. Yo creo que, en cierta forma, cuando Agnes es capaz de dejar que Will se marche, es porque siente que hay un amor sustancial entre los dos. Tengo que admitir que el amor que experimenté y exploré en ¡La novia! fue lo que me permitió tener mi corazón abierto de par en par. Es verdad que llegué a las pruebas de vestuario con las cejas decoloradas y una corriente eléctrica que recorría todo mi cuerpo. Y en esas dos semanas de intervalo entre filmaciones tuve que dejar ir toda esa energía y hacer polo a tierra. Lo cierto es que fue un verdadero regalo poder conocer a estas dos mujeres que llevo dentro mío y a las que nunca voy a dejar ir.

¿De qué manera su trabajo previo con Maggie influyó en su forma de encarar el proyecto?

Yo creo que la relación que tenemos es muy rara y preciosa. Cuando nos conocimos al trabajar en La hija oscura, hubo un encuentro de mentes y almas en el que descubrimos que hablábamos el mismo lenguaje. No puedo describir exactamente cómo funciona, pero es como si ella me mirara a los ojos y me dijera que sabe quién soy y me invita a ir a sitios que tal vez yo no conozca, pero en los que sabe que puede guiarme. Lo curioso es que ella puede hacer eso por mí, pero yo también lo puedo hacer por ella. La hija oscura fue simplemente el principio de esta conexión tan especial. Poder restablecerla para ir a un sitio más profundo juntas y dejarnos llevar por nuestra imaginación sin ningún tipo de límites fue maravilloso. Espero que este sea el principio de un largo affaire entre las dos. Ella es mi Scorsese.

«Todos tenemos una Mary Shelley en nuestra cabeza que insiste en que hagamos las cosas que nos asustan»

En la película de James Whale, la novia no dice una sola palabra. ¿Por qué era importante para usted darle voz?

Porque esta era una gran oportunidad de darle una voz, algo que no estaba permitido entonces, y que nadie había hecho antes. Aún así, Eva Lancaster, que la interpretó en la película de 1935, generó un gran impacto. Ese era el precipicio desde el que nos arrojamos a esta aventura. Lo verdaderamente estimulante de este proyecto fue considerar el potencial que tenía ese personaje y preguntarnos qué es lo que hubiese dicho. Teníamos un territorio enorme de cosas que ella podría haber expresado, pero con Maggie lo que intentamos fue poner en palabras lo que tal vez no sabíamos cómo decir, o los elementos ambiguos en la forma de expresarnos. Ella no se reinventa con una definición exacta de quién es, sino con preguntas enormes que tienen que ver con su esencia. La novia tiene una mente y un cuerpo que despiertan de una forma que ni siquiera ella cree que puede ser capaz. Es algo muy vívido lo que le pasa, y a la vez monstruoso, como si un rayo láser le hubiera impactado. Ella se ve obligada a hacer preguntas para poder descubrir quién es. Y lo que fue esencial tanto para mí como para Maggie es que la mente y el cuerpo de esta mujer están en una conversación muy profunda con la realidad en la que se despierta, junto a este que le genera curiosidad. No es que se ponga a gritar y a decir que no. Pregunta dónde está, qué es lo que está pasando, qué es el amor, qué es el matrimonio. Y, a partir de las respuestas que recibe, se anima a decir que el mundo la puede contener, no solo una parte de ella, sino por completo.

¿Cómo fue usar todo ese maquillaje?

Estupendo. De alguna manera soñamos que esa marca negra que ella tiene es la tinta con la que Mary Shelley escribió Frankenstein. Y como ella está poseída por Mary Shelley, que ha estado en este mundo de ultratumba durante un siglo —sin haber podido ser capaz de decir aquello que quiere—, cuando la traen de nuevo a la vida esa marca negra le sale por todas partes. Como una muestra de que en realidad hay una especie de fusión entre las dos.

Fotograma de ¡La novia! Cortesía de Warner Bros

Además de la novia, también interpreta a la propia Mary Shelley…

Creo que todos tenemos una Mary Shelley en nuestra cabeza que insiste en que hagamos las cosas que nos asustan, para que podamos alcanzar todo nuestro potencial. Y lo que realmente me gusta es que en nuestra película Mary Shelley se pregunta sobre mí misma, poniéndose al borde de un abismo y corriendo el riesgo de caer, algo que hacía por amor. En su historia original, ella creó a esta criatura increíble usando partes rotas de la humanidad y las cosió para unirlas. Luego se enfrenta a su creación escalofriante y termina encerrándola. Y lo que se vuelve monstruoso es su soledad. Todo lo que pide es amor y ella no quiere dárselo. Me encantó que en nuestra historia, cien años después, ella existe bajo un volcán, rodeada de cenizas, y nadie la ha escuchado hasta este momento en que entra un rayo de luz y la ilumina. En nuestra historia, él parte en un viaje de autodescubrimiento. En la historia original, le dan una identidad y le dicen que es un monstruo. Y es a través de su romance con la novia que los dos descubren cómo mantener una relación, que no pasa por el matrimonio o por el simple amor, sino por una pasión peligrosa, en la que lo único que los define es la monstruosidad. Al final, ella ha metabolizado su identidad, ha disuelto el arquetipo de ser la novia de alguien y ha descubierto que tiene un nombre. Ha encontrado su autonomía y su identidad. Y Mary Shelley ve entusiasmada el resultado de haberla instigado a que lo hiciera. Eso solo se le habría podido ocurrir a Maggie Gyllenhaal.

«No quería proyectar una idea de lo que pensaba que iba a ser el duelo hasta que lo experimentara»

Luego llegó Hamnet. ¿Cómo fue meterse en ese papel?

