Sociedad

¿Son los memes el nuevo bullying?

De forma objetiva, los memes son simples imágenes que se viralizan en internet. Sin embargo, el impacto de esta herramienta de expresión depende directamente de la intención que se le quiera dar y, en ocasiones, esta no guarda más que una motivación puramente hiriente.

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02
Mar
2022

A principios de febrero de este año, el exdiputado por el Partido Popular en el Parlamento vasco y colaborador de tertulias políticas Borja Sémper, lamentaba desde sus redes sociales los ‘memes’ que aprovechaban la historia del voto por error del diputado Alberto Casero, que permitió la aprobación de las modificaciones de la reforma laboral propuesta por el Gobierno, para atacar su aspecto físico. Le comparaban con el personaje de dibujos animados Peter Griffith –ridiculizado en su propia serie, Padre de familia, por su sobrepeso y problemas cognitivos–, le lanzaban bromas clasistas a costa de su origen extremeño o su nivel de formación e incluso hacían chistes sobre salud mental.

Sémper señalaba la ironía de que los insultos a Casero procediesen de lo que él identificaba como los mismos espacios ideológicos desde los que se suele criticar el llamado bodyshaming (ridiculizar el aspecto físico de alguien) o el acoso a activistas feministas, por poner dos ejemplos. Aunque no acaba de quedar claro que los mensajes viniesen únicamente de esa parte de usuarios, el expolítico hablaba de polarización: parece que cierto tipo de burlas solo son válidas cuando se lanzan a quien consideramos el enemigo y, por tanto, indigno de un mínimo de respeto –el ejemplo en el otro lado del campo de fútbol serían los habituales memes y hashtags de Twitter dedicados, por ejemplo, al aspecto físico del exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias–.

A raíz de esta reflexión resucitó, una vez más, el debate recurrente sobre el acoso en redes y el uso de los memes. Sería difícil considerar los memes en sí como los causantes del bullying, ya que pueden ser de todo tipo, desde el que recoge un bello amanecer y una frase atribuida al escritor Paulo Coelho para dar los buenos días  hasta uno con contenido sexual que se envía por error (y se borra rápidamente) en un grupo de Whatsapp. Más bien, su ‘peligro’ radica en la rapidez con la que podemos difundirlos y la facilidad con la que se replican gracias a la tecnología actual.

El meme es un neologismo inventado por Richard Dawkins en su ensayo El gen egoísta (1976) por semejanza fonética en inglés con gene que sirve para sugerir una similitud con «memoria» y «mimesis». En este sentido, el antropólogo Yuval Harari sugeriría en su igualmente influyente libro Sapiens: De animales a dioses (2011) que, igual que la evolución biológica se basa en la reduplicación de unidades de información llamadas genes, la evolución cultural se basa en la reduplicación de unidades de información llamadas memes.

En 2016, ‘The Guardian’ descubrió que solo un 2% de los comentarios hirientes eran filtrados por su equipo de editores

Así, aunque objetivamente inofensivos, pueden utilizarse de herramienta para servir al bullying. Lo usan, como es costumbre, los abusones contra el que se percibe débil. Puede ser un diputado que acaba de perder gran parte de su crédito político o una minoría social. Con los efectos que eso conlleva: por ejemplo, la periodista María López ha estudiado cómo numerosas mujeres en puestos de relevancia han decidido poner el famoso ‘candado’ a su redes, incluso a las de carácter profesional, restringiendo el acceso público a sus contenidos por estar hartas de recibir insultos de índole sexual, independientemente de sus ideas –no solo las mujeres percibidas como ‘de izquierdas’ reciben insultos machistas–, su especialidad o su posición.

En Twitter, la red actualmente más proclive a albergar ataques personale, existen cuentas como la popular @Nolesdescasito o el Proyecto Hateblocker (@hateblockers_es), financiado por el Gobierno de Aragón, que aportan recomendaciones para atajar los discursos de odio. El segundo, de hecho, también proporciona información y talleres dirigidos directamente a alumnos de Educación Secundaria.

Y es que nadie se libra de tener actitudes tóxicas. En 2016, el prestigioso diario británico The Guardian realizó un estudio sobre los comentarios en sus noticias para descubrir (con sorpresa) que de los cinco analistas de opinión que recibían más insultos, cuatro eran mujeres y el único hombre era de raza negra. El periódico inglés también hacía autocrítica: apenas un 2% de los comentarios hirientes eran filtrados por su equipo de editores, dejando que muchos insultos, dirigidos a todos los objetivos posibles, acabasen publicados.

En países como Chile ya se han llevado a cabo múltiples intentos para regular este tipo de imágenes

El abogado argentino Sebastián Gamén ha dedicado varios artículos a estudiar la legislación de los memes en diferentes países (aunque centrándose en Latinoamerica) recopilando casos como el de la joven brasileña que se convirtió en el meme diva da Oakley -por una foto a Facebook bromeando con las gafas de su tío, que le quedaban grandes, y se convirtió a las pocas semanas en un meme conocido en todo Brasil. La joven tenía 15 años en 2012, cuando subió la foto, y 10 años después afirma haberse sobrepuesto a todo lo que le supuso ver su imagen asociada a las burlas del viral. 

Así, la conclusión de Gamén es que los memes per se no pueden ni deben ser perseguibles por el derecho, pero sí estar sujetos a las mismas normas legales que rigen cualquier otra comunicación pública defendiendo los derechos al honor, la dignidad o la propia imagen. De hecho, recuerda que apenas países como Rusia, China o Indonesia los memes están prohibidos y que, en otros como Chile, ha habido múltiples intentos de regularlos, pero terminaron fracasando.

Volviendo a ese gen egoísta del que hablaba Dawkins: a pesar de lo mal que se entienda desde la ficción, la evolución, tal y como la concibió Charles Darwin, no consiste en la supervivencia del más fuerte, sino del que tiene las característica que mejor le permiten adaptarse a las necesidades del momento. Por tanto, un gen que permanece dormitando inútil durante generaciones puede revelarse extraordinariamente valioso cuando las condiciones cambian. 

Quizás el misterio del meme resida también en la misma selección natural y el uso que hacemos de él. Durante el confinamiento de 2020, al principio de la pandemia, volvió a la viralidad la famosa anécdota de Margaret Mead y el primer signo de civilización: un fémur curado. Para la antropóloga, la evolución de animales a humanos empezó cuando alguien se rompió una pierna y, quienes caminaban a su lado, en lugar de abandonarlo o comérselo, se quedaron a cuidarlo y ayudarlo a volver a caminarl. Y eso también es un meme.

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