Pensamiento

Bernard Shaw, pensamiento entre dos mundos

Crítico, pensador y dramaturgo de gran influencia; un hombre complejo, con sus contradicciones, sus luces y sus sombras.

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03
junio
2024

La primera persona en conseguir un Premio Nobel (de Literatura, en 1925) y un Premio Óscar (al mejor guion adaptado, en 1938 por Pigmalión), Bernard Shaw fue un escritor, dramaturgo y polemista irlandés que vivió entre dos siglos: el XIX y el XX. Nació en 1856, el mismo año en que nació Freud, y falleció en 1950. Esta vida entre dos siglos es clave, pues vivió en un contexto de transformaciones radicales en Occidente, tanto en lo referente al desarrollo tecnológico y científico como cultural. En ese lapso de tiempo se desarrolló el darwinismo, el marxismo, el psicoanálisis, surgió el estado del bienestar, Einstein concibió su Teoría de la Relatividad, el ser humano aprendió a volar, se inventó el teléfono, el coche a motor, la televisión, la computadora, etc. Bien podríamos decir que Bernard Shaw vivió inmerso entre dos mundos, en un momento de extraordinaria aceleración de la cultura europea y norteamericana.

Como tantos otros escritores y figuras prominentes de Irlanda (pensemos en personajes como Oscar Wilde o Edmund Burke, entre otros), Shaw se mudó a Londres para lograr el éxito y hacer realidad sus sueños, objetivo que no fue precisamente sencillo de lograr para él. A pesar de ser un socialdemócrata (según dijo, «el socialismo puede ser instaurado de modo perfectamente constitucional por medio de instituciones democráticas»), apoyó la eugenesia, la modificación del alfabeto inglés y, como muchos a día de hoy, fue contrario a la vacunación. Por otra parte, habló elogiosamente en varias ocasiones tanto de Mussolini como de Stalin. El diplomático y escritor español Salvador de Madariaga describió a Shaw como un «polo de electricidad negativa puesto en una persona de electricidad positiva».

El diplomático y escritor español Salvador de Madariaga describió a Shaw como un «polo de electricidad negativa puesto en una persona de electricidad positiva»

Shaw perteneció a la Sociedad Fabiana (que abandonó en 1911), una organización socialista de Gran Bretaña que aspiraba a lograr la instauración de socialismo de modo gradual y democrático. Esta sociedad era consciente de la problemática que encierra toda revolución, la violencia y muerte que genera, por lo que aspiraba a lograr fines radicales por medios pacíficos. Fue fundada en 1884 en Londres, y su influencia en la vida política británica ha sido muy considerable. Shaw publicó muchos de sus textos políticos anónimamente, como si no fuese su voz concreta la que hablaba, sino la voz de la sociedad; como si sus demandas fuesen en realidad lanzadas por la comunidad. De esta manera, Shaw objetivaba y naturalizaba sus posiciones subjetivas.

En este sentido, Shaw destacó en su carrera literaria y política (como activista) por ser un panfletista de primer orden. Pero, no solo por medio de artículos diseminaba sus ideas, sino también por medio de sus obras de teatro. Lo cierto es que, a menudo, resulta más efectivo influir en las conciencias ajenas por medio de discursos implícitos y subliminales que empleando discursos políticamente explícitos. No era raro hallar las ideas políticas de Shaw en los prólogos de sus obras teatrales.

Shaw, en su visión gradualista del socialismo que supuestamente había de imperar, creía en una evolución creativa. Esta idea estaba basada, parcialmente, en nociones del evolucionismo darwinista. Por otro lado, Nietzsche y su visión del superhombre parecían jugar también un papel sustancial. Es por ello que una de sus obras teatrales más conocidas es Hombre y superhombre.

No era raro hallar las ideas políticas de Shaw en los prólogos de sus obras teatrales

En este extraño entramado de biología darwinista y nietzscheanismo, jugaría un papel la eugenesia, de la que ya hemos hablado, que consistiría en mejorar a la humanidad por medio de las leyes biológicas de le herencia; práctica con muy mala prensa desde hace muchas décadas. Al igual que los criadores de animales eligen a unos u otros ejemplares concretos para reproducirse entre sí (algo de lo que habla Darwin a menudo en su Origen de las especies), los humanos a menudo han pensado (particularmente desde el surgimiento del evolucionismo darwiniano) en mejorar «la raza» permitiendo la reproducción exclusiva de los especímenes no «defectuosos», impidiendo la reproducción de los ejemplares humanos estimados como «inferiores». Aunque la eugenesia fue apoyaba por grupos como los nazis, es muy probable que Shaw tuviese la mejor de las intenciones. Pero, ya se sabe, como suele decirse «de buenas intenciones está el infierno lleno».

Bernard Shaw fue un crítico, pensador y dramaturgo de gran influencia, un hombre complejo, con sus contradicciones, sus luces y sus sombras, pero son este tipo de figuras las que, a menudo, resultan particularmente fértiles y fructíferas; son tales personas las que señalan nuevos caminos por los que transitar, pues saben ver y mirar más allá de la convención y lo supuesto evidente, más allá del horizonte impuesto por una cultura y un tiempo dado.

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