No hay una explicación. Simplemente fue abrir el libro y lanzarse a caminar por sus calles angostas, reaccionando ante lo que iba encontrando. Tuve que compartir rodaje con personajes asombrosos y crear en cierto modo una familia, liderada por una mujer increíble como Chloé Zhao, que nos pidió a todos que fuéramos valientes, que estuviéramos presentes en esa historia contada desde la mirada de Agnes sobre el amor y la pérdida en una familia. Fue una experiencia muy especial. Tuve que aprender a desaparecer, a dejar que ella fuese el personaje y también a contener, para que ella y el resto del elenco se sintieran seguros para estar presentes y dejar que surgieran sus personajes. Aprendí mucho de Chloé, me mostró lo que es dejarte guiar por tus sueños, lo que cambió mi forma de trabajar y mi propia vida. Eso se vio reflejado en el set de Hamnet. Hubo en verdad un intercambio y cierta interdependencia.

¿Cómo fue rodar la escena en la que Hamlet muere?

Fue devastador. No hay forma de prepararse para algo así. Lo que hicimos simplemente fue filmar siguiendo el orden narrativo, sabiendo que en el dolor siempre hay amor. A esas alturas, yo ya me había enamorado perdidamente del equipo. La verdad es que no sabía adónde me iba a llevar esa escena. No trabajo de una manera predeterminada. No quería proyectar una idea de lo que pensaba que iba a ser el duelo hasta que lo experimentara. Cuanto más hago este trabajo, más valiente quiero ser para intentar hacer cosas diferentes. Yo no quiero actuar; quiero ser. Ese día, Chloé estaba muy atenta a lo que iba a pasar, sabiendo que todos íbamos a tener que llegar a ese lugar juntos. No había forma de que yo hiciera eso sola. Precisamente, el propósito de contar historias es crear relaciones con la gente que está delante tuyo para que puedas tener un impacto en la gente que va a verlo en pantalla. Chloé nos abrió la puerta y lo único que yo podía hacer era dejarme llevar por lo que fuera apareciendo.

«Yo no quiero actuar, quiero ser»

¿Había leído la novela en la que se basa la película?

La leí después de haber conocido a Chloé y de saber que estaba interesada en adaptarla al cine. Cuando la leí, fue como si se me hubiese venido un océano encima. Hubo muchas cosas de Agnes con las que conecté de inmediato y otras que me parecían un misterio total. Y eso es algo que se mantiene después de haberle interpretado. El otro día, alguien me preguntó «quién es Agnes» y yo respondí que no sabía. Solo tengo en claro que es una mujer muy profunda. La conexión que tiene con su cuerpo, con sus sentimientos y su humanidad es muy visceral. Creo que en cierta forma ella vive más allá del tiempo. Lo cierto es que cuando lo empecé a leer no lo pude dejar hasta que lo terminé. Me quedé despierta toda la noche.

Fotograma de Hamnet. Crédito: Agata Grzybowska / © 2025 FOCUS FEATURES LLC

¿Hubo alguna escena que le preocupara por cómo sería filmarla cuando leyó el guion?

Todas. Uno siempre tiene una dosis de miedo, y eso es lo que te lleva a empezar a hacer preguntas. Cada escena es una aventura absoluta. Es como partir en una peregrinación que te lleva a la parte más potente de cada toma. No di nada por sentado, nunca lo hago, porque sabía que tenía que encontrar la verdad de cada momento del rodaje. Probablemente la que más me asustaba era la muerte de Hamlet. Ese fue un día muy importante en el rodaje. Pero uno tiene que ser cuidadoso con sus miedos, porque si crea mucha expectativa sobre una escena, y se la pasa pensando que ese día va a tener que filmar ese momento tan fuerte, puede terminar por bloquearse. Uno tiene que tomarse las cosas con ligereza y como una escena más, porque, a la hora de filmar una película, todo es importante.

«Todo comienza en el amor y en ser lo suficientemente valiente para vivir con tanta audacia como se pueda»

¿Cómo se preparó con Paul antes de rodar la película?

De una manera bastante inusual, bailando con la música de Abba en un sitio que se llama Joy Face en el East Village de Nueva York a la una de la mañana. Esa noche le dije que teníamos que saltar juntos desde el abismo. Y luego hicimos un seminario intensivo de dos semanas, en el que, guiados por Chloé, trabajamos en lo tántrico y en nuestros sueños. Paul tiene una enorme capacidad para llenarlo todo con su corazón, que es descomunal, fuerte y cálido. Hicimos una primera reunión para ver cuál era nuestra química mientras leíamos juntos el guion, y quedó claro desde el primer momento que existía un enorme potencial. Inmediatamente sentimos chispas entre nuestras mentes y nuestros cuerpos, generando una confianza inmediata.

¿Por qué le parece que esta historia es tan conmovedora y universal?

Porque en definitiva trata sobre el amor y sobre cuán vulnerables, frágiles y vivos nos sentimos cuando existimos dentro de él. Todos estamos en un abismo entre la vida y la muerte, y la gran pregunta es lo que hacemos durante nuestra existencia. Si tenemos la valentía de amar a alguien, y si somos capaces de dejarle ir como acto de profunda humanidad y coraje. Es que la vida es una aventura de la que no te puedes escapar. Aún cuando crees que te puedes encerrar en tu propio mundo, como Agnes hace al principio del film, tu destino es inevitable. Ella inicialmente está desesperada por encontrar a alguien que pueda amarla con toda su energía vital, y formar no solo una familia increíble con Hamlet y Judit, sino poder crear arte y narración que inspire más allá. Pero todo comienza en el amor y en ser lo suficientemente valiente para vivir con tanta audacia como se pueda.

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