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Un futuro que se construye hombro con hombro

El pasado uno de noviembre, los castellers de Vilafranca del Penedés consiguieron lo que un día parecía imposible: erigir una torre humana de nueve pisos. Esta construcción humana, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, es la muestra de que, cuando cada persona hace la parte de lo que le toca dentro de la sociedad, se puede hacer historia.

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Yvonne Redin
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La adrenalina, el temor, la expectativa y, finalmente, la euforia. Los castellers de Vilafranca del Penedés lo consiguieron: construyeron un pilar de nueve pisos con folre, manilles y puntals, un tipo de castell que solo se había intentado una vez, hace exactamente veinte años, pero cuya estructura acabó quebrando.

Gracias a la participación de más de 800 personas de entre 5 y 82 años de edad, la plaza de la localidad pudo ver el momento exacto en el que, desde la cima, la enxaneta levantó el brazo y dio por culminada la torre humana de la colla de Els Verds. El grito de éxtasis de las más de 5.000 personas que allí se congregaron retumbó en la celebración de la diada castellera de Tots Sants.

El 16 de noviembre de 2010, la Unesco declaró los castells como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, destacando que son parte integrante de la identidad cultural catalana y dan un «sentido de continuidad, cohesión social y solidaridad» además de que fomentan el diálogo cultural y la creatividad humana. Según el Ministerio de Cultura y Deporte de España, «uno de los aspectos más llamativos es que en su ejecución participan todo tipo de personas sin distinción de edad, género, extracción social e incluso origen, ya que en los últimos años también se están incorporando a las colles personas provenientes de la inmigración. Un buen reflejo de la sociedad que las acoge y una escuela de valores como la diversidad, el trabajo en equipo y la búsqueda del bien común».

Así como en los castells, valores como la inclusión, el compromiso, el trabajo en equipo y el esfuerzo son los motores para construir socialmente torres más altas, más fuertes.

Precisamente los valores sobre los que se erige esta práctica con más de 200 años de historia son el trabajo en equipo, el esfuerzo, la cohesión y, sobre todo, el compromiso y la confianza. En los castells, la gente se une para hacer realidad un reto colectivo sin ánimo de lucro, un engranaje construido por hombres, mujeres y niños de todas las edades, pesos y estaturas. Y dan un mensaje a la sociedad: en coyunturas de crisis climática, pandémica, económica, energética y geopolítica es fácil caer en el catastrofismo y pensar que, cada uno, desde su actividad, tiene poco margen de maniobra para hacer un cambio; pero el castillo solo se erige victorioso cuando todos contribuyen desde su propio rol.

Así podría resumirse también #LaParteQueNosToca, el compromiso empresarial en el que MAPFRE viene trabajando desde hace más de un año como parte de su Plan de Sostenibilidad (y enmarcado en su MAPFRE Sostenibilidad). Ya sea desde la economía circular, fortaleciendo la inclusión, la educación financiera, la inversión socialmente responsable, fomentando el talento de todos —especialmente de las mujeres y de las personas con discapacidad— o contribuyendo, paso a paso, a reducir la huella social y medioambiental, todo acto cuenta. Porque, como afirma la empresa aseguradora, «ante los desafíos, lo que no vale es esconderse: todos tenemos que tomar partido». La indiferencia nunca ha sido un buen medio de transporte.

Los castellers son un símbolo de que, ante las múltiples crisis, nadie tiene que cargar la torre entera, solo comprometernos con «la parte que nos toca»

De cara a las múltiples crisis, el futuro está en que sepamos coordinarnos, hombro con hombro, sin dejar que nadie cargue por sí solo con la torre entera. Evitando caer en pesimismos paralizantes, ni en el ruido que ahoga, comprometiéndonos con la parte que nos toca. Se trata, como asegura Antonio Huertas, presidente de MAPFRE, de «un compromiso de sumas», en el que cada cual aporta y busca soluciones para alcanzar hitos que un día parecían imposibles.

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