Ucrania

¿Un choque de civilizaciones?

Teorías como la esgrimida por Huntington parecen agotadas ante escenarios bélicos como el de Ucrania. No obstante, ¿cómo interpretar entonces la cambiante realidad?

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27
Jun
2022
choque de civilizaciones

Cuando el analista norteamericano Samuel Huntington publicó El choque de civilizaciones en 1996, el mundo estaba a punto de dar la bienvenida a uno de los momentos más prósperos de la historia de Europa, así como a la consolidación del poder hegemónico y unipolar de Estados Unidos; entonces, los ojos estaban cada vez menos puestos sobre una Rusia que, lastimada, seguía lamiéndose las heridas de su recién derrumbado sueño soviético.

La obra, que durante años fue considerada como uno de los puntos referentes en el estudio de las relaciones internacionales, tuvo su cara opuesta en El fin de la historia y el último hombre , escrito por Francis Fukuyama, y en ambas encontraron analistas y politólogos innumerables argumentos sobre los que reivindicar distintas posturas políticas. Ambos textos crearon las narrativas perfectas para justificar el nuevo orden mundial basándose en dos líneas diametrales: el choque cultural, en el primero; la democracia liberal como hacedora de la paz, en el segundo. Los atentados del 11 de septiembre de 2001, sin embargo, dieron un giro inesperado en el escenario geopolítico, y aunque el gobierno de George W. Bush sostuviera que «la democracia es el único camino hacia la paz» en un guiño –voluntario o no– hacia Fukuyama, en ese contexto, la obra de Huntington parecía seguir vigente, incluso aunque sus ideas sobre la inmovilidad cultural y los intereses políticos entre los pueblos que componían las «macrorregiones» de las que hablaba fuese cada vez más débil.

Hoy, cuando Rusia ha invadido Ucrania en un evidente desafío al orden internacional establecido, ¿continúan siendo El choque de civilizaciones y El fin de la historia y el último hombre referentes válidos para el estudio del tablero geopolítico?

Un choque equivocado

Según señala Jordi Quero, docente en el Centro de Estudios Internacionales (CEI) de Barcelona, muchas de las interpretaciones acerca del libro de Huntington se basan en imprecisiones. La primera de ellas es la concepción de que las grandes regiones culturales son herméticas y que cada uno de los pueblos que las componen comparten, sin duda alguna, los mismos valores y los mismos intereses.

Una de las imprecisiones de la obra de Huntington es la concepción de que las grandes regiones culturales son herméticas

«Huntington reduce a los actores internacionales por lo que son, no por los intereses que tienen. El actual conflicto en Ucrania es la prueba misma de que su idea de las macrorregiones no funciona, pues se trata de un conflicto bélico entre dos pueblos eslavos; desde el punto de vista que propone no se trata de una guerra entre civilizaciones, sino de una guerra interna», explica. No es la única interpretación errónea según el académico. Otra es, por ejemplo, la visión de muchos autores actuales de la invasión de Ucrania en cuanto conflicto entre Rusia y Occidente. «Lo reducen todo a una versión maniquea y simplificada, pero lo cierto es que no todos los países occidentales –término que, precisa, no comparte especialmente– opinan lo mismo sobre Rusia y sobre el pueblo ruso, así como tampoco todo el pueblo ruso tiene la misma opinión sobre Putin y el actual conflicto», añade. 

Quero, sin embargo, señala que parte de las inexactitudes en la interpretación de la obra surgen tras los cambios que se hicieron cuando el artículo académico, originalmente publicado en 1993, se convirtió en libro tres años después: «Cuando Huntington lo publicó como un artículo, al final del título llevaba un signo de interrogación. Es decir, dejaba abierta la pregunta –a modo de reflexión– acerca de si el mundo realmente estaría frente a un «choque de civilizaciones». Lo único que sostenía era que el tablero geopolítico iría reconfigurándose hacia esa dirección, pero nunca lo llegó a plantear como una sentencia».

¿El fin de la historia?

Al propio Fukuyama también se le ha juzgado erróneamente por la literalidad del título de su obra. «Él no dice que no haya historia más allá de 1993, sino que el sistema democrático liberal es tan perfecto que no hay modelo más avanzado, y que solo si todos los estados lo adoptan se llegará a la paz democrática.», explica Quero. Y añade: «Pero lo dice como una condicional, no lo afirma». No obstante, también es posible encontrar trampas en los argumentos de la obra, ya que se mete «en el mismo saco a todo lo que llamaba democracia»; por supuesto, la democracia francesa poco o nada tiene –y tenía– que ver con la de Japón o la de México. De hecho, ¿podríamos meter las llamadas democracias iliberales de Hungría o Polonia en el mismo saco de la democracia estadounidense? 

Quero: «’El fin de la historia y el último hombre’, por ejemplo, es fundamental para entender el movimiento neoconservador»

La obra de Fukuyama, en realidad, trata de ofrecer una visión contraria a la ideología de los realistas, quienes sostenían que los actores internacionales están condicionados a sobrevivir en una tensión constante. Fukuyama, de acuerdo con el relato del académico catalán, propone que se puede llegar a un estadio perfecto de convivencia pacífica, si bien «lo cierto es que ni él ni Huntington tienen gran capacidad para explicar lo que sucede ahora: no hay manera de que ambos libros pudiesen haber anticipado lo que sucede ahora en Ucrania, y mucho menos explicar cuál y cómo será la resolución de ese conflicto». La principal aportación de ambas obras es que proveyeron a las grandes fuerzas políticas de argumentos narrativos para sostener sus posturas. «El fin de la historia y el último hombre, por ejemplo, es fundamental para entender el movimiento neocon [neoconservador] en Estados Unidos», afirma. 

¿Un nuevo orden internacional?

«No habrá un cambio de orden internacional, lo que habrá es un cambio en el orden», explica Quero. En pocas palabras: lo que sucede ahora no será comparable a las transformaciones geopolíticas sucedidas tras 1945 o 1991. 

Aún así, lo más trascendente del caso ucraniano no es lo que sucederá o quién resulte vencedor, sino lo que ya ha sucedido, según Quero: «No considero que sea tan importante el resultado o quién gane la contienda. Lo que me parece que tiene el mayor impacto en este caso es lo que ya ha pasado, no lo que está por pasar». Y sentencia: «Lo que sucede ahora en el poder internacional es que hay dos actores que se sienten incómodos con el orden establecido tanto en 1945 como en 1991, y son Rusia y China. Para ambos es necesario que se determinen nuevos roles de poder. Putin quiere sentarse en la gran mesa para tomar las decisiones importantes. Es como si le dijera a la comunidad internacional que por qué tienen qué decirle a él cómo controlar su relación con Ucrania cuando él tampoco se metería con la relación de seguridad que tiene Estados Unidos con México».  

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