Cambio Climático

España ante un riesgo real de desertificación 

Percibir los cambios en el clima es complicado desde la escala humana, pero los datos apuntan a un aumento claro de las temperaturas y el riesgo de desertificación en el territorio español: de los diez veranos más cálidos registrados por la AEMET, nueve han tenido lugar en lo que llevamos de siglo XXI.

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17
Jun
2021
Desertificación

Este año no ha funcionado lo de «Hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo». Aunque oficialmente aún estamos en primavera, las altas temperaturas registradas en nuestro país durante todo este mes de junio corresponden más bien a un cálido verano. Y así se espera que vaya a ser toda la estación. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), portavoz de Naciones Unidas sobre el tiempo, el clima y el agua, ya ha adelantado que gran parte del hemisferio norte registrará temperaturas por encima de la media. Por su parte, la Agencia Española de Meteorología (AEMET) pronostica que en algunas áreas del país las temperaturas estarán hasta 2 grados por encima de la media, con precipitaciones más escasas de lo habitual.

¿Un verano cálido más? Dicen algunos meteorólogos que, de los diez veranos más cálidos registrados por la AEMET, nueve han tenido lugar en lo que llevamos de siglo XXI. ¿Casualidad o cambio climático? Dice también la OMM que hay un 40% de probabilidades de que, al menos en uno de los próximos cinco años, la temperatura media anual del planeta supere transitoriamente en 1,5 °C los niveles preindustriales; y un 90% de probabilidades de que al menos un año del período comprendido entre 2021 y 2025 se convierta en el más cálido jamás registrado, desbancando así a 2016 del primer puesto.

Un pronóstico de desertificación no tan lejano

Cada 17 de junio se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, dos fenómenos climáticos directamente relacionados con el calentamiento global del planeta sobre los que es necesario concienciar a la población. La sequía sí nos suena como algo más cercano: muchos veranos oímos hablar de ella en nuestro país, cuando escasean las precipitaciones y los embalses presentan un nivel preocupante, sobre todo en zonas del centro y sur de la península (los datos oficiales apuntan que, en este momento, se encuentran al 58% de su capacidad, frente al 65% de la misma semana de 2020 y al 71% registrado de media en esa semana los últimos diez años). Es llamativo el dato de que siete de las diez cuencas hidrográficas con sequía crónica de toda Europa se encuentran en España.

«El 75% del territorio español está en riesgo de convertirse en desierto a lo largo de este siglo»

Pero la desertificación, que se produce a largo plazo a causa de las variaciones climáticas y las actividades humanas, la vemos como algo mucho más remoto. Sin embargo, a día de hoy, dos terceras partes del territorio español son consideradas ya zonas áridas o semiáridas, y según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el 75% del territorio español está en riesgo de convertirse en desierto a lo largo de este siglo. Puede que muchos de nosotros no lo veamos, pero sin duda lo sufrirán nuestros hijos. Y si no tomamos medidas urgentes, la realidad podría ser incluso peor que las previsiones. La única forma de tratar de revertir esta tendencia es frenar el cambio climático, y para ello se necesita el compromiso de todos.

 Chad: un espejo en el que no queríamos mirarnos

En AUARA llevamos cinco años desarrollando proyectos sociales para facilitar el acceso a agua potable a poblaciones de pobreza extrema en países de África, Asia y América Latina que no disponen de este recurso imprescindible para la vida. Por ello, somos muy conscientes de lo que puede ser una vida sin agua. Uno de esos países es la República del Chad. Hoy, la mitad de su superficie es un desierto, y se enfrenta a múltiples y preocupantes desafíos climáticos cuyas consecuencias son ya visibles para sus poblaciones. La baja pluviometría y su excesiva variabilidad, las sequías recurrentes, la desertificación, la excesiva tala de árboles, el calentamiento global, la desaparición de biodiversidad y la disminución del caudal de los ríos y lagos son algunas de estas amenazas. Un ejemplo: el lago Chad, que hasta principios de los años 70 era como un mar dentro de África y la principal fuente de agua de la zona centro del país, en medio siglo ha pasado de ocupar 25.000 Km2 a 1.500 Km2, lo que representa una reducción cercana al 90%. Y la falta de agua no hace más que perpetuar la pobreza de estos territorios.

Tan solo el 32% de la población tiene acceso a agua potable, y apenas un 3% dispone de saneamiento básico. Como viven de la pesca y la horticultura, tienen enormes dificultades para subsistir y hacer frente a la crisis climática. Las mujeres y las niñas son las que más sufren en términos de salud por las malas condiciones de higiene y la falta de acceso al agua y al saneamiento, que provocan enfermedades como la diarrea e infecciones intestinales, responsables de 19.000 muertes al año. Estos datos representan la realidad del Chad hoy día. Nos los proporciona la ONG Alboan, nuestro socio en territorio, que trabaja allí desde hace años para que todas las personas puedan disponer de la cantidad de agua suficiente y los servicios de saneamiento asequibles y accesibles, y para que las mujeres puedan participar en el desarrollo de sus comunidades.

Sin duda, en España estamos lejos, por suerte, de vivir unas circunstancias similares. Pero no nos confiemos, si el cambio climático continúa avanzando, también nuestro país podría sufrir las consecuencias devastadoras de la falta de agua. Todos sabemos ya qué medidas podemos adoptar para, como individuos, hacer nuestra pequeña gran aportación en defensa del medio ambiente. Cada día, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, podemos marcar la diferencia.

Hagámoslo, hoy, ahora. El planeta no puede esperar.


Por Antonio Espinosa de los Monteros, CEO y cofundador de AUARA.

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