Siglo XXI

«La consciencia no nos permite ver la realidad tal como es, sino tal como somos nosotros»

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30
junio
2023

Nunca imaginó que acabaría dedicándose a estudiar los límites de la mente humana. Tampoco que uno de sus discursos superaría las 14 millones de visitas en internet. Y, probablemente, tampoco imaginó que algunos –especialmente estudiantes de psicología– lo reconocerían como «ese genio que medita y hace surf». Anil Seth es profesor de neurociencia cognitiva y computacional en la Universidad de Sussex, un cargo que, por si fuera poco, combina con otros proyectos como el Sussex Centre for Consciousness Science, donde investiga la base biológica de la conciencia, y con la escritura. En 2021, Seth publicó uno de los libros del año según los medios británicos. Ahora, en 2023, la editorial Sexto Piso lo ha publicado en español. Se titula ‘La creación del yo’ y, en él, el científico inglés pone patas arriba todo lo que creíamos saber sobre nuestra percepción.


¿Para qué tipo de lector escribió La creación del yo?

En parte fue para mí mismo. Fue una forma de organizar mis pensamientos, un ejercicio de desarrollo intelectual. Cuando lo escribí, ni siquiera estaba seguro de que alguien lo leería, pero sí sabía –o creía saber– que había un interés por los misterios de la consciencia. Yo ya había publicado artículos y dado conferencias antes, como la charla TED que se volvió muy popular en su momento. Supongo que fue entonces cuando noté que había gente dispuesta a aprender sobre el cerebro y la cognición, y que, por ello, yo podía escribir para un público real. Además, creía que podía decir cosas que no se habían dicho antes, o por lo menos desde otra perspectiva.

¿Encontró la forma de aportar esa «otra» perspectiva?

Creo que sí, especialmente si el lector busca una combinación de ciencia y filosofía. El libro empieza con ideas que son familiares para cualquiera, y poco a poco va introduciendo detalles, pero detalles que van en contra de la intuición, giros de guion que desafían las creencias del lector. Al final, la noción del «yo»  es algo sobre lo que todos tenemos opinión. Es relativamente sencillo hablar desde el sentido común, ¿no? Todos experimentamos la propia existencia, y lo bonito es que la ciencia a veces pone en entredicho ese sentido común.

«La forma en que experimentamos la realidad es la interpretación que nuestro cerebro hace de los estímulos del exterior»

Si buscamos su nombre en internet, muchas entradas destacan su definición de consciencia, lo que usted considera «una alucinación controlada». ¿Cree que su definición es muy distinta a la que tiene cualquier otro ciudadano?

Hay tantas definiciones de consciencia como personas en el mundo, y eso está bien porque cada uno es la autoridad de su propia experiencia. Aunque busques en todos los diccionarios y enciclopedias, es muy complicado encontrar una definición común. Dentro de ese paradigma de desacuerdo general, mi definición es una más.

¿Y qué significa?

Muchos malinterpretan esta definición y dicen: «Ah, si mi consciencia es una alucinación, entonces nada es real». ¡No es así paran nada! La forma en que experimentamos la realidad, nuestra realidad, es la interpretación que nuestro cerebro hace de los estímulos del exterior. Nuestro alrededor es real. Las cosas son reales. Nuestra consciencia es real. Pero la consciencia no permite ver la realidad tal como es, sino tal como somos nosotros.

¿Para qué sirve la consciencia?

Si te das cuenta, lo que hace la consciencia es recopilar, organizar y combinar un montón de información de diferentes modalidades, por ejemplo mediante los cinco sentidos. Los coge todos y los resume en un formato único que dan pie a comportamientos. La consciencia ofrece al ser humano una manera de interacción con el mundo y propuestas para que se comporte lo suficientemente bien como para seguir vivo en el futuro. La consciencia saca lo mejor de cada sentido, no solo de los cinco clásicos sino también de otros como la memoria. En resumen, la consciencia es un conector de percepción para que el organismo permanezca en buen estado.

¿Es la consciencia un mero cableado neuronal o hay algo dentro de nosotros que trasciende el mundo físico?

El dualismo forma parte de nuestra cultura por lo menos desde Descartes. Parece que cuando la gente se autoanaliza percibe que hay cosas que no son materiales, como los pensamientos. Yo soy un poco agnóstico sobre eso porque es muy difícil de demostrar. De momento, esa pregunta es un misterio y lleva siéndolo muchos siglos. ¿Cómo se relacionan materia y pensamientos? Para abordar estas preguntas, la filosofía es muy útil, dado que plantea preguntas que pueden generar puntos de inflexión en el desarrollo humano. Sin embargo, la misma filosofía busca respuestas con tanto ímpetu que en ocasiones sesga sus propias conclusiones.

Por eso existe la ciencia…

Así es, por eso existe la ciencia.

¿Es usted una persona espiritual?

Hasta cierto punto. Igual que con la idea del «yo», el término «espiritual» también tiene millones de significados. Para mí, espiritualidad es el sentido de conexión con el resto de personas, con el mundo, con el universo… Mi espiritualidad es reconocer que hay elementos de nuestra existencia que van más allá de la satisfacción de necesidades básicas. El pensar cuán antiguo es el universo, quiénes son nuestros antepasados biológicos, qué y por qué está pasando en mi cabeza ahora mismo… Todo eso es parte de mi espiritualidad. También medito, y eso me permite tener una conexión conmigo mismo más especial, o por lo menos me ayuda a prestar atención a los mecanismos de mi propio organismo.

