Cambio Climático

El norte de España, ¿refugio climático?

Su clima suave, una amplia biodiversidad y una meteorología más amable que en otros rincones de España convierten a la cornisa cantábrica en una candidata ideal para ejercer de refugio climático cuando las temperaturas de verano se hagan insoportables.

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09
Ago
2022
refugio climático
Vista aérea de Cudillero, Asturias.

En 2050, 216 millones de personas podrían verse obligadas a desplazarse de sus residencias habituales, dentro de su propio país, por motivos climáticos. Estas son las demoledoras cifras reveladas por un informe publicado a finales del año pasado por el Banco Mundial. No es raro que se hable ya de «refugiados climáticos» para referirse a las personas que, empujadas por las dramáticas consecuencias del calentamiento global, tienen que abandonar sus hogares.

Este mismo verano ha hecho saltar todas las alarmas: olas de calor que se alargan más de lo esperado; temperaturas superiores a los 40º C en casi todas las zonas del territorio español; incendios que se multiplican devorando bosques y cercando poblaciones; noches tórridas difícilmente soportables y unas aguas del Mediterráneo que superan los 29º de temperatura, como si se tratase de un mar caribeño. Esta grave realidad provoca que muchos ciudadanos piensen en nuevos lugares de residencia, por lo menos durante sus vacaciones estivales.

Nuestro país cuenta con una diversidad climática y ecológica verdaderamente envidiable, pero el deterioro medioambiental está poniendo contra las cuerdas dicha diversidad y cada año vemos cómo nuestro entorno natural se asemeja cada vez más al de las tierras norteafricanas. Y la semejanza tiene su importancia: en África sí se encuentran, en la actualidad, la mayoría de personas forzadas a abandonar sus hogares por motivos climáticos, sin posibilidad de regreso. 

Nuestro entorno natural se asemeja cada vez más al de las tierras norteafricanas

A pesar de la crítica situación, el norte de la península ibérica se mantiene, en este aspecto, como un baluarte inexpugnable en términos climáticos. Ya durante el pasado año, en el Principado de Asturias se batieron todos los récords de visitantes durante el mes de agosto. El motivo es sencillo: muchos veraneantes llegaron allí huyendo de la ola de calor que asolaba el centro y sur del país. A los incentivos de unas temperaturas más amables, se unen los de un cambio de paradigma en las expectativas de descanso y recreo por parte de la población. Frente a las playas mediterráneas invadidas por tumbonas, sombrillas, urgencias y algarabía, se alzan las playas poco saturadas y los amplios espacios verdes asturianos, su calma y un modo de vida más pausado. 

Idéntica situación se está viviendo este año. No solo Asturias es el destino elegido por miles de veraneantes: también Cantabria, Galicia y el País Vasco. Por motivos geográficos, toda la zona que configura la cornisa cantábrica goza de temperaturas más amables, así como de una abundancia de precipitaciones que, además, favorece la sostenibilidad de un espacio de biodiversidad único. 

No es una cuestión exclusiva de veraneo: muchas de sus localidades, especialmente las del interior, llevaban años sufriendo un lento proceso de despoblación que en la actualidad parece haberse detenido –o al menos ralentizado– gracias a las muchas personas que las eligen como nuevo lugar de residencia. El factor climático, sin duda, está favoreciendo este cambio de tendencia. 

Frente a las playas mediterráneas invadidas por sombrillas y algarabía, se alzan las playas poco saturadas del norte y sus amplios espacios verdes

A principios de año, el Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC) publicaba un informe demoledor sobre los efectos inmediatos del calentamiento global. Los pronósticos de subida de la temperatura global en las próximas dos décadas –que muestran una media de 1,5º C– son más dramáticos de lo que en principio pudiesen parecer. En nuestro país, esta subida ya se ha demostrado que supera la media y, de continuar la tendencia, supondría que las temperaturas, en verano, superarían los 50º C, pudiendo alcanzar incluso los 60º C; esta última cifra, de hecho, se alcanzó hace pocos días a nivel del suelo. Si esto llegase a ocurrir, la única zona habitable de la península sería la cornisa cantábrica y alrededores, junto con alguna zona del Pirineo y alrededores.

Ello no quiere decir que el norte de España quede a salvo del calentamiento global. El mismo informe revela que, junto al sur australiano, la costa cantábrica es de las que más se calienta. De hecho, las localidades bañadas por el Cantábrico han comenzado a sufrir, este mismo verano, temperaturas 10º C por encima de lo normal en estas fechas, con lluvias de intensidad mucho más bajas.

A pesar de todo, es evidente que el norte de nuestro país puede convertirse, en pocos años, en un verdadero refugio climático para miles de conciudadanos. Pero para ello, y dado que también el norte sufre las consecuencias del calentamiento global, sería imprescindible acelerar y mejorar la necesaria transición energética basada en el uso de fuentes de energía renovables. Debe protegerse, además, de una paradoja: controlar el aumento del turismo; solo así se podrá vivir de forma sostenible.

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