Sociedad

Del «trienio indignado» al «trienio vaciado»

Tres años después de la llamada Revuelta de la España vaciada, ¿seguirán los hábitos de vida tendiendo al desequilibrio urbano contra lo rural?

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31
Mar
2022
revuelta de la españa vaciada
Casas abandonadas en Perlora, Asturias.

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Hoy se cumplen tres años desde aquella enorme manifestación que tuvo lugar en Madrid: la Revuelta de la España vaciada. Esta se convirtió entonces en un movimiento social prioritario, ocupando cada vez más protagonismo en la agenda política, en el espacio mediático y en las reivindicaciones de la sociedad civil. Sus reclamos parecían constituirse, precisamente, a partir de los puntos ciegos del resto de movimientos sociales surgidos durante los últimos años.

El 15-M y los tres años posteriores –es decir, hasta la aparición de Podemos– es lo que algunos han llamado el «trienio indignado»: una época marcada por la crítica y la revisión del mundo en el que habíamos estado viviendo. Durante estos años era frecuente escuchar a la gente expresar un renovado deseo de ir a vivir al campo; años más tarde, sin embargo, prácticamente nadie se ha ido. Todo lo contrario: mucha gente ha dejado sus pueblos o ciudades pequeñas para irse a grandes urbes.

Desde aquel 2011 de indignación ya han pasado casi 11 años y desde entonces, Castilla y León, la comunidad autónoma que más población ha perdido de toda España, ha visto como su número de habitantes se reducía en un 7% (o, lo que es lo mismo, 175.000 personas). Otras zonas de la España vaciada también vieron cómo perdían población año tras año. Es el caso de Teruel, que perdió el 7,3% de sus habitantes; Jaén, cuya población se redujo un 5,2%; o Asturias, que fue abandonada por el 6% de sus ciudadanos. Mientras tanto, otras zonas han podido tomar la dirección contraria: Madrid ha atraído desde entonces a 362.400 personas (lo que supone un incremento del 5,7%) y Barcelona a 215.700 (un 3,9% más). Todo esto según los datos de empadronamiento; los datos, en realidad, son peores, ya que mucha gente tarda años en empadronarse definitivamente en la ciudad a la que emigra.

La utopía neorrural

El llamado «neorruralismo» es un fenómeno migratorio en el que el sujeto decide dejar la ciudad y establecerse en el medio rural sin contar con ninguna relación previa con el mismo. Durante los años del trienio indignado hubo una gran tendencia a proponer este viaje a lo rural como solución definitiva a los problemas que la crisis del sistema les había causado. Muchos proclamaban entonces su posible marcha al campo incluso sin conocer este término. Ese sueño bucólico, sin embargo, nunca se llegó a ver materializado: convertirse en neorrural era una vocación que prácticamente nadie llegó a ejercer.

Castilla y León es la comunidad autónoma que más población ha perdido de toda España desde 2011, con una reducción de un 7%

Este fenómeno tiene tradicionalmente tres motivaciones: la ecologista, la economicista y aquella de refugio; las tres encajaban a la perfección en los pilares del 15-M. En plena crisis, lo que más motivaba a asomarse a la puerta del neorruralismo era la razón de refugio: marchar al campo en busca de cobijo entraba dentro de un imaginario esperanzador donde poder resguardarse de los precios abusivos, del consumismo y de las interminables jornadas laborales. No obstante, la realidad del campo difería de esta romantización. Cuando uno visita un pueblo se da cuenta de que no es un utópico jardín del Edén donde cae el maná del cielo y los frutos brotan solos: el campo es duro y exige un gran trabajo. Pensar que ir a un monte significa que te regalen la vivienda y la comida sin apenas esfuerzo es –y era– uno de los relatos más naíf que se pueden escuchar. A pesar de todo, la idealización tenía sus razones: ¿cómo no buscar resguardo cuando vives una crisis del sistema en el que los alquileres son abusivos, donde encontrar un trabajo estable y bien pagado es una quimera y donde, además, es imposible no respirar el mismo aire contaminado que lentamente está destruyendo el planeta?

La Revuelta de la España vaciada

Si bien los pueblos tienen muchas ventajas frente a las ciudades –como el aire limpio, la tranquilidad o los precios–, estos también cuentan con una variedad de problemas que producen una vida menos amable de la imaginada. Ejemplo de ello son la falta de servicios públicos, la dificultad de acceso a la vivienda, las deficiencias en las infraestructuras o la escasa conexión a un internet de alta velocidad.

Otro aspecto a tener en cuenta es la dimensión colectiva: el ser humano es un ser social y, por lo general, tiende a buscar núcleos donde socializar, especialmente, en las etapas más jóvenes. Nuestra juventud, además, se ha prolongado en el tiempo. Es por ello que mucha gente no llevó a efecto sus intenciones rurales. Las reivindicaciones que ahora se hacen para la España rural y despoblada eran inexistentes en el 15-M: el campo fue el gran punto ciego del movimiento. Su idealización hizo que estuviera totalmente olvidado en las demandas del 15-M. ¿Cómo se iba a pensar en proteger lo que se consideraba un paraíso terrenal frente al infierno urbano neoliberal?

El 15-M, por tanto, tomó las plazas de las ciudades, pero no las de los pueblos. Quizás este fuera uno de los motivos por los que los partidos que surgieron del movimiento no llegaron a contar con gran éxito en el entorno rural. Estas tierras, que fueron envidiadas en un primer momento, terminaron por sentirse –aún más, en algunos casos– olvidadas. Posiblemente, por eso años después terminó creándose otro movimiento social que colocase en el centro del escenario los problemas de todos estos territorios

Ahora, cuando se cumplen tres años de aquella Revuelta de la España vaciada de la que surgieron los reclamos de que «ser pocos no resta derechos», se nos plantean varias incógnitas. ¿Servirán los fondos europeos para el reequilibrio territorial? ¿Los hábitos de vida seguirán tendiendo a lo urbano y cualquier esfuerzo será en vano? Y al igual que la aparición de Podemos supuso el fin del trienio indignado, ¿supondrá la entrada de la España vaciada en la política la institucionalización del movimiento y el fin del trienio vaciado?

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