«La consciencia es un misterio global, porque en todo el planeta existen las mismas incógnitas, y es individual porque cada persona lo vive en sus propias carnes»

¿Es posible combinar ciencia y espiritualidad?

Creo que pueden ser complementarias. Por ejemplo, hay una organización con la que participé que se llama Mind & Life Institute y tiene tres pilares: la neurociencia, la filosofía y el budismo (y los procesos comunes entre los tres). Tanto en ciencia como en espiritualidad se ha hecho muchas veces hincapié en el rol ilusorio de la consciencia, y por eso se puede estudiar desde distintos ángulos. Evidentemente, también hay áreas de tensión entre disciplinas, pero está bien que existan porque cada una a su estilo intenta hacer predicciones de cómo funciona el mundo. En definitiva, se puede ser espiritual, científico, dualista, materialista o lo que sea sin ser radical, manteniendo el escepticismo y abierto a posibles descubrimientos. ¿Por qué? Porque no siempre se puede analizar el cerebro a nivel molecular, sino que se necesita adoptar una visión holística. Si no se puede analizar un poema revisando cada una de sus palabras por separado, no se puede entender el cerebro estudiando sus neuronas individualmente. Para esas cosas, el budismo puede ser útil, aunque tiene el riesgo de que las premisas de muchas corrientes espirituales se toman de forma literal. Es como la religión: es compatible con la ciencia según cómo de religioso quieras ser. ¿Crees que el mundo fue creado de repente hace unos cuantos miles de años? Si aceptas este tipo de afirmaciones dogmáticas, es complicado tener al mismo tiempo una visión científica del mundo. Pero bueno, el ser humano, yo incluido, es contradictorio por naturaleza.

Cuando llega cada mañana a la universidad o al laboratorio, ¿qué le hace pensar que el estudio de la consciencia humana es útil?

La curiosidad, esa es la primera razón. Pertenecemos a una especie de curiosos, pues tenemos la capacidad no solo de preguntarnos cosas si no de buscar su solución. La consciencia es un misterio global, porque en todo el planeta existen las mismas incógnitas, y es individual porque cada persona lo vive en sus propias carnes. ¿Por qué yo soy yo? ¿Qué era antes de nacer? ¿Qué seré después de morir?

¿Tiene el estudio de la consciencia aplicaciones prácticas más allá de la mera satisfacción de curiosidad?

Indudablemente. A nivel médico es superrelevante porque permite mejores diagnósticos en trastornos degenerativos como el Parkinson, permite entender los trastornos que incluyen alucinaciones o pérdidas de consciencia, permite entender cómo funciona la anestesia…Tiene muchísimas aplicaciones en terreno clínico. Por otro lado, muchos científicos estudian la consciencia para entender cómo funciona nuestros sentidos, para entender el bienestar animal y su percepción de dolor, para desarrollar los sistemas de inteligencia artificial, incluso para entender nuestros propios sesos cognitivos del día a día. También contribuye a entender mejor las relaciones interpersonales, la comunicación… O sea, que la curiosidad es solamente el motor para conseguir otras grandes cosas.

¿Cree que la cultura occidental, en la que usted ha trabajado principalmente, influye en la forma que tenemos de percibir el mundo físico y el de las ideas?

Cada cultura tiene su mirada, sí, pero creo que en las últimas décadas se ha trabajado para tener una buena interacción entre las dos grandes culturas del mundo, la oriental y occidental, o sea, la individualista y la colectivista. Lo mejor de todo es que sabemos que estas diferencias existen, antes no. Antes, lo correcto era lo de casa y lo ajeno no había ni que tenerlo en cuenta. Ahora, afortunadamente, aceptamos que podemos estar equivocados o que un mismo caso puede observarse desde múltiples ángulos. En Occidente, por ejemplo, ponemos siempre al humano por encima de todo, y eso no ocurre en todos lados. Hay países que valoran mucho más a los animales y a su forma de consciencia. En el hinduismo, por ejemplo, la idea del alma es distinta a la del cristianismo. Lo mismo sucede con la idea de la muerte. Por todo esto es importante realizar estudios en todas las condiciones, aceptando todas las miradas. A nivel personal, actualmente estoy involucrado en un proyecto que se llama The Perception Census, que es un estudio a gran escala para entender cómo cada individuo entiende el concepto de consciencia. ¡A ver qué descubrimos!

¿Dedicarse a la exploración científica y filosófica de la mente humana puede conducir a la frustración profesional (o existencial)?

[Suspira, se entrelaza las manos por detrás de la cabeza, se escurre ligeramente de la silla y se ríe].

 No hace falta más [le devuelvo la risa]. ¿Cómo consigue sobrellevarla?

Realmente es difícil. A veces siento envidia de algunos científicos. Sacan el telescopio y ven cosas que no han visto antes. Descubren cómo funciona determinado virus. Son hallazgos directos y sin controversia. En el estudio de la mente todo es más metafórico, más abstracto, y a menudo da la sensación de que no hay ningún tipo de progreso.

¿Y es verdad que no se ha avanzado nada?

No, no es verdad. Cuando echo la vista atrás me doy cuenta de la increíble evolución durante las últimas décadas. Se han propuesto miles de ideas nuevas, nuevos modelos de lenguaje… ¡La inteligencia artificial! Buena parte de los avances que han acabado en ChatGPTs, por decir uno obvio, se han logrado gracias a la comprensión del cerebro humano. Además, aunque sí es verdad que pocas veces llegamos a conclusiones firmes en relación a la consciencia, por lo menos vamos descubriendo los porqués de nuestra mente, y eso, para mí, es más que suficiente.

 

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