Cambio Climático

¿Por qué existen los negacionistas climáticos?

A pesar del consenso científico sobre la existencia de una crisis medioambiental, todavía hay personas que se resisten a creerlo. Y aunque son una minoría con cada vez menos representación social, continúan obstaculizando las decisiones que velan por la salud del planeta.

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29
septiembre
2022

Aunque hay quien aún insiste en oponerse a ello, desde hace años, organismos científicos como el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) ponen de manifiesto que el calentamiento global existe como un hecho evidente. Y no solo eso: afirman que es casi inequívoco –hay más de un 95% de probabilidades– que lo hayamos provocado nosotros mismos, los humanos.

El último análisis del Goddard Institute for Space Studies (GISS) –centro adscrito a la NASA– afirma que la temperatura global media en la Tierra ha aumentado al menos en 1,1ºC desde 1880. El cambio más drástico, además, se habría producido a partir de 1975, con una tasa de entre 0,15ºC y 0,20°C más por década.

No obstante, por más pruebas que se aporten, todavía quedan negacionistas climáticos. Unos cuantos se pronuncian a través de las redes sociales y otros pocos ocupan escaños en los parlamentos de algunas partes del planeta, pero de momento ninguno de ellos supone una amenaza real para la creciente voluntad de cambio, especialmente en nuestro país. De acuerdo con una encuesta analizada en la revista Global Environmental Change, España sería el país con menos negacionistas climáticos (2% de la población); Australia, Noruega y Nueva Zelanda, sin embargo, se situarían arriba del ranking, con un 17%, 15% y 13% respectivamente. De este modo, los escépticos de momento generan más ruido que cambio, aunque sí son un obstáculo para la toma de decisiones que apuestan por descontaminar el planeta. 

Los negacionistas climáticos representan tan solo un 2% de la población en España

Ahora bien, si se dispone de tantas pruebas concluyentes, ¿por qué hay quien sigue sin creerse el calentamiento global? Desde hace más de una década, varios estudios y teorías han tratado de identificar los procesos psicológicos que subyacen en el negacionismo climático. Según el psicólogo canadiense Robert Gifford, podrían existir siete barreras cognitivas clave, las que él llama «dragones de la inacción»: conocimiento limitado del problema; perspectivas ideológicas que excluyen sistemáticamente las actitudes y comportamientos proambientales; las comparaciones con otras personas del entorno; el efecto de costo hundido y el impulso conductual: la desconfianza hacia expertos y autoridades; la percepción de riesgo frente al cambio y, por último, los comportamientos inadecuados posteriores a la negación. Según Gifford, estas barreras estructurales deben ser eliminadas siempre que sea posible, si bien no es acción suficiente para erradicar la incredulidad sesgada.

Además, a ello se suma que cuando una persona descubre que sus acciones individuales podrían estar contribuyendo al cambio climático, aparece de repente una disonancia cognitiva; es decir, un conflicto entre pensamiento y comportamiento que, por ende, amenaza la integridad ética del individuo. Como solución, en lugar de aceptar que el comportamiento es nocivo, se opta por la negación del acontecimiento y de la evidencia científica al respecto: si no existe, no puedo sentirme mal por ello, argumentaría el sujeto. Por tanto, el escepticismo climático podría ser una protección anticipada a la autoflagelación emocional que cometemos al descubrir que nuestras decisiones podrían ser mejores, como un mecanismo de supervivencia para no enfrentarnos a nosotros mismos.

Para combatir los sesgos emocionales y las falsas controversias, sin embargo, tan solo es posible aprovecharse de la argumentación y el diálogo. Cuando alguien afirme que «cambios de temperatura ha habido siempre», estará en lo cierto, pero podremos matizar que es la primera vez que sabemos con certeza que un acontecimiento así está generado por el hombre. Y si alguien dice que «por uno o dos grados más no pasa nada», podremos ser más breves en nuestra respuesta: un simple grado es lo que separa el hielo del agua.

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