Internacional

El conflicto sirio cobra un gran precio, especialmente para las mujeres

En el noroeste de Siria, las mujeres y niñas sirias desplazadas que viven en los campamentos de Idleb desafían las arraigadas normas sociales y culturales que prescriben sus vidas mientras la guerra continúa. Ahora, el ilustrador británico Paul Blow da vida a estas historias de igualdad en el escenario de un largo conflicto que ya ha dejado sin hogar ni sustento a casi dos millones de mujeres y niños.

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20
Jul
2022

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En el undécimo año del inicio de la guerra en Siria, se calcula que alrededor de 1,7 millones de mujeres y niños desplazados viven en campamentos superpoblados o en edificios vacíos. Más allá del propio conflicto, las condiciones meteorológicas extremas, como las inundaciones y las gélidas temperaturas invernales, ponen en peligro sus vidas.

Mientras tanto, en el noroeste de Siria, las mujeres y niñas sirias desplazadas que viven en los campamentos de Idleb desafían las arraigadas normas sociales y culturales que prescriben sus vidas. De la mano del ilustrador británico Paul Blow, desde la ONG World Vision exploran las historias de igualdad de estas mujeres y niñas a través de la animación con el único objetivo de visibilizar su labor para desafiar las normas.

Alzar la voz para acabar con el matrimonio infantil

Incluso antes de la guerra, las niñas sirias –de hasta 13 años– eran obligadas a casarse. Casi el 15% de las mujeres lo hacían antes de cumplir los 18 años. El conflicto y los desplazamientos han empeorado aún más las condiciones y el matrimonio infantil se ha convertido en una práctica común que va acompañada de importantes daños físicos y psicológicos, problemas de salud mental, aumento de la violencia doméstica, abandono temprano de la educación y pobreza.

«Tuve que casarme a los 15 años y ahora tengo dos hijos; pero me enfrenté a grandes problemas en casa con mi marido y su familia, que me maltrataba. Sabía que tenía que escapar pero tenía miedo de perder a mis hijos. Él me lo quitó todo: mi infancia y mis hijos», dice Khadeeja*, de 24 años, que ahora está matriculada en la universidad, donde estudia medicina.

La batalla contra la depresión

La mitad de los niños y niñas de Siria no han conocido más que la violencia y la guerra, creciendo en uno de los lugares más peligrosos para un niño. Además, las adolescentes que tienen hijos propios viven temiendo por su vida agravando la magnitud de las necesidades de salud mental. Muchas sufren depresión y trastorno de estrés postraumático.

«Fue muy duro para mí ver enfermo a mi hijo. A menudo ponía el Corán sobre él para que Dios lo protegiera. Fue duro y frustrante: no había medicinas, ni hospitales, había covid y bombardeos sin parar. No puedo expresar con palabras como me sentía pero la situación afectó a mi estado mental», dice Rahaf*, una madre desplazada con siete hijos. Pudo recibir apoyo psicológico de World Vision en Idleb . Cambió su vida y la de sus hijos también.

Apoyando a sus comunidades

Más de 1,5 millones de personas –la mayoría niños y niñas– viven ahora con discapacidades permanentes relacionadas con la guerra dentro de Siria. Algunos menores están desfigurados, como Sara*, que se enfrenta a una cultura que suele discriminar a los niños como ella: «La felicidad volvió cuando regresé a la escuela, que está cerca de nuestra casa. Eso ocurrió después de que el asistente social hablara con el director de la escuela y accediera a permitirme volver a la escuela sin cobrar a mis padres. Aunque tuve que quedarme atrás un par de cursos, lograré mi sueño de volver a estudiar y vivir una hermosa vida».

La madre de Sara* recibió de World Vision apoyo con sesiones de crianza y concienciación sobre la discapacidad un espacio seguro para hablar de sus retos como madre de cinco hijos desplazada por la guerra.

Mantener vivos los sueños

Quienes huyeron de sus hogares atesoran sus sueños y los recuerdos felices del pasado. Los niños y niñas cuentan cómo siguen soñando con ser maestros, médicos, artistas, a pesar del viaje traumático que emprendieron al ver sus hogares destruidos.

Jamila*, que ahora tiene 15 años, dice que lo más importante para ella es volver a la escuela y hacer realidad su sueño: ser maestra y mantener a su familia. Abandonó su casa cuando sólo había empezado el primer curso. Pero sus padres y los asistentes sociales hicieron posible que volviera a la escuela: «Tengo nuevos amigos en el campamento, me ayudan a leer y escribir, me llevan a la escuela con ellos y me animan a estudiar. Espero que los profesores sigan apoyándonos y enseñándonos a ser mejores. Sueño con que todos los niños y niñas vuelvan a la escuela».

Arriesgar la vida para salvar vidas

Los efectos de la guerra hasta la fecha en la educación y la sanidad no han hecho más que agravar los ya extraordinarios costes del conflicto en Siria. Los costes del capital humano son enormes: esto significa que los niños y niñas de hoy cargarán con la responsabilidad de la reconstrucción y el crecimiento del país una vez que cese la guerra.

Entre marzo de 2011 y diciembre de 2021 se han registrado 595 ataques contra instalaciones médicas. Personal médico como Rahmeh* arriesga su vida cada día para proteger a quienes huyen de la guerra y la persecución. Antes enfermera y ahora comadrona, tuvo que aprobar sus exámenes de medicina mientras los bombardeos destruían su pueblo y su casa: «Empezaban los bombardeos, y mi marido y mis hijos se escondían en el baño; pero yo tenía que hacer el examen y no podía acompañarlos. Sabía que las mujeres necesitarían mi ayuda más que nunca».

Romper con las creencias establecidas

Las mujeres divorciadas y viudas en Siria suelen ser discriminadas y luchan por redefinir su lugar en la comunidad. Suelen tener que reinventarse, rompiendo con los matrimonios a los que se vieron obligadas y alterando las normas sociales que las marginan.  Samar*, ex novia infantil habla, a sus 23 años, de la fuerza que le ayuda a mantenerse fuerte cada día en el campamento.

Ahora es una estudiante de medicina que sueña con convertirse en odontóloga para ayudar a los desplazados a pesar de estar separada de sus hijos: «Las difíciles circunstancias por las que pasé, desde ser golpeada por mi marido y separarme, hasta ser privada de mis hijos, fueron determinantes para luchar para alcanzar las metas truncadas por mi matrimonio temprano».

Proteger a sus hijos de la guerra y el miedo

Los niños se sienten seguros cuando sus madres están a salvo; a pesar de las bombas, de tener menos de lo que tenían antes o de tener que reconstruir su nueva vida en el campamento cuando sus madres están bien, esto es posible.

Aida*, que se desplazó hace 4 años sola, con sus tres hijos, describe el poder de ser escuchada y apoyada: «Lo que me hace feliz aquí son mis hijos, y me encanta venir al centro donde me siento segura». Aida consiguió encontrar la fuerza y el apoyo que necesitaba en los espacios seguros para mujeres proporcionados por World Vision; recuperó el sentido de la dignidad en el campamento donde vive ahora, a pesar de su discapacidad (ceguera). Ella es feliz, y sus hijos también.